Pero ¿qué cosa tendría sentido hacer? Si creemos en el objetivo del copyright declarado, por ejemplo, en la Constitución de los EEUU, que es el objetivo de promover el progreso, ¿qué
normas sería inteligente usar en la era de las redes informáticas? Claramente, en vez de incrementar los poderes del copyright, tenemos que disminuirlos tanto como para darle al público cierto espacio de libertad donde pueda hacer uso de los beneficios de la tecnología digital, hacer uso de sus redes informáticas. Pero ¿hasta dónde podemos llegar con eso? Es una pregunta interesante porque no creo que debamos abolir totalmente el copyright. La idea de intercambiar algunas libertades a cambio de más progreso todavía podría ser ventajosa a cierto nivel, aun cuando el copyright tradicional restringe demasiada libertad. Pero para pensar acerca de esto de forma inteligente, lo primero que debemos reconocer es que no hay razón para hacerlo de modo totalmente uniforme. No hay razón para insistir en conceder el mismo trato en todo tipo de trabajos.
De hecho, no es ese el caso actualmente porque hay un montón de excepciones para la música. La música es tratada de formas muy diferentes bajo la legislación de copyright. Pero la insistencia arbitraria en la uniformidad es usada astutamente por los editores. Eligen algún caso especial peculiar y argumentan que, en ese caso especial, sería ventajoso tener ciertas prerrogativas de copyright. Y luego dicen que en aras de la uniformidad, tiene que haber estas prerrogativas para todo. Entonces, por supuesto, eligen el caso especial en donde puedan hacer la argumentación más fuerte, aun cuando sea un caso especial poco frecuente y no muy importante después de todo.
Pero quizás deberíamos tener esas prerrogativas para ese caso especial en concreto. No tenemos que pagar el mismo precio para todo lo que compramos. Mil dólares por un coche nuevo puede ser un muy buen trato. Cien dólares por una botella de leche es un trato horrible. No pagarías el precio especial por cualquier cosa que compres en otros ámbitos de la vida. ¿Por qué hacerlo aquí?
Así que necesitamos observar las diferentes clases de obras, quisiera proponer una manera de hacerlo.
La primera clase son las obras funcionales —es decir, las que se usan para hacer un trabajo.
Esto incluye recetas, programas informáticos, manuales y libros de texto, obras de consulta como diccionarios y enciclopedias. Para todas estas obras funcionales creo que los problemas son básicamente los mismos que para el software y se pueden aplicar las mismas conclusiones. La gente debería tener la libertad aún de publicar una versión modificada porque es muy útil modificar trabajos funcionales. Las necesidades de la gente no son las mismas para todos. Si yo escribiera tal obra para hacer el trabajo que pienso que es necesario, tu idea sobre el trabajo que es necesario puede ser algo diferente. Entonces querrás modificar esta obra para que haga aquello que es bueno para ti. En ese punto, puede haber otra gente que tenga las mismas necesidades que tú y tu versión modificada puede ser buena para ellos. Todos los que saben cocinar saben esto y lo han sabido durante cientos de años. Es normal hacer copias de recetas y dárselas a otra gente y también es normal cambiar una receta. Si cambias la receta y cocinas para tus amigos y a ellos les gusta lo que están comiendo, podrán decirte «¿me puedes pasar la receta?». Entonces a lo mejor les apuntas tu versión y les das una copia. Esto es exactamente lo mismo que, mucho después, nosotros hemos empezado a hacer en la comunidad del software libre. Este es un tipo de obra.
El segundo tipo son las obras cuyo propósito es decir lo que cierta gente piensa. Su propósito es la opinión de cierta gente. Esto incluye, por ejemplo, memorias, artículos de opinión, publicaciones científicas, ofertas de compra y venta, catálogos de artículos para vender. La idea de estos trabajos es decirte qué es lo que alguien piensa, o qué vio, o qué cree. Modificarlos sería tergiversar a los autores; así que modificar estos trabajos no es una actividad socialmente útil. De este modo, la copia textual es lo único que realmente necesita la gente que le esté permitido hacer.
La siguiente pregunta es: ¿debería la gente tener derecho a hacer copias textuales con fines comerciales? ¿O es suficiente con las no comerciales? Veréis, son dos actividades diferentes que podemos distinguir, así que podemos tener en cuenta las preguntas por separado: el derecho a hacer copias textuales no comerciales y el derecho a hacer copias textuales comerciales. Bien, podría ser una buena política de compromiso tener un copyright que proteja la copia textual comercial pero permitir a todos el derecho a la copia textual no comercial. De esta manera, el copyright sobre la copia textual comercial, así como sobre todas las versiones modificadas —sólo el autor podría aprobar una versión modificada— seguiría proporcionando el mismo flujo de ganancias que provee ahora para costear la escritura de estos trabajos, en cualquier grado que sea.
Permitir la copia textual no comercial significa que el copyright ya no tendrá que entrometerse en el hogar de cada uno. Se convierte de nuevo en una regulación industrial, fácil de hacer cumplir e inofensiva. Ya no requerirá castigos draconianos ni informantes en pos de su cumplimiento. De este modo, obtendremos la mayor parte del actual beneficio —y evitaremos la mayor parte del horror del actual sistema.
La tercera categoría son las obras estéticas o de entretenimiento, donde lo más importante es la sensación de apreciar la obra. Para estas obras, la cuestión de la modificación es muy complicada porque, por un lado, está la idea de que estos trabajos reflejan la visión de un artista y cambiarlos es distorsionar esa visión. Por otro lado, tenemos el hecho de que se da un proceso popular, donde una sucesión de personas modificando una obra puede, a veces, producir un resultado que es extremadamente rico. Aún cuando existan artistas produciendo obras, tomar prestado de obras anteriores es a menudo muy útil. Algunas de las piezas teatrales de Shakespeare usaron historias tomadas de otras. Si las leyes de copyright de hoy en día hubieran tenido efecto entonces, esas obras teatrales hubieran sido ilegales. Así que es una cuestión difícil la de qué deberíamos hacer acerca de publicar versiones modificadas de una obra estética o artística, y podríamos tener que buscar más subdivisiones de la categoría para resolver este problema. Por ejemplo, puede ser que el entorno de los juegos de ordenador deba ser tratado de una manera; quizás todo el mundo debería ser libre de publicar versiones modificadas. Pero quizás una novela debería ser tratada de manera diferente; quizás, para ello, la publicación comercial requiera un acuerdo con el autor original.
Ahora bien, si la publicación comercial de estos trabajos estéticos se protegiera con el copyright, eso ocasionaría que buena parte del flujo de ganancias, que existe hoy en día, se dedicara a apoyar a los autores y músicos, y esto en el limitado grado en que el actual sistema los apoya, ya que lo hace muy mal. De este modo, este sería un compromiso razonable, justamente como en el caso de las obras que representan el punto de vista de una determinada persona.
Si miramos hacia adelante, al tiempo en el que la era de las redes de ordenadores haya comenzado plenamente, una vez que hayamos superado esta etapa de transición, podemos imaginar otra manera por la que los autores consigan dinero por su trabajo. Imaginemos que tenemos un sistema de dinero digital que te permite obtener dinero por tu trabajo. Imaginemos que tenemos un sistema de dinero digital que te permite enviar dinero a alguien a través de Internet. Esto puede hacerse de varias maneras; usando cifrado, por ejemplo. E imaginemos que la copia textual de estos trabajos estéticos está permitida. Sin embargo están escritos de tal manera que cuando estás escuchando, o leyendo, o mirando uno de ellos, aparece una caja, a un lado en tu pantalla, que dice «haga click aquí para enviarle un dólar al autor», o al músico, o lo que sea. Y simplemente permanece ahí. No se interpone en tu camino. Está al lado. No interfiere contigo, pero está ahí, recordándote que es algo bueno apoyar a los escritores y a los músicos.
Así que si te gusta el trabajo que estás leyendo o escuchando, eventualmente dirás: «¿Por qué no he de darle a esta gente un dólar? Es sólo un dólar. ¿Qué es eso? Ni siquiera lo notaré». Y las personas empezarán a enviar un dólar. Lo bueno de esto es que hace de la copia el aliado de los autores y de los músicos. Cuando alguien le envía por correo electrónico a un amigo una copia, ese amigo podría enviar un dólar también. Si realmente te gusta, podrías enviar un dólar más de una vez y ese dólar es más de lo que obtienen hoy si compras un libro o compras un CD, ya que obtienen una minúscula fracción de la venta. Los mismos editores que están exigiendo pleno poder sobre el público en nombre de los autores y músicos, están aprovechándose todo el tiempo de esos mismos autores y esos mismos músicos.
Os recomiendo leer el artículo de Courtney Love en la revista
Salon, un artículo sobre los piratas que planean usar el trabajo de los músicos sin pagarles. Estos piratas son las compañías discográficas que les pagan un promedio del 4% de las ventas. Por supuesto, los músicos de mayor éxito reciben una porción mayor. Obtienen más del 4% de sus grandes ventas, lo que significa que la gran mayoría de los músicos que tienen un contrato discográfico obtienen menos del 4% de sus pequeñas ventas.
Éste es el modo en que funciona: la compañía discográfica gasta dinero en publicidad y considera este gasto como un adelanto a los músicos, aunque los músicos nunca lleguen a verlo. De este modo, nominalmente, cuando compras un CD, cierta fracción de ese dinero va a los músicos, pero realmente no es así. En realidad, está destinado a pagar los gastos publicitarios y solamente si los músicos son de gran éxito podrán ver algo de ese dinero.
Los músicos, por supuesto, firman sus contratos discográficos porque tienen la esperanza de ser uno de esos pocos que se hacen ricos. Así que, esencialmente, es una lotería que se ofrece a los músicos para tentarlos. Aun cuando sean buenos músicos, pueden no ser buenos para razonar de forma lógica y cuidadosa y de esta forma poder ver esta trampa. De este modo, firman y probablemente todo lo que obtienen es publicidad. Bueno, ¿por qué no les damos publicidad de una manera diferente? No a través de un sistema basado en la restricción del público, un sistema de los complejos industriales que nos entristece con una música malísima que es fácil de vender. En cambio, ¿por qué no hacer del impulso natural del oyente a compartir la música que le gusta el aliado de los músicos? Si tenemos esta caja que aparece en el reproductor como un modo de enviar un dólar a los músicos, las redes informáticas podrían ser el mecanismo para dar a los músicos esta publicidad, la misma publicidad que es todo lo que ahora obtienen de los contratos discográficos.
Debemos reconocer que el sistema de copyright existente hace un pésimo trabajo de apoyo a los músicos. Tan malo como el que hace el comercio mundial al intentar elevar el nivel de vida en Filipinas y en China. Esas zonas industriales donde todo el mundo trabaja en
sweatshops y todos los productos se hacen
sweatshops. La globalización es una manera muy ineficiente de elevar el nivel de vida de los pueblos de ultramar. Pongamos por caso, a un norteamericano se le paga veinte dólares la hora para hacer algo y le das ese trabajo a un mexicano a quien se le paga quizás seis dólares por día. Lo que ocurre aquí es que tomas una gran cantidad de dinero de un trabajador norteamericano, le das una fracción minúscula, un pequeño porcentaje, a un trabajador mexicano, y el resto se lo devuelves a la compañía. De modo que si tu meta es elevar el nivel de vida de los trabajadores mexicanos, esta es una pésima manera de hacerlo.
Es interesante ver cómo el mismo fenómeno se da en la industria del copyright, la misma idea general. En nombre de estos trabajadores, quienes ciertamente merecen algo, proponen medidas que les dan una diminuta porción y en realidad aumentan el poder de las compañías para controlar nuestras vidas.
Si estás tratando de reemplazar un sistema muy bueno, tienes que hacer un esfuerzo muy grande para encontrar una alternativa mejor. Si sabes que el actual sistema es deplorable, no es tan difícil encontrar una alternativa mejor; el patrón de comparación es hoy muy bajo. Debemos recordarlo siempre esto cuando consideramos cuestiones relativas a la política del copyright.
Creo que dije la mayor parte de lo que quiero decir. Quisiera mencionar que mañana es el
phone-in sick day6∞ en Canadá. Mañana se da inicio a una cumbre para terminar de negociar el Área de Libre Comercio de las Américas, con el fin de extender el poder de las corporaciones a un mayor número de países; se está planeando una gran protesta en Quebec. Hemos visto métodos extremos para aplastar esta protesta. Se está impidiendo a muchos estadounidenses la entrada a Canadá a través de la frontera que, se supone, debería permitirles entrar en cualquier momento. Bajo las excusas más endebles han construido un muro alrededor del centro de Quebec para usarlo como fortaleza a fin mantener a los manifestantes fuera. Hemos visto gran cantidad de trucos sucios usados contra la manifestación pública en contra de estos tratados. De este modo, cualquier brizna de democracia que nos quede después de que se le haya retirado a nuestros gobernantes democráticamente electos el poder de gobernar y después de que se le haya dado a las compañías y a los organismos internacionales no electos, lo que sea que quede después de eso, puede que no sobreviva a la supresión de la protesta pública contra esa tendencia.
He dedicado diecisiete años de mi vida a trabajar en el software libre y en asuntos relacionados con él. No lo he hecho porque piense que es la cuestión política más importante del mundo. Lo hice porque era el área en donde vi que tendría que usar mejor mis destrezas para hacer el mayor bien. Pero lo que ha ocurrido es que las cuestiones políticas en general han evolucionado y la cuestión política más importante del mundo, hoy, es resistir la tendencia a dar poder a las compañías en detrimento del público y de los gobiernos. Veo el software libre y los asuntos relacionados a la información como parte de esa cuestión de primer orden. Así que me he encontrado indirectamente trabajando en este problema. Espero contribuir en algo a ese esfuerzo.