Posiblemente estéis familiarizados con mi trabajo sobre el software libre. Esta charla no trata sobre ese trabajo. Esta charla trata sobre una forma de abuso legal para hacer del desarrollo informático una actividad peligrosa. Esto es, más o menos, lo que pasa cuando una ley de patentes se aplica al campo del software.
No trata del hecho de patentar el software. Esta es una forma muy mala, una forma muy engañosa de describir la cuestión, porque el problema no está en patentar programas individuales. Si así fuera, no habría ninguna diferencia, sería algo básicamente inocuo. En vez de eso, esta charla trata sobre el hecho de patentar ideas. Toda patente protege alguna idea. Las patentes de software son patentes que protegen ideas que tienen que ver con el software, ideas que podrían usarse para desarrollar software. Eso es lo que las convierte en peligrosos obstáculos para cualquier desarrollo de software.
Quizá hayáis oído a la gente utilizar un término engañoso, «propiedad intelectual». Este término, como veréis, está sesgado: asume que, digas lo que digas, la forma de considerar el software está en relación a algún tipo de propiedad, cuando esta forma en realidad es una entre muchas otras alternativas. Este término, «propiedad intelectual», prejuzga la cuestión más básica en cualquiera de las áreas que consideréis. No contribuye a despejar y abrir la mente.
Existe un problema adicional con el término, que no tiene nada que ver con el desarrollo de la opinión que tenga cada uno; y es que impide la comprensión de los hechos. El término «propiedad intelectual» vale para todo, mezcla aspectos completamente dispares de la ley, como puedan ser el copyright y las patentes que son completamente distintos. Cada detalle es singular. También mezcla la cuestión de las marcas, que todavía genera más diferencia y otras cosas que se encuentran con menos frecuencia. Ninguna de ellas tiene nada en común con cualquiera de las otras. Históricamente sus orígenes están completamente separados; las leyes se diseñaron de forma independiente; cubrían diferentes actividades y aspectos de la vida. Las medidas políticas que crearon están completamente desconectadas, de modo que si intentáis pensar en ellas confundiéndolas, tendréis la garantía de llegar a conclusiones disparatadas. Literalmente no podéis tener una opinión sensata ni inteligente sobre la «propiedad intelectual». Por lo tanto, si queréis pensar con claridad, no mezcléis estas cuestiones. Pensad sobre el copyright y luego pensad sobre las patentes. Aprended acerca de la legislación de copyright y de forma separada aprended acerca de la legislación de patentes.
Por citar algunas de las diferencias más grandes entre el copyright y las patentes:
- El copyright regula las condiciones de expresión de una obra, no protege ninguna idea. Las patentes sólo protegen las ideas y el uso de las ideas.
- El copyright se aplica automáticamente. Las patentes son publicadas por una oficina de patentes como respuesta a una solicitud.
- Las patentes cuestan mucho dinero. Cuestan más por lo que se paga a los abogados para que realicen la solicitud, que por lo que realmente cuesta su aplicación. Normalmente la solicitud tarda algunos años en ser estudiada, aún cuando las oficinas de patentes realizan un trabajo de estudio extremadamente precario.
- El copyright dura durante un tiempo extremadamente largo. En algunos casos puede durar hasta 150 años. Las patentes duran 20 años, lo cual es suficiente como para que sobrevivas a su caducidad, pero todavía es bastante tiempo con respecto a la escala de un campo como el software. Pensemos en relación a hace 20 años, cuando el PC era algo novedoso. Imaginad que estuviéramos limitados a desarrollar software utilizando únicamente las ideas conocidas en 1982.
- El copyright sólo protege la copia. Si escribes una novela que resulta ser igual palabra por palabra a «Lo que el viento se llevó» y puedes probar que nunca has visto «Lo que el viento se llevó», bastaría como defensa contra cualquier acusación de haber infringido el copyright.
- La patente es un monopolio absoluto sobre el uso de una idea. Incluso si pudieras probar que la idea es tuya, sería completamente irrelevante si la idea ha sido patentada por otro.
Espero que os olvidéis del copyright en lo que queda de exposición, porque esta exposición trata sobre patentes y nunca se deben mezclar las patentes y el copyright, si se quiere comprender claramente estos dos asuntos.
Imaginad que pasaría si al estudiar química práctica —o cocina— confundierais el agua con el etanol.
Cuando escuchas a la gente describir el sistema de patentes, normalmente lo hacen desde el punto de vista de alguien que espera conseguir una patente —cómo sería para ti conseguir una patente, como sería andar por la calle con una patente en tu bolsillo, para poder sacarla cada dos por tres, mostrársela a alguien y decir «¡dame tu pasta!».
Hay un motivo para este prejuicio: la mayoría de la gente que habla del sistema de patentes ha apostado por él, y por lo tanto quiere seduciros. Hay otro motivo: el sistema de patentes se parece mucho a la lotería, sólo una fracción muy pequeña de las patentes reporta realmente algún beneficio a aquellos que las poseen. De hecho, The Economist comparó una vez este sistema con una «lotería que consume tiempo». Si has visto anuncios de lotería, siempre te incitan a pensar que vas a ganar. No te incitan a pensar que vas a perder, aunque perder es mucho más probable. Con la propaganda del sistema de patentes pasa lo mismo: siempre te incitan a pensar que vas a ganar.
Para compensar este prejuicio, voy a describir el sistema de patentes desde el punto de vista de sus víctimas —esto es, desde el punto de vista de alguien que quiere desarrollar software pero está obligado a un forcejeo con un sistema de patentes informáticas que puede llevarle a ser demandado.
Por lo tanto, ¿qué es lo primero que puedes hacer después de haber tenido una idea sobre el tipo de programa que quieres escribir?
Para tratar con el sistema de patentes, lo primero que podrías intentar es descubrir qué patentes pueden cubrir el programa que quieres escribir. Esto es, sin embargo, imposible.
La razón se encuentra en que algunas de las solicitudes de patentes en trámite son secretas. Pasado cierto tiempo, 18 meses, podrán publicarse. Sin embargo, 18 meses son tiempo de suficiente para que escribas el programa, e incluso para lanzarlo sin saber que existe una patente y que vas a ser demandado.
No es un asunto simplemente académico. En 1984 se escribió el programa Compress, un programa para la compresión de datos. En esa fecha, no había una patente para el algoritmo LZW de compresión que usaba. Más tarde, en 1985, los EE.UU. publicaron una patente sobre este algoritmo y durante los años siguientes los que distribuían el programa Compress empezaron a recibir amenazas.
No había forma de que el autor de Compress se hubiera dado cuenta de que podía ser demandado. Todo lo que hizo fue usar una idea que encontró en una revista, como siempre habían hecho los programadores. No se había dado cuenta de que ya no se podían usar de forma segura las ideas que encontrabas en una revista.
Olvidemos ese problema. Las patentes en curso son publicadas por la oficina de patentes, de modo que puedes encontrar la lista completa y ver qué dictan exactamente.
Por supuesto, en realidad no podrías leer toda la lista, ya que hay demasiadas patentes. En EE.UU. hay cientos de miles de patentes de software. No hay forma de que puedas seguirles la pista de todo lo que contienen. Tendrías que intentar la búsqueda de las más importantes.
Algunos dicen que eso debería ser fácil en la moderna era del ordenador. Podrías buscar a partir de palabras clave, pero eso sólo funciona hasta cierto punto. Encontrarás algunas patentes en una determinada. Pero probablemente no encontrarás todas.
Por ejemplo, existe una patente de software —que quizá ya haya expirado— sobre el cálculo en orden natural para hojas de cálculo. Básicamente, esto quiere decir que cuando produces una celda dependiente de otra celda, todo se vuelve a calcular en función de aquello de lo que depende, de modo que después de una operación de cálculo todo queda actualizado. Las primeras hojas de cálculo hacían sus operaciones de arriba a abajo, luego si hacías que una celda dependiera de otra que estaba abajo, y repetías este paso, tenías que recalcular todo varias veces para que los nuevos valores se extendieran hacia arriba. (Tenías que disponer de elementos para que dependieran de las celdas superiores.)
Entonces alguien cayó en la cuenta, ¿por qué no realizo las operaciones de cálculo de modo que cada elemento se calcule en función del elemento del que depende? Este algoritmo se llama clasificación topológica. La primera referencia que encontré es de 1963. La patente cubría varias docenas de maneras de implementar la clasificación topológica.
Sin embargo, no conseguirías encontrar esta patente con la búsqueda «hojas de cálculo». No la conseguirías encontrar con la búsqueda «orden natural» ni con la búsqueda «modelo topológico». No incluía ninguno de esos términos. De hecho, estaba descrita como un método para «recopilar fórmulas en código máquina». Cuando la vi por primera vez, pensé que era una patente equivocada.
Supongamos que tienes una lista de patentes y quieres ver qué es lo que no se te permite. Cuando intentas estudiar estas patentes, descubres que son muy difíciles de entender, dado que están escritas en un retorcido lenguaje legal cuyo significado es muy difícil de comprender. Lo que dicen las oficinas de patentes a menudo no significa lo que parece que dicen.
En un estudio del gobierno australiano sobre el sistema de patentes en la década de 1980, se concluía que, aparte de la presión internacional, no había motivos para tener un sistema de patentes —ya que no producía nada bueno para el público— y recomendaba su abolición a pesar de la presión internacional. Una de las cosas que citaban era que los ingenieros no intentan leer las patentes para aprender, porque resulta muy difícil entenderlas. Citaban a un ingeniero que decía: «No puedo reconocer mis propios inventos en las patentes».
No se trata de un asunto meramente teórico. Hacia 1990, un programador llamado Paul Heckel demandó a Apple, alegando que Hypercard infringía dos de sus patentes. Cuando vio Hypercard por primera vez, no pensó que tuviera nada que ver con sus patentes, con sus «invenciones». No se parecía. Cuando su abogado le dijo que se podía interpretar que las patentes se aplicaban a una parte de Hypercard, decidió atacar a Apple. Cuando di una charla sobre esto en Stanford, él estaba entre el público. Dijo, «eso no es verdad, ¡simplemente yo no entendía el alcance de mi protección!». Yo contesté, «sí, eso es lo que yo estaba diciendo».
Así que, en realidad, tendrías que dedicar mucho tiempo a hablar con abogados para hacerte una idea de lo que estas patentes te prohíben hacer. Al final dirán algo como esto: «Si haces algo aquí, seguro que pierdes; si haces algo aquí —Stallman gesticula, señalando una amplia área— hay una posibilidad considerable de que pierdas, y si de verdad quieres estar a salvo, quédate fuera de esta área —vuelve a gesticular, señalando una área todavía más amplia—. Y, por cierto, hay una considerable posibilidad de que como resultado se de curso a una demanda».
Ahora que hemos definido un escenario previsible para hacer negocios, ¿qué vas a hacer? Bien, hay tres posibilidades que podrías probar, cualquiera de las cuales es aplicable en algunos casos.
- Evitar la patente
- Obtener la licencia de la patente
- Revocar la patente en un juicio
Permitidme que describa estas tres posibilidades y qué las hace viables o inviables.