He argumentado cómo la propiedad de un programa —el poder de restringir las modificaciones o las copias— es obstructiva. Sus efectos negativos son extensos e importantes. Se sigue pues que en la sociedad no deberían existir propietarios de programas.
Otra manera de comprender esto es reconocer que lo que la sociedad necesita es software libre y el software propietario es un pobre sustituto. Promover el sustituto no es una manera lógica de conseguir lo que necesitamos.
Vaclav Havel nos aconsejó: «Trabajad por algo porque es bueno, no simplemente porque tiene probabilidades de éxito». Un negocio que produce software propietario tiene probabilidades de éxito en sus propios y estrechos términos, pero no es lo que beneficia a la sociedad.