La filosofía del software libre rechaza una práctica empresarial concreta y muy generalizada, pero no rechaza el negocio en general. Cuando una empresa respeta la libertad de los usuarios, le deseamos mucho éxito.
La venta de copias de Emacs ilustra una clase de empresa relacionada con el software libre. Cuando la FSF se hizo con el negocio, me vi obligado a buscarme nuevamente la vida. Así fue como empecé a vender servicios relacionados con el software libre que acababa de desarrollar. Esto incluía la enseñanza de cuestiones como la programación de GNU Emacs, la modificación del GCC a la medida del usuario o el desarrollo de software, normalmente para instalar el GCC en nuevas plataformas.
Hoy por hoy, una serie de corporaciones se dedican a este tipo de servicios relacionados con el software libre. Algunas distribuyen colecciones de software libre en CD-Rom; otras proporcionan servicio técnico a distintos niveles, contestando a las preguntas de los usuarios, subsanando bugs o añadiendo nuevas funciones. Incluso, estamos empezando a ver empresas dedicadas al lanzamiento de nuevos productos de software libre.
Pero debemos andarnos con cuidado —una serie de empresas asociadas con el término «código abierto» basan su mercado en el software no libre que funciona con software libre. No son empresas de software libre, su software es propietario, y con sus productos pretenden tentar a los usuarios y despojarles de su libertad. Se las conoce como empresas de «valor añadido», lo que refleja los valores que querrían que adoptásemos: la comodidad antes que la libertad. Si valoramos la libertad, deberíamos hablar de productos de «libertad sustraída».