La mayor deficiencia de nuestros sistemas operativos no reside en el software, sino en la ausencia de buenos manuales libres para nuestros sistemas. La documentación es una parte esencial de cualquier paquete de software; un paquete importante de software libre sin un buen manual libre que lo acompañe constituye un lastre considerable. Tenemos muchos ejemplos de ello en la actualidad.
La documentación libre, al igual que el software, es una cuestión de libertad, no de precio. Los criterios para el manual libre son bastante parecidos a los del software libre: hay que darles a los usuarios ciertas libertades. Debe autorizarse la redistribución —incluida la venta comercial— en papel y on line, de modo que el manual pueda acompañar a todas las copias del programa.
Autorizar su modificación resulta igualmente crucial. Por regla general, no creo que la gente deba tener el derecho de modificar toda clase de artículos y libros. Por ejemplo, no creo que ni tú ni yo estemos obligados a autorizar la modificación de artículos como este, que describe nuestros actos y opiniones.
Pero existe una razón específica de que la libertad para modificar sea un elemento crucial para la documentación relativa al software libre. Cuando los individuos ejercen su derecho a modificar el software, y añadir o cambiar sus funciones, si son lo bastante concienzudos cambiarán asimismo el manual —y así proporcionarán una documentación concisa y útil junto con el programa modificado. Un manual que no permita a los programadores trabajar concienzudamente y terminar su labor no satisfará las necesidades de la comunidad.
Algunos límites a la incorporación de estas modificaciones no plantean problema alguno, como es el caso de los requisitos establecidos para preservar la advertencia sobre copyright del autor original, los términos de distribución o la lista de autores. O aquellos que exigen que las versiones modificadas incluyan la fecha de la modificación, o que incluso prohíben la supresión o alteración de secciones enteras, siempre que éstas no traten sobre temas técnicos. Este tipo de restricciones no plantean un problema porque no impiden al programador concienzudo adaptar el manual para que se ajuste al programa modificado. Dicho de otro modo, no impiden que la comunidad de software libre disfrute plenamente del uso del manual.
Sin embargo, debemos ser capaces de modificar el contenido «técnico» del manual y luego distribuir el resultado en los medios y canales habituales; de lo contrario, las restricciones obstruirán a la comunidad, el manual dejará de ser libre y necesitaremos elaborar uno nuevo.
¿Contarán los desarrolladores de software libre con la conciencia y la determinación para producir una amplia gama de manuales libres? Una vez más, nuestro futuro depende de nuestra filosofía.