Suponga que tanto usted como su vecino consideraran útil la ejecución de un cierto programa. En un pacto ético con su vecino, seguramente entenderíais que una solución apropiada de la situación posibilitaría que los dos usasen el programa. Una propuesta que permitiese usar el programa solo a uno, restringiendo al otro, es discriminatoria; a ninguno de los dos, usted o su vecino, les debería de parecer aceptable.
Firmar una licencia típica de software implica traicionar a tu vecino: «Prometo privar a mi vecino de este programa para que yo pueda tener una sola copia para mí.» Las personas que toman estas decisiones sienten una presión psicológica interna que les empuja a justificarlas degradando la importancia de ayudar al prójimo —de tal forma que el espíritu público sale perjudicado. Se trata de un daño psico-social asociado con el daño material provocado por la desincentivación de usar el programa.
Muchos usuarios admiten inconscientemente que resulta erróneo negarse a compartir, así que deciden ignorar las licencias y las leyes, y comparten el programa de todas formas. Pero a menudo se sienten culpables haciéndolo. Saben que deben infringir las leyes para poder ser buenos vecinos, pero siguen considerando que las leyes tienen autoridad y concluyen que ser un buen vecino —dado que lo son— es algo malo o de lo que sentirse avergonzados. Se trata, también, de un tipo de daño psico-social, pero se puede escapar de ello decidiendo que las licencias y las leyes no tienen fuerza moral alguna.
Los programadores también sufren ese daño psico-social al saber que a muchos usuarios se les impedirá aprovechar su trabajo. Esto conduce a una actitud de cinismo o de autoengaño. Un programador puede describir de manera entusiasta un trabajo que considera técnicamente interesante, y cuando se le pregunta: «¿Se me dejará usar el programa?», se vuelve cabizbajo y admite que la respuesta es no. Para evitar desalentarse, o bien la mayor parte del tiempo ignora este hecho, o adopta una cínica postura diseñada para menoscabar su importancia.
Desde la era Reagan,5 la principal fuente escasez de los Estados Unidos no es la de las innovaciones técnicas sino más bien la del deseo de trabajar juntos por el bien público. No tiene sentido alentar lo primero a expensas de esto último.