Teología / Homilética - APENDICE C
13 - APENDICE C
Curso gratis creado por Bernardo Campos .
13 Abril 2008
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LA COMUNICACION DEL EVANGELIO EN AMERICA LATINA
(Por Eugene Nida)
Un análisis de lo que es y lo que comprende la comunicación en la América Latina, nos muestra la diferencia que tiene con su vecino del Norte. En Norteamérica, por ejemplo, nunca un ingeniero escribiría un poema para celebrar la terminación de una nueva supercarretera, sin embargo, esto ha sucedido en México. ¿Dónde podrían hallarse en Norteamérica tantas librerías que exhiban en sus aparadores tan considerable número de libros de poesía ó de filosofía como en América Latina,. ¿Es de extrañarse por tanto, que la obra misionera protestante en la América Latina, influenciada como está por el pensamiento y la acción norteamericanos, haya fracasado en mucho al tratar de comunicar el evangelio a la mente latinoamericana? Por lo general los misioneros están saturados del "activismo" norteamericano en el que las ideas sólo adquieren valor por los resultados que producen y por la rapidez con que lo hacen. Gran parte de la literatura evangélica impresa en la América Latina es material traducido y adaptado, escrito originalmente en inglés con la orientación del punto de vista anglosajón.
Por fortuna existe ya un buen número de personas, tanto misioneros como latinoamericanos, preocupados en forma creciente por lograr la comunicación del evangelio en la forma más completa y efectiva posible; por tanto están dispuestos a reexaminar las técnicas tradicionales. Pero no basta con eso, porque la comunicación no depende sólo del método, sino del contenido; y si además de estudiar los problemas se buscan soluciones específicas, es necesario analizar primero algunos de los temas fundamentales de la vida latinoamericana, para descubrir la relación que puedan tener con la presentación del mensaje del evangelio. Más adelante se podrán considerar en forma inteligente algunos problemas secundarios de metodología que abarquen las formas y los métodos.
Temas fundamentales de la vida latinoamericana
Conscientes de la imposibilidad de considerar plenamente los temas fundamentales de la vida latinoamericana en el espacio limitado de un artículo como éste, trataremos de tocar en forma somera algunos elementos del pensamiento y la conducta latinoamericanos que tienen relación particular con la comunicación del evangelio, puesto que se relacionan íntimamente con la vida y expresión religiosas del pueblo. Es claro que no todas las personas ni todos los grupos de la América Latina presentan los mismos temas con igual intensidad, puesto que hay diferentes y profundos puntos de vista y de sentimientos entre una cultura casi "europea" como la de quienes viven en Montevideo, Uruguay, y los habitantes de la ciudad de México; estos últimos no podrían olvidar, aun queriendo, la cultura autóctona tan entretejida en la trama de la vida diaria. Los pensamientos y la vida de quienes habitan los barrios paupérrimos de Lima, contrastan drásticamente con el nivel de los ricos, dueños de elegantes residencias en Miraflores, a corta distancia de allí. La misma América Latina de habla hispana es una unidad con muchas diferencias, diferencias que fuera de esa unidad se aumentan considerablemente; por ejemplo al comparar Brasil con Colombia, Jamaica con Haití con la Guayana Francesa, etc. Para la finalidad del presente artículo nos circunscribimos primordialmente a los temas dominantes en el sector latinoamericano de habla hispana, aunque en medio de esa limitación recordamos de continuo que la importancia de un tema en relación con otro varía de grupo a grupo de acuerdo con las gentes en cuestión.
1.- Idealismo profundo. Es imposible hallar en otra parte del mundo el idealismo tan profundo que hay en la América Latina, donde existen leyes muy avanzadas de justicia social y se descubre en forma increíble una devoción intensa para cualquier causa que trate de aliviar el sufrimiento humano o de enderezar los males del pasado. Los millares de hombre y mujeres que han muerto en "revoluciones sin esperanza" son un tributo al idealismo imperecedero que se mantiene en el pensamiento latinoamericano, principalmente entre los estudiantes, cuya devoción a las grandes ideas y a los ideales se refleja en la intensa preocupación política que sienten. Este aspecto del idealismo es tan importante, que a menudo los latinoamericanos están dispuestos a perdonar a quien deja de hacer algo cuando la meta que se persigue es suficientemente idealista. Por ejemplo, en el norte de México se investigó el proceder del administrador de una escuela en cuanto a su negligencia para el trabajo, y el mal uso de ciertos fondos; sin embargo, fue defendido vigorosamente por muchos, basados en "los propósitos gloriosos" del mismo administrador.
En cambio, siempre al lado del idealista Don Quijote está el hombre realista y práctico, Sancho Panza, que también habita en estos pueblos latinos. Cuando Don Quijote gana una revolución, Sancho Panza recoge los beneficios para sí mismo y para su familia. Ese acaparador hedonista, que vive en el alma de muchos idealistas latinoamericanos, explica el hecho de que muchas personas altruistas sean a la vez realistas, impacientes por adquirir lo que les toca, y llegan al punto de traicionar sus ideales del futuro por causa de los placeres del presente.
Por otro lado no hay que subestimar el lugar que en la vida latinoamericana tiene Don Quijote, cuyo idealismo, a veces anticuado e irreal, sirve de norma para hacer juicios y por tanto influir mucho en el concepto de algunos católicos-romanos que estiman a quienes se convierten al protestantismo como mercenarios de los "gringos", habiéndose hecho evangélicos a cambio de facilidades educativas, trabajos mejores y un mejor nivel social, todo lo cual es realmente fruto de una forma nueva de ver y estimar el trabajo y la integridad moral.
2.- Pesimismo melancólico. Parece muy extraño que los latinoamericanos, quienes se cree que son apasionados devotos de los goces de la vida, tiene también un dejo profundo del pesimismo melancólico. Por siglos han sido presa del sufrimiento, del dolor y de la tragedia, mezclados con esperanzas revolucionarias que a menudo se despedazan contra las rocas de los intereses egoístas de sus mismos caudillos. De la victoria constante de Sancho Panza en la vida real, no
es extraño que el idealismo se mezcle con un pesimismo melancólico en el que la desesperación y la seguridad de la muerte producen un tono menor dentro de la sinfonía de la vida. Esa relación emotiva con la muerte, siempre se halla presente, no sólo en los detalles de la vida diaria, lo mismo del pueblo que de los barrios bajos de la ciudad y hasta en las escenas macabras que describen los diarios, y en el símbolo constante del "Cristo muerto" que es el tema central de la Iglesia Católico-Romana. El símbolo verdadero del Cristo como demostración de "la victoria de la vida sobre la muerte" ha sido desfigurado y modificado, pues el simbolismo de la vida se ha relacionado con la virgen radiante, y el de la victoria se relaciona con una Iglesia poderosa, que deja al Cristo como el prototipo de la muerte. En las corridas de toros, por ejemplo, el elemento dominante es el de la muerte, y en México puede apreciarse en toda su fuerza; precisamente es allí la región de la América Latina donde el enfoque de la religión indígena era la muerte.
No es extraño por tanto, que llegara tanto a los latinoamericanos el existencialismo, especialmente en la forma en la que se ha desarrollado en Francia. Para ellos la desilusión del positivismo francés y del "enciclopedismo" los condujo a la unilateralidad trágica.
En parte, ese pesimismo fundamental acerca de la vida es producto directo de la teología católico-romana, porque ¿cómo puede haber esperanza si la materia es esencialmente pecaminosa, y, el hombre se halla corrompido simplemente por tener un cuerpo material? Y como casi no hay hombre que se incline a huir de lo carnal mediante el celibato o el escape monástico, no es posible la victoria moral, y por tanto se vivirá siempre bajo la sombra creciente de la desesperación.
3.- El personalismo. Sólo en la América Latina se puede encontrar tan intensa devoción a la amistad, y en lealtad personal tan poderosa. Esta sensibilidad humana en las relaciones personales hace la vida latinoamericana rica, valiosa, romántica y alegre. De esto mismo resulta, que los latinoamericanos reaccionen instintivamente contra la mecanización y la normalización o tipificación. El personalismo se expresa en mil y una formas; en el reconocimiento de los lazos familiares, en la dependencia obrero-patronal, y en la lealtad del pueblo a los caudillos políticos. Sin embargo, ese mismo sentido de personalismo choca con otros "ideales" porque la justicia nunca es ciega en la América Latina como parece serlo en la tradición anglo-sajona. De hecho siempre nos enfrentamos con el proverbio de que "la ley es sólo para los desconocidos"; su rigor para los enemigos y sus beneficios sólo para los amigos.
El personalismo también se expresa en la lealtad emotiva de los héroes nacionales y a los santos del barrio; porque todos contribuyen a formar el mundo ideal, no subjetiva sino objetivamente.
4.- Autoritarismo. Para la mayoría de los latinoamericanos, "el error no tiene derechos"; ésta es una de las enseñanzas y prácticas de la Iglesia Católica-Romana. Muchos latinoamericanos están dispuestos a morir por la verdad en la
forma en que ellos la conciben, pero no por la verdad como otros la ven. Ese autoritarismo no se estima desligado del idealismo latino, porque la exaltación intensa de la causa personal lleva inevitablemente a una intolerancia extrema de cualquier oposición, de derecha o de izquierda. De hecho la idea de "una oposición leal" se considera imposible en la teoría e irrealizable en la práctica.
5.- "Trabajo" sin valor. Casi todos los norteamericanos califican al latinoamericano como indolente; en el fondo no lo es. La verdad es que los latinoamericanos aceptan el trabajo como un medio para gozar del descanso; es decir, para el ocio. Para ellos el trabajo en sí mismo no es una bendición; en especial, el esfuerzo manual es un castigo, y debe evitarse en lo posible, ya que estorba para el logro del escalafón social. Lo opuesto es el punto de vista protestante. Lo tradicional en Norteamérica es que el trabajo es una auténtica virtud. Muchos de ellos, por ejemplo, no organizan su tiempo de ocio para el placer, sino para descansar la mente en fin de trabajar después con mayor intensidad. Las vacaciones según ellos no son el reconocimiento por el trabajo realizado, sino un medio para mejorar su eficacia productiva. Ese punto de vista para el latinoamericano es como una mitificación; él trabaja para poder descansar, y lo hace hasta donde le alcanza su dinero. No ve la necesidad de cultivar un solar mayor del que satisface lo indispensable, porque hacerlo significaría más trabajo y mayores preocupaciones. Su teoría y práctica del trabajo no producen grandes ganancias, pero tampoco crea úlceras. Ha de tomarse en cuenta este punto de vista tan diferente, cuando se presente lo que se llama "ética protestante".
6.- Sentido artístico. Comparando al latinoamericano con el norteamericano se verá que el primero ha desarrollado mucho su sentido artístico, lo mismo en la poesía que en la música, en el drama que en la danza. Casi todo lo latinoamericano culto y educado puede escribir algún poema, o por lo menos es capaz de redactar con mucho pulimento cualquier escrito. Para el hombre de negocios común y corriente en Norteamérica eso parece incomprensible; tal forma de escribir se dejaría más bien para gentes poco cuerdas o que estén al margen de la sociedad.
En Latinoamérica, se aprecian las flores, la arquitectura moderna (no hay en los EE.UU. de Norteamérica algo comparable a lo que se ve en México y en Brasil), las pinturas (hasta el punto de que en los hogares más humildes siempre hay algo de colorido) son parte importante de la vida diaria. Son elementos de alto valor dentro de la experiencia religiosa; especialmente en la Iglesia Católico-Romana donde el drama de la misa, la gama de colores en los altares y el vestuario, fascinan la vista y sobrecogen el alma.
La oratoria constituye un instrumento elaborado de arte en la América Latina, que a menudo produce lo que en Inglés se llama "un estilo brillante"; pero al sur del Río Bravo, la retórica florida del orador latinoamericano es un medio más efectivo de comunicación, al compararlo con la forma simple de palabras sin sabor que
caracteriza algunos de los sermones de los misioneros.
7.- El sentido de honor. Cuando un latinoamericano hace hincapié en la dignidad
de la persona, realmente está insistiendo en la "dignidad de mi persona" porque si no hace énfasis en sus propios derechos, pierde su estado legal. El concepto del honor personal se halla íntimamente ligado con el patrón de la venganza que parece ser típico y provenir de la Península Ibérica desde tiempos anteriores a Roma, en la Edad de la Caballería, cuando los hombres preferían cualquier revancha por un insulto personal, o vengarse por algún daño moral.
Implicaciones que resultan de los temas fundamentales para la comunicación del evangelio.
Cuando además de la teología del mensaje cristiano, se considera la forma en que Cristo deber ser comunicado, aumenta en importancia la implicación de los temas fundamentales para la presentación del evangelio en la América Latina. La presentación del evangelio que pretenda ceñirse a estos factores dinámicos de la vida latinoamericana tiene que ser una forma de acercamiento integral y completo; no únicamente un esfuerzo descompuesto en lemas para capitalizar los intereses humanos.
Al examinar con cuidado el mensaje del evangelio a la luz de estos temas fundamentales se ve que hay muchos puntos en los que la proclamación de "las Buenas Nuevas" responde en forma dramática al problema que ofrece el modo de vida en la América Latina. En respuesta al "intenso idealismo" que tienen los latinoamericanos contra las injusticias, se pueden proclamar los efectos revolucionarios de la predicación de Jesucristo. Por desgracia ha habido entre los misioneros, la tendencia de pasar por alto cuanto se relaciona con la revolución social, económica y política, y en cambio han insistido en que el evangelio significa solamente una "revolución personal". De hecho, para los latinoamericanos las misiones evangélicas han estado completamente vinculadas a los conceptos del capitalismo norteamericano, ignorando que el capitalismo en la América Latina es una institución de tipo completamente diferente al de los Estados Unidos de Norteamérica.
Obviamente la tarea de la iglesia no es proclamar un "evangelio social"; porque eso no es el evangelio. En cambio, si las Buenas Nuevas no tienen transcendencias sociales que lleguen más allá de lo que comúnmente han admitido los hombres, la presentación resulta inadecuada para los latinoamericanos. La levadura del evangelio debe tener significado no sólo para la comunidad protestante, sino a través de ella, para toda la sociedad.
Para quienes viven con un sentido de "melancolía pesimista" el evangelio tiene dos respuestas: la primera, es el significado de la vida que llega por el conocimiento de Dios revelado en Jesucristo. Es significado de la existencia en los propósitos activos de Dios, sentido de la historia que significa a la vez sentido de responsabilidad moral. Más aún, produce confianza en el triunfo final del propósito de Dios puesto que esa es su meta. En segundo lugar, el pesimismo que brota del sufrimiento halla respuesta favorable en el reconocimiento de que Cristo fue un ser humano con sufrimiento, con aflicciones; ser con plena comprensión de los problemas puesto que experimentó una
convivencia plena. Con mucha frecuencia los misioneros norteamericanos presentan a Cristo como una "gloriosa historia", quitándole el realismo del mensaje bíblico y el
profundo sentido de la tragedia que le dan proporción y significado a la cruz.
El "personalismo" en la vida de la América Latina puede compararse en mucho al mensaje mismo de la Biblia que es intensamente personal. Sus verdades están relacionadas con gentes, y no con ideas o con movimientos. La Biblia es esencialmente una vasta serie de encuentros personales de hombres con Dios. La fe bíblica no es solamente lealtad a un dogma, sino entrega a una persona; al Dios revelado en Jesucristo. Las Iglesias Protestantes no se han escapado de imitar a menudo a la Iglesia Católico-Romana, definiendo la fe por las doctrinas, y proclamando la vida por preceptos.
Para las personas que sostienen un punto de vista estrictamente "autoritario", podemos indicar que el mensaje evangélico contiene valores absolutos pero que se relacionan con dios, no con instituciones humanas. Dios es el único plenamente autoritario, aunque el misterio divino estriba en que siendo El el único conocedor de lo recto el que tiene poder para hacer lo justo sin embargo, no pretende obligar al hombre. Por tanto, si un Dios sin pecado puede amar a los pecadores, y amó a sus enemigos hasta el punto de mostrarles su amor, el hombre debe estar dispuesto a mostrar también una tolerancia vicaria hacia los demás.
Para presentar en forma efectiva el evangelio en la América Latina, hay que enfrentarse también a la teología del trabajo. Para el protestante, no tiene sentido la glorificación del trabajo por el trabajo mismo, o como a veces resulta ser, sólo un medio para alcanzar justicia propia. Por otro lado, el trabajo no es una maldición, no es un castigo, o penitencia, sino experiencia creadora por medio de la cual puede ser santificada la vida, para la gloria de Dios. Esa cualidad creadora no ha de ser tergiversada por simple activismo, tan característico del protestantismo norteamericano, y que significa tan poco en la América Latina.
En materia de expresión artística podría experimentar un desarrollo radical el culto protestante. No se quiere decir que con vestimentas atractivas y con rituales coloridos se aumenta significado el mensaje evangélico para la América Latina. Sin embargo, en las Iglesias Evangélicas hay áreas de expresión artística en donde se anotan fallas considerables. En primer lugar, debería haber ya una himnodia genuina
de la América Latina. Es algo que no puede imponerse desde fuera. ni tampoco equivale a la traducción de los grandes himnos de otras iglesias. Tiene que ser un desarrollo autóctono, en el que se combinen las fórmulas musicales latinoamericanas, con significado y métrica líricos, que expresen un sentido nuevo de la adoración. En
algunas de las iglesias completamente "auténticas" en la América Latina (por "auténticas" queremos decir las que han surgido sin paternalismo misionero en contraste con las "iglesias hijas" que fueron establecidas por esfuerzos misionero y que en la actualidad se hallan en varios períodos de emancipación), ya existe en desarrollo una himnodia pero que necesita ayuda y estímulo. En segundo lugar, los sencillos salones de reunión de las Iglesias Protestantes deberían ser transformados en lugares atractivos para la adoración. En algunas de las iglesias auténticas ya se han hecho cambios mediante el empleo de adornos sugestivos; en otros, por medio
de adornos colgantes y arreglos florales. Lo cierto es que las iglesias latinoamericanas utilizan colores más intensos y que reflejan simbólicamente el brillo de su fe, en contrastes con los "severos blancos" que simbolizan la frialdad de algunas iglesias protestantes de Norteamérica.
Algunas personas piensan, que el "honor personal" en cualquier forma es antitético del evangelio; sin embargo, hay un sentido en que se justifica la lucha por el honor individual como expresión misma de la naturaleza humana. El pecado se opone al verdadero honor del ser humano, y es el pecado el que destruye la dignidad del hombre ante Dios. Tal vez hay en esto un punto de vista más adecuado al presentar la naturaleza verdadera del pecado, que los puntos tradicionalistas al mismo respecto. El pecado pesa poco en los hombros de los latinoamericanos porque se identifica al "pecado" con "pecadillos", es decir "faltas", estimadas como inherentes al hombre. Pero en las Escrituras se describe el pecado como aquello que amenaza la verdadera dignidad y el honor del hombre, una afrenta a la naturaleza que es don divino, un enemigo que debe ser acorralado y destruido.
La comunicación del evangelio vista a la luz de esas formas de abordar los temas fundamentales de la vida latinoamericana, requiere una valoración drástica del tradicionalismo con el que hemos venido entendiendo el ministerio de la comunicación.
Formas y medios de la comunicación
No es suficiente abordar con propiedad los temas de la vida latinoamericana; debe entenderse algo de las formas y los medios de comunicación, porque aun sabiendo lo que "hay que decir" podemos fallas si no apreciamos debidamente la forma que debe llenar el mensaje, y los medios para difundirlo más efectivamente. Al analizar las formas y los medios de comunicación a emplearse en la América Latina, hay que examinar los que se han hallado hasta ahora como más adecuados y efectivos y precisar si son adaptables para el evangelio.
Hay muchas formas de comunicación, por ejemplo: ensayos, escritos, noticieros, reportajes, novelas, lemas, cuadros, etc. Ya se ha demostrado que los más efectivos para la América Latina, y con especialidad en el área de la comunicación religiosa son: (1) el drama, (2) algunas formas visuales de arte, y (3) la poesía y el canto.
Entiéndase por drama no solo la presentación formal en escena, es decir en teatros; más importantes quizás es la representación dramática con motivo de las fiestas religiosas en las calles, que se cuentan por centenares y que son tan famosas en muchos pueblos y provincias de la América Latina. A decir verdad que si se eliminasen repentinamente los sacerdotes católico-romanos en América Latina, la gentes del pueblo se encargaría por décadas de la vida religiosa del pueblo a través de esos dramas pueblerinos. En la Iglesia Católica-Romana, la misa es un drama y es muy impresionante porque en ella se sacrifica a Dios por los pecados de los hombres y se dice que ellos participan en Su substancia.
La segunda forma importante de comunicación es a través de los medios visuales de
arte. Por siglos la religión católica-romana ha enseñado sus grandes verdades por
medio de cuadros acerca de los santos, de estatuas, imágenes y grabados. En algunos lugares donde la gente era bastante ignorante se hacía pintado en lienzo, en las paredes, o en el techo de edificios importantes gran número de escenas bíblicas. En otras partes fueron talladas en piedra. En vista de este difundido "plasmar" de ideas no es de sorprenderse que los gobiernos que quieren comunicar algo a las masas utilicen profusamente los murales. México ha tenido algunos de los mejores muralistas de todos los tiempos, como Diego Rivera, Orozco, y Siqueiros para mencionar sólo tres de los más destacados.
El tercer medio importante de comunicación es la poesía y el canto, o sean dos aspectos de la misma tendencia lírica. En el catolicismo romano se ha dado mucha atención a la poesía religiosa, y sus coros han sido instrumentos valiosos de comunicación en los actos de adoración. Pero aparte del uso estrictamente religioso de la poesía y del canto, es impresionante el lugar que la música tiene en la América Latina, no sólo en la radio, sino en sus formas de expresión popular en los pueblos, villas y caseríos donde el canto es una forma de expresión personal y de comunicación, lo que no es tan manifiesto en Norteamérica.
Los medio de comunicación probablemente son más numerosos que las formas; puede haber comunicación en muchas formas mediante el uso de infinidad de medios. Por ejemplo: los periódicos, diarios, revistas, la radio, la televisión, el teatro, el cinematógrafo, los discursos (o la predicación), y la conversación. Todos esos medios son útiles, pero si tratáramos de determinar cuál de éstos es más utilizado, y si buscáramos, potencialmente hablando, cuál es más significativo para el extendimiento del evangelio, la única conclusión sería, que sobre todos ellos los más efectivos son la conversación personal y la predicación.
En primer lugar, a los latinoamericanos les gusta mucho hablar, discutir, conversar y argumentar. Puede verse en las cantinas, los parques, cafés y restaurantes a los hombres hablando continuamente. A las mujeres se les verá platicando en los mercados, en los lavaderos públicos, o en los patios de las vecindades. Los temas de conversación son muy variados: para los hombres, la política, los acontecimientos personales y la filosofía (aunque no siempre se les reconozca como tales), en tanto que para las mujeres, los quehaceres de la casa, los acontecimientos locales, y las frustraciones personales son los temas más frecuentemente usados. Para nuestro interés, lo importa de qué hablen los latinoamericanos; lo importante es que les gusta mucho conversar. Más aún, gran número de ellos se enorgullecen de su habilidad para conversar y para argumentar.
Además, del orgullo de hablar mucho y de su interés en conversar, los latinoamericanos gustan y aprecian la mejor clase de oratoria, la que cautiva al auditorio y arrastra los sentimientos de las masas. De entre ellos, quienes tienen habilidad para identificarse con sus oyentes, posee una fuerza increíble de comunicación y de influencia. No cabe duda que un buen orador no sólo combina el sentido artístico del lenguaje con la pasión de la expresión personal, y lo hace con tanta eficacia que se gana devotamente el auditorio, y es capaz hasta de lograr que se lance a las calles en manifestaciones o que se vuelque contra alguna institución
oficial.
Al hacer hincapié en la conversación y en el discurso no quiere decir que perdamos de vista otros medios; sólo quiere decir que para la América Latina los otros medios son de carácter secundario. Los periódicos no son muchos, y no alcanzan a las masas. Las revistas a excepción de las que traen historias policíacas y de misterio,
o cuentos animados, aún están menos al alcance de las gentes. La radiodifusión tiene importancia en las ciudades grandes, pero aún se duda de la influencia que puedan tener en la estructuración de opiniones. Hay que reconocer que para los evangélicos, sí llenan una necesidad de comunicación que no se tendría de otro modo, pero si se sigue dando mayor atención al equipo que a la programación como en la actualidad, la radio seguirá siendo un instrumento muy débil. Como para la televisión. el potencial es valioso, pero los resultados obtenidos hasta ahora son demasiados limitados; el nivel económico y el clima político en la América Latina impiden en mucho el desarrollo más rápido y el uso de la televisión.
Aplicación específica de las formas y los medios de comunicación al evangelio
Más que tratar de juzgar el valor relativo de algunas formas y medios de comunicación en la América Latina es mejor para nosotros discutir los modos en que esas formas y medios pueden ser empleados efectivamente en la comunicación de evangelio dentro del contexto evangélico.
El uso y la aplicación del drama en su forma más amplia no tiene límite y aún no han sido debidamente explorados. La participación principal del auditorio en un acto de adoración puede hacerse en forma más dramática principalmente en la oración, el canto y el ofertorio. Actualmente en las iglesias protestantes, la mayor parte del auditorio son simples espectadores, y aparte del canto congregacional raras veces se convierten en participantes activos. Sin embargo, en muchas de las congregaciones autóctonas, la gente tiene una parte bastante activa en el culto. (habrá quienes digan que es demasiado activa), pero la verdad es que el efecto de esa participación dramática produce una comunicación que llega al corazón. El Servicio de la Santa Cena en las Iglesias Evangélicas puede transformarse de modo que sea para la participación del grupo total y no sólo la administración de una recompensa que el predicador otorga a los fieles.
El drama puede extenderse mucho más. El uso de buenas películas debidamente preparadas y presentadas en la iglesia dará muy buenos resultados. Los programas de radio deben utilizar mejor el drama y no abusar de los sermones y discursos o conferencias, ya que la ausencia visual del orador los hace aún menos efectivos en Latinoamérica que en Norteamérica. Las clases de la Escuela Dominical deben dramatizar con más frecuencia sus lecciones a fin de lograr un mejor desenvolvimiento de los individuos que producirá una verdadera identificación. En las iglesias debe estimularse a la juventud para que hagan representaciones que puedan conocerse por todo el público, géneros que se puedan representar tanto en las iglesias como en las salas públicas, como se hace actualmente en Francia con mucho éxito durante los meses de vacaciones, con equipos de jóvenes miembros de un conjunto de actores cristianos.
Todavía puede intensificarse el uso de formas visuales de arte en las iglesias evangélicas. En arquitectura, por ejemplo, pueden hacerse construcciones adecuadas que "encajen" antes que tratar de copiar lo que se hace en los Estados Unidos del Norte. Los interiores pueden pintarse con colores vivos escribiendo en forma atractiva textos bíblicos y lemas en las paredes. Pueden usarse mejor los símbolos; que representen algo profundo y efectivo, como por ejemplo el velo partido (del templo) (que es recordatorio del sacerdocio de los laicos), un pez (símbolo de la minoría perseguida con un sentido de unidad en Jesucristo), un ancla, el yugo, el pan y el vino, el alfa y el omega. Los símbolos pueden ser pintados en las paredes, o tallados en las bancas, bordados en las cubiertas de los púlpitos o en cortinajes. Su uso no quiere decir una imitación de la iglesia católico-romana, por que si ella no los tuviera, de todos modos los tendrían los protestantes, no como banderas o signos
de autoridad, sino como medios de comunicación .
En cuanto se refiere a la poesía y al canto evangélico hay varias cosas que podrían hacerse. Primero, debe estimularse a los evangélicos con dotes para escribir poesía a fin de que escriban, produzcan y se difundan extensamente sus obras en las publicaciones evangélicas circulantes. Deberían publicarse colecciones de las mejores poesías evangélicas aunque tengan que hacerse altas erogaciones a fin de que la comunicación del mensaje se logre por esos medios en lugar de publicar tantas series de sermones traducidos cuyo valor es relativo.
Para desarrollar una himnodia evangélica latinoamericana debería seleccionarse a algunos latinoamericanos, creadores y especialistas en este campo para que estudien e investiguen lo que se ha hecho en las iglesias a fin de coordinar y establecer después un programa mediante el cual se estimule a músicos y poetas para que produzcan en un nivel alto, digno de los progresos artísticos y de la sensibilidad de los latinoamericanos. Por supuesto eso no quiere decir que se evite la traducción y adaptación de himnos que representan la herencia de la Iglesia Cristiana Mundial. Pero Ya las Iglesias Evangélicas de la América Latina han sido obligadas por muchos editores de himnarios a cantar un alto porcentaje de himnos "prestados" tanto en su letra como en su música.
La Sociedad Bíblica Americana en un esfuerzo experimental para alcanzar a un público nuevo, hará imprimir el libro de Eclesiastés, cuyo tema llega a los habitantes de América Latina. La impresión se hará en forma poética, lo que realmente es, y se encuadernará como un libro de versos con bordes dorados.
Al pensar en los medios de comunicar el evangelio, no deben eliminarse algunos tipos o formas de difusión mayormente si son de carácter personal en la presentación, dramáticos en la orientación, y con contenido apropiado. Los programas de radio por ejemplo, en vez de dar tanta atención a sermones y conferencias o discursos, le den al drama y a la discusión. La discusión no debe ser de tipo prefabricado sobre moldes exactos, tal que al principiar ya se sabe donde terminará. La discusión verdadera incluye argumentos de una u otra forma en la que protagonista del evangelio gana al final, pero no a cada paso, la batalla. El cristianismo no es una historia llena de triunfos y el dar esa impresión, sería erróneo.
Hay que tomar en serio el hecho de que no importa cuántas ventajas impresionantes ofrezcan otros medios, pero que no son tan útiles para llevar el evangelio hasta las masas como lo son la conversación y la identificación del que predica. Por tanto es nuestro deber desarrollar estos medios con la mayor efectividad posible. En la actualidad la tendencia es decir a todas las congregaciones que cada miembro es un "testigo", aunque para muchos eso quiere decir que cada persona debe salir a predicar "sermoncitos" imitando a los que escuchan en la iglesia. "Cuchichear" el evangelio no quiere decir predicarlo; la conversación consiste en el hecho de que un vecino le cuente a otro lo que para él significa la nueva vida en Cristo. Por supuesto no es posible que la gente converse acerca de lo que no ha experimentado. Eso implica que primero hay que darle algo a la gente, no sólo palabras para repetir, sino experiencias que pueda contar. En segundo lugar, necesitan ayuda para poder contar eficazmente sus experiencias. Por supuesto que las técnicas del testimonio son relativamente de menor importancia frente al hecho mismo de la experiencia religiosa. La tragedia estriba en que a menudo, la iglesia emplea más tiempo y energía tratando de ayudar a la gente acerca del cómo comunicarse, olvidando que en verdad la mayor parte de las personas no tienen algo que contar porque no han llegado a tener la menor experiencia de esa vida nueva.
No cabe duda que la América Latina tiene algunos de los mejores predicadores de la cristiandad, pero para muchos existen dos tentaciones muy sutiles. Una es dar tanta atención a la belleza de la retórica, que el contenido es débil y carente de poder; y la otra es hablar para impresionar al auditorio más que para instruirlo. En vez de utilizar ilustraciones propias que brotan del corazón, existe una tendencia grande a sacar de los libros unas bastante trilladas; a menudo sin conexión cultural con la situación actual. No hay que olvidar que muchos de esos es herencia de la práctica de los misioneros, pero los poderes creadores de la predicación latinoamericana no deben sucumbir ante esos moldes culturales ya fuera de uso.
Para que la predicación sea efectiva, necesita tener tres niveles de identificación: primero, con el mensaje (porque el hombre necesita proclamar con su vida lo que dice); segundo, con su público (porque hay que hablarle a la gente donde está), y tercero, el del público con el orador. La tercera fase de identificación, sin embargo, no puede adquirirse a menos que exista un grado de transparencia espiritual y presentación personal de una vida sin engaños que es producto de la dedicación total a la causa de Cristo.
La comunicación por medio del Espíritu de Dios
El total de nuestra preocupación por la aplicación efectiva de las técnicas de comunicación de ningún modo debe hacernos desconocer el hecho fundamental de que la comunicación de la vida nueva de Dios no se efectúa por la palabra del hombre, sino por la palabra de dios. Puede el hombre ser testigo de la verdad, pero únicamente el Espíritu de Dios es el que hablando a través de las palabras de los hombres, puede comunicar la vida nueva. Más aún, nuestras técnicas nunca deben ser metas, sino sólo medios, y su efectividad no debe ser juzgada por su popularidad, sino por la medida en que el Espíritu de Dios los utiliza para llevar a los hombres a una relación vital con El mismo mediante el poder de su Hijo. Reconocerlo, nos acercará más a esa gran nube de testigos, pioneros de la fe que carecieron de tales técnicas pero que tenían en cambio un mensaje arrobador. También podremos entender mejor al estudiar los resultados excelentes dentro de los movimientos autóctonos, a los que a menudo se considera al margen de la causa cristiana, pero que en más de una vez son más dinámicos y transformadores de lo que cualquier grupo tradicional pudiera pretender. Finalmente recordad que: "No con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho Jehová".
(Por Eugene Nida)
Un análisis de lo que es y lo que comprende la comunicación en la América Latina, nos muestra la diferencia que tiene con su vecino del Norte. En Norteamérica, por ejemplo, nunca un ingeniero escribiría un poema para celebrar la terminación de una nueva supercarretera, sin embargo, esto ha sucedido en México. ¿Dónde podrían hallarse en Norteamérica tantas librerías que exhiban en sus aparadores tan considerable número de libros de poesía ó de filosofía como en América Latina,. ¿Es de extrañarse por tanto, que la obra misionera protestante en la América Latina, influenciada como está por el pensamiento y la acción norteamericanos, haya fracasado en mucho al tratar de comunicar el evangelio a la mente latinoamericana? Por lo general los misioneros están saturados del "activismo" norteamericano en el que las ideas sólo adquieren valor por los resultados que producen y por la rapidez con que lo hacen. Gran parte de la literatura evangélica impresa en la América Latina es material traducido y adaptado, escrito originalmente en inglés con la orientación del punto de vista anglosajón.
Por fortuna existe ya un buen número de personas, tanto misioneros como latinoamericanos, preocupados en forma creciente por lograr la comunicación del evangelio en la forma más completa y efectiva posible; por tanto están dispuestos a reexaminar las técnicas tradicionales. Pero no basta con eso, porque la comunicación no depende sólo del método, sino del contenido; y si además de estudiar los problemas se buscan soluciones específicas, es necesario analizar primero algunos de los temas fundamentales de la vida latinoamericana, para descubrir la relación que puedan tener con la presentación del mensaje del evangelio. Más adelante se podrán considerar en forma inteligente algunos problemas secundarios de metodología que abarquen las formas y los métodos.
Temas fundamentales de la vida latinoamericana
Conscientes de la imposibilidad de considerar plenamente los temas fundamentales de la vida latinoamericana en el espacio limitado de un artículo como éste, trataremos de tocar en forma somera algunos elementos del pensamiento y la conducta latinoamericanos que tienen relación particular con la comunicación del evangelio, puesto que se relacionan íntimamente con la vida y expresión religiosas del pueblo. Es claro que no todas las personas ni todos los grupos de la América Latina presentan los mismos temas con igual intensidad, puesto que hay diferentes y profundos puntos de vista y de sentimientos entre una cultura casi "europea" como la de quienes viven en Montevideo, Uruguay, y los habitantes de la ciudad de México; estos últimos no podrían olvidar, aun queriendo, la cultura autóctona tan entretejida en la trama de la vida diaria. Los pensamientos y la vida de quienes habitan los barrios paupérrimos de Lima, contrastan drásticamente con el nivel de los ricos, dueños de elegantes residencias en Miraflores, a corta distancia de allí. La misma América Latina de habla hispana es una unidad con muchas diferencias, diferencias que fuera de esa unidad se aumentan considerablemente; por ejemplo al comparar Brasil con Colombia, Jamaica con Haití con la Guayana Francesa, etc. Para la finalidad del presente artículo nos circunscribimos primordialmente a los temas dominantes en el sector latinoamericano de habla hispana, aunque en medio de esa limitación recordamos de continuo que la importancia de un tema en relación con otro varía de grupo a grupo de acuerdo con las gentes en cuestión.
1.- Idealismo profundo. Es imposible hallar en otra parte del mundo el idealismo tan profundo que hay en la América Latina, donde existen leyes muy avanzadas de justicia social y se descubre en forma increíble una devoción intensa para cualquier causa que trate de aliviar el sufrimiento humano o de enderezar los males del pasado. Los millares de hombre y mujeres que han muerto en "revoluciones sin esperanza" son un tributo al idealismo imperecedero que se mantiene en el pensamiento latinoamericano, principalmente entre los estudiantes, cuya devoción a las grandes ideas y a los ideales se refleja en la intensa preocupación política que sienten. Este aspecto del idealismo es tan importante, que a menudo los latinoamericanos están dispuestos a perdonar a quien deja de hacer algo cuando la meta que se persigue es suficientemente idealista. Por ejemplo, en el norte de México se investigó el proceder del administrador de una escuela en cuanto a su negligencia para el trabajo, y el mal uso de ciertos fondos; sin embargo, fue defendido vigorosamente por muchos, basados en "los propósitos gloriosos" del mismo administrador.
En cambio, siempre al lado del idealista Don Quijote está el hombre realista y práctico, Sancho Panza, que también habita en estos pueblos latinos. Cuando Don Quijote gana una revolución, Sancho Panza recoge los beneficios para sí mismo y para su familia. Ese acaparador hedonista, que vive en el alma de muchos idealistas latinoamericanos, explica el hecho de que muchas personas altruistas sean a la vez realistas, impacientes por adquirir lo que les toca, y llegan al punto de traicionar sus ideales del futuro por causa de los placeres del presente.
Por otro lado no hay que subestimar el lugar que en la vida latinoamericana tiene Don Quijote, cuyo idealismo, a veces anticuado e irreal, sirve de norma para hacer juicios y por tanto influir mucho en el concepto de algunos católicos-romanos que estiman a quienes se convierten al protestantismo como mercenarios de los "gringos", habiéndose hecho evangélicos a cambio de facilidades educativas, trabajos mejores y un mejor nivel social, todo lo cual es realmente fruto de una forma nueva de ver y estimar el trabajo y la integridad moral.
2.- Pesimismo melancólico. Parece muy extraño que los latinoamericanos, quienes se cree que son apasionados devotos de los goces de la vida, tiene también un dejo profundo del pesimismo melancólico. Por siglos han sido presa del sufrimiento, del dolor y de la tragedia, mezclados con esperanzas revolucionarias que a menudo se despedazan contra las rocas de los intereses egoístas de sus mismos caudillos. De la victoria constante de Sancho Panza en la vida real, no
es extraño que el idealismo se mezcle con un pesimismo melancólico en el que la desesperación y la seguridad de la muerte producen un tono menor dentro de la sinfonía de la vida. Esa relación emotiva con la muerte, siempre se halla presente, no sólo en los detalles de la vida diaria, lo mismo del pueblo que de los barrios bajos de la ciudad y hasta en las escenas macabras que describen los diarios, y en el símbolo constante del "Cristo muerto" que es el tema central de la Iglesia Católico-Romana. El símbolo verdadero del Cristo como demostración de "la victoria de la vida sobre la muerte" ha sido desfigurado y modificado, pues el simbolismo de la vida se ha relacionado con la virgen radiante, y el de la victoria se relaciona con una Iglesia poderosa, que deja al Cristo como el prototipo de la muerte. En las corridas de toros, por ejemplo, el elemento dominante es el de la muerte, y en México puede apreciarse en toda su fuerza; precisamente es allí la región de la América Latina donde el enfoque de la religión indígena era la muerte.
No es extraño por tanto, que llegara tanto a los latinoamericanos el existencialismo, especialmente en la forma en la que se ha desarrollado en Francia. Para ellos la desilusión del positivismo francés y del "enciclopedismo" los condujo a la unilateralidad trágica.
En parte, ese pesimismo fundamental acerca de la vida es producto directo de la teología católico-romana, porque ¿cómo puede haber esperanza si la materia es esencialmente pecaminosa, y, el hombre se halla corrompido simplemente por tener un cuerpo material? Y como casi no hay hombre que se incline a huir de lo carnal mediante el celibato o el escape monástico, no es posible la victoria moral, y por tanto se vivirá siempre bajo la sombra creciente de la desesperación.
3.- El personalismo. Sólo en la América Latina se puede encontrar tan intensa devoción a la amistad, y en lealtad personal tan poderosa. Esta sensibilidad humana en las relaciones personales hace la vida latinoamericana rica, valiosa, romántica y alegre. De esto mismo resulta, que los latinoamericanos reaccionen instintivamente contra la mecanización y la normalización o tipificación. El personalismo se expresa en mil y una formas; en el reconocimiento de los lazos familiares, en la dependencia obrero-patronal, y en la lealtad del pueblo a los caudillos políticos. Sin embargo, ese mismo sentido de personalismo choca con otros "ideales" porque la justicia nunca es ciega en la América Latina como parece serlo en la tradición anglo-sajona. De hecho siempre nos enfrentamos con el proverbio de que "la ley es sólo para los desconocidos"; su rigor para los enemigos y sus beneficios sólo para los amigos.
El personalismo también se expresa en la lealtad emotiva de los héroes nacionales y a los santos del barrio; porque todos contribuyen a formar el mundo ideal, no subjetiva sino objetivamente.
4.- Autoritarismo. Para la mayoría de los latinoamericanos, "el error no tiene derechos"; ésta es una de las enseñanzas y prácticas de la Iglesia Católica-Romana. Muchos latinoamericanos están dispuestos a morir por la verdad en la
forma en que ellos la conciben, pero no por la verdad como otros la ven. Ese autoritarismo no se estima desligado del idealismo latino, porque la exaltación intensa de la causa personal lleva inevitablemente a una intolerancia extrema de cualquier oposición, de derecha o de izquierda. De hecho la idea de "una oposición leal" se considera imposible en la teoría e irrealizable en la práctica.
5.- "Trabajo" sin valor. Casi todos los norteamericanos califican al latinoamericano como indolente; en el fondo no lo es. La verdad es que los latinoamericanos aceptan el trabajo como un medio para gozar del descanso; es decir, para el ocio. Para ellos el trabajo en sí mismo no es una bendición; en especial, el esfuerzo manual es un castigo, y debe evitarse en lo posible, ya que estorba para el logro del escalafón social. Lo opuesto es el punto de vista protestante. Lo tradicional en Norteamérica es que el trabajo es una auténtica virtud. Muchos de ellos, por ejemplo, no organizan su tiempo de ocio para el placer, sino para descansar la mente en fin de trabajar después con mayor intensidad. Las vacaciones según ellos no son el reconocimiento por el trabajo realizado, sino un medio para mejorar su eficacia productiva. Ese punto de vista para el latinoamericano es como una mitificación; él trabaja para poder descansar, y lo hace hasta donde le alcanza su dinero. No ve la necesidad de cultivar un solar mayor del que satisface lo indispensable, porque hacerlo significaría más trabajo y mayores preocupaciones. Su teoría y práctica del trabajo no producen grandes ganancias, pero tampoco crea úlceras. Ha de tomarse en cuenta este punto de vista tan diferente, cuando se presente lo que se llama "ética protestante".
6.- Sentido artístico. Comparando al latinoamericano con el norteamericano se verá que el primero ha desarrollado mucho su sentido artístico, lo mismo en la poesía que en la música, en el drama que en la danza. Casi todo lo latinoamericano culto y educado puede escribir algún poema, o por lo menos es capaz de redactar con mucho pulimento cualquier escrito. Para el hombre de negocios común y corriente en Norteamérica eso parece incomprensible; tal forma de escribir se dejaría más bien para gentes poco cuerdas o que estén al margen de la sociedad.
En Latinoamérica, se aprecian las flores, la arquitectura moderna (no hay en los EE.UU. de Norteamérica algo comparable a lo que se ve en México y en Brasil), las pinturas (hasta el punto de que en los hogares más humildes siempre hay algo de colorido) son parte importante de la vida diaria. Son elementos de alto valor dentro de la experiencia religiosa; especialmente en la Iglesia Católico-Romana donde el drama de la misa, la gama de colores en los altares y el vestuario, fascinan la vista y sobrecogen el alma.
La oratoria constituye un instrumento elaborado de arte en la América Latina, que a menudo produce lo que en Inglés se llama "un estilo brillante"; pero al sur del Río Bravo, la retórica florida del orador latinoamericano es un medio más efectivo de comunicación, al compararlo con la forma simple de palabras sin sabor que
caracteriza algunos de los sermones de los misioneros.
7.- El sentido de honor. Cuando un latinoamericano hace hincapié en la dignidad
de la persona, realmente está insistiendo en la "dignidad de mi persona" porque si no hace énfasis en sus propios derechos, pierde su estado legal. El concepto del honor personal se halla íntimamente ligado con el patrón de la venganza que parece ser típico y provenir de la Península Ibérica desde tiempos anteriores a Roma, en la Edad de la Caballería, cuando los hombres preferían cualquier revancha por un insulto personal, o vengarse por algún daño moral.
Implicaciones que resultan de los temas fundamentales para la comunicación del evangelio.
Cuando además de la teología del mensaje cristiano, se considera la forma en que Cristo deber ser comunicado, aumenta en importancia la implicación de los temas fundamentales para la presentación del evangelio en la América Latina. La presentación del evangelio que pretenda ceñirse a estos factores dinámicos de la vida latinoamericana tiene que ser una forma de acercamiento integral y completo; no únicamente un esfuerzo descompuesto en lemas para capitalizar los intereses humanos.
Al examinar con cuidado el mensaje del evangelio a la luz de estos temas fundamentales se ve que hay muchos puntos en los que la proclamación de "las Buenas Nuevas" responde en forma dramática al problema que ofrece el modo de vida en la América Latina. En respuesta al "intenso idealismo" que tienen los latinoamericanos contra las injusticias, se pueden proclamar los efectos revolucionarios de la predicación de Jesucristo. Por desgracia ha habido entre los misioneros, la tendencia de pasar por alto cuanto se relaciona con la revolución social, económica y política, y en cambio han insistido en que el evangelio significa solamente una "revolución personal". De hecho, para los latinoamericanos las misiones evangélicas han estado completamente vinculadas a los conceptos del capitalismo norteamericano, ignorando que el capitalismo en la América Latina es una institución de tipo completamente diferente al de los Estados Unidos de Norteamérica.
Obviamente la tarea de la iglesia no es proclamar un "evangelio social"; porque eso no es el evangelio. En cambio, si las Buenas Nuevas no tienen transcendencias sociales que lleguen más allá de lo que comúnmente han admitido los hombres, la presentación resulta inadecuada para los latinoamericanos. La levadura del evangelio debe tener significado no sólo para la comunidad protestante, sino a través de ella, para toda la sociedad.
Para quienes viven con un sentido de "melancolía pesimista" el evangelio tiene dos respuestas: la primera, es el significado de la vida que llega por el conocimiento de Dios revelado en Jesucristo. Es significado de la existencia en los propósitos activos de Dios, sentido de la historia que significa a la vez sentido de responsabilidad moral. Más aún, produce confianza en el triunfo final del propósito de Dios puesto que esa es su meta. En segundo lugar, el pesimismo que brota del sufrimiento halla respuesta favorable en el reconocimiento de que Cristo fue un ser humano con sufrimiento, con aflicciones; ser con plena comprensión de los problemas puesto que experimentó una
convivencia plena. Con mucha frecuencia los misioneros norteamericanos presentan a Cristo como una "gloriosa historia", quitándole el realismo del mensaje bíblico y el
profundo sentido de la tragedia que le dan proporción y significado a la cruz.
El "personalismo" en la vida de la América Latina puede compararse en mucho al mensaje mismo de la Biblia que es intensamente personal. Sus verdades están relacionadas con gentes, y no con ideas o con movimientos. La Biblia es esencialmente una vasta serie de encuentros personales de hombres con Dios. La fe bíblica no es solamente lealtad a un dogma, sino entrega a una persona; al Dios revelado en Jesucristo. Las Iglesias Protestantes no se han escapado de imitar a menudo a la Iglesia Católico-Romana, definiendo la fe por las doctrinas, y proclamando la vida por preceptos.
Para las personas que sostienen un punto de vista estrictamente "autoritario", podemos indicar que el mensaje evangélico contiene valores absolutos pero que se relacionan con dios, no con instituciones humanas. Dios es el único plenamente autoritario, aunque el misterio divino estriba en que siendo El el único conocedor de lo recto el que tiene poder para hacer lo justo sin embargo, no pretende obligar al hombre. Por tanto, si un Dios sin pecado puede amar a los pecadores, y amó a sus enemigos hasta el punto de mostrarles su amor, el hombre debe estar dispuesto a mostrar también una tolerancia vicaria hacia los demás.
Para presentar en forma efectiva el evangelio en la América Latina, hay que enfrentarse también a la teología del trabajo. Para el protestante, no tiene sentido la glorificación del trabajo por el trabajo mismo, o como a veces resulta ser, sólo un medio para alcanzar justicia propia. Por otro lado, el trabajo no es una maldición, no es un castigo, o penitencia, sino experiencia creadora por medio de la cual puede ser santificada la vida, para la gloria de Dios. Esa cualidad creadora no ha de ser tergiversada por simple activismo, tan característico del protestantismo norteamericano, y que significa tan poco en la América Latina.
En materia de expresión artística podría experimentar un desarrollo radical el culto protestante. No se quiere decir que con vestimentas atractivas y con rituales coloridos se aumenta significado el mensaje evangélico para la América Latina. Sin embargo, en las Iglesias Evangélicas hay áreas de expresión artística en donde se anotan fallas considerables. En primer lugar, debería haber ya una himnodia genuina
de la América Latina. Es algo que no puede imponerse desde fuera. ni tampoco equivale a la traducción de los grandes himnos de otras iglesias. Tiene que ser un desarrollo autóctono, en el que se combinen las fórmulas musicales latinoamericanas, con significado y métrica líricos, que expresen un sentido nuevo de la adoración. En
algunas de las iglesias completamente "auténticas" en la América Latina (por "auténticas" queremos decir las que han surgido sin paternalismo misionero en contraste con las "iglesias hijas" que fueron establecidas por esfuerzos misionero y que en la actualidad se hallan en varios períodos de emancipación), ya existe en desarrollo una himnodia pero que necesita ayuda y estímulo. En segundo lugar, los sencillos salones de reunión de las Iglesias Protestantes deberían ser transformados en lugares atractivos para la adoración. En algunas de las iglesias auténticas ya se han hecho cambios mediante el empleo de adornos sugestivos; en otros, por medio
de adornos colgantes y arreglos florales. Lo cierto es que las iglesias latinoamericanas utilizan colores más intensos y que reflejan simbólicamente el brillo de su fe, en contrastes con los "severos blancos" que simbolizan la frialdad de algunas iglesias protestantes de Norteamérica.
Algunas personas piensan, que el "honor personal" en cualquier forma es antitético del evangelio; sin embargo, hay un sentido en que se justifica la lucha por el honor individual como expresión misma de la naturaleza humana. El pecado se opone al verdadero honor del ser humano, y es el pecado el que destruye la dignidad del hombre ante Dios. Tal vez hay en esto un punto de vista más adecuado al presentar la naturaleza verdadera del pecado, que los puntos tradicionalistas al mismo respecto. El pecado pesa poco en los hombros de los latinoamericanos porque se identifica al "pecado" con "pecadillos", es decir "faltas", estimadas como inherentes al hombre. Pero en las Escrituras se describe el pecado como aquello que amenaza la verdadera dignidad y el honor del hombre, una afrenta a la naturaleza que es don divino, un enemigo que debe ser acorralado y destruido.
La comunicación del evangelio vista a la luz de esas formas de abordar los temas fundamentales de la vida latinoamericana, requiere una valoración drástica del tradicionalismo con el que hemos venido entendiendo el ministerio de la comunicación.
Formas y medios de la comunicación
No es suficiente abordar con propiedad los temas de la vida latinoamericana; debe entenderse algo de las formas y los medios de comunicación, porque aun sabiendo lo que "hay que decir" podemos fallas si no apreciamos debidamente la forma que debe llenar el mensaje, y los medios para difundirlo más efectivamente. Al analizar las formas y los medios de comunicación a emplearse en la América Latina, hay que examinar los que se han hallado hasta ahora como más adecuados y efectivos y precisar si son adaptables para el evangelio.
Hay muchas formas de comunicación, por ejemplo: ensayos, escritos, noticieros, reportajes, novelas, lemas, cuadros, etc. Ya se ha demostrado que los más efectivos para la América Latina, y con especialidad en el área de la comunicación religiosa son: (1) el drama, (2) algunas formas visuales de arte, y (3) la poesía y el canto.
Entiéndase por drama no solo la presentación formal en escena, es decir en teatros; más importantes quizás es la representación dramática con motivo de las fiestas religiosas en las calles, que se cuentan por centenares y que son tan famosas en muchos pueblos y provincias de la América Latina. A decir verdad que si se eliminasen repentinamente los sacerdotes católico-romanos en América Latina, la gentes del pueblo se encargaría por décadas de la vida religiosa del pueblo a través de esos dramas pueblerinos. En la Iglesia Católica-Romana, la misa es un drama y es muy impresionante porque en ella se sacrifica a Dios por los pecados de los hombres y se dice que ellos participan en Su substancia.
La segunda forma importante de comunicación es a través de los medios visuales de
arte. Por siglos la religión católica-romana ha enseñado sus grandes verdades por
medio de cuadros acerca de los santos, de estatuas, imágenes y grabados. En algunos lugares donde la gente era bastante ignorante se hacía pintado en lienzo, en las paredes, o en el techo de edificios importantes gran número de escenas bíblicas. En otras partes fueron talladas en piedra. En vista de este difundido "plasmar" de ideas no es de sorprenderse que los gobiernos que quieren comunicar algo a las masas utilicen profusamente los murales. México ha tenido algunos de los mejores muralistas de todos los tiempos, como Diego Rivera, Orozco, y Siqueiros para mencionar sólo tres de los más destacados.
El tercer medio importante de comunicación es la poesía y el canto, o sean dos aspectos de la misma tendencia lírica. En el catolicismo romano se ha dado mucha atención a la poesía religiosa, y sus coros han sido instrumentos valiosos de comunicación en los actos de adoración. Pero aparte del uso estrictamente religioso de la poesía y del canto, es impresionante el lugar que la música tiene en la América Latina, no sólo en la radio, sino en sus formas de expresión popular en los pueblos, villas y caseríos donde el canto es una forma de expresión personal y de comunicación, lo que no es tan manifiesto en Norteamérica.
Los medio de comunicación probablemente son más numerosos que las formas; puede haber comunicación en muchas formas mediante el uso de infinidad de medios. Por ejemplo: los periódicos, diarios, revistas, la radio, la televisión, el teatro, el cinematógrafo, los discursos (o la predicación), y la conversación. Todos esos medios son útiles, pero si tratáramos de determinar cuál de éstos es más utilizado, y si buscáramos, potencialmente hablando, cuál es más significativo para el extendimiento del evangelio, la única conclusión sería, que sobre todos ellos los más efectivos son la conversación personal y la predicación.
En primer lugar, a los latinoamericanos les gusta mucho hablar, discutir, conversar y argumentar. Puede verse en las cantinas, los parques, cafés y restaurantes a los hombres hablando continuamente. A las mujeres se les verá platicando en los mercados, en los lavaderos públicos, o en los patios de las vecindades. Los temas de conversación son muy variados: para los hombres, la política, los acontecimientos personales y la filosofía (aunque no siempre se les reconozca como tales), en tanto que para las mujeres, los quehaceres de la casa, los acontecimientos locales, y las frustraciones personales son los temas más frecuentemente usados. Para nuestro interés, lo importa de qué hablen los latinoamericanos; lo importante es que les gusta mucho conversar. Más aún, gran número de ellos se enorgullecen de su habilidad para conversar y para argumentar.
Además, del orgullo de hablar mucho y de su interés en conversar, los latinoamericanos gustan y aprecian la mejor clase de oratoria, la que cautiva al auditorio y arrastra los sentimientos de las masas. De entre ellos, quienes tienen habilidad para identificarse con sus oyentes, posee una fuerza increíble de comunicación y de influencia. No cabe duda que un buen orador no sólo combina el sentido artístico del lenguaje con la pasión de la expresión personal, y lo hace con tanta eficacia que se gana devotamente el auditorio, y es capaz hasta de lograr que se lance a las calles en manifestaciones o que se vuelque contra alguna institución
oficial.
Al hacer hincapié en la conversación y en el discurso no quiere decir que perdamos de vista otros medios; sólo quiere decir que para la América Latina los otros medios son de carácter secundario. Los periódicos no son muchos, y no alcanzan a las masas. Las revistas a excepción de las que traen historias policíacas y de misterio,
o cuentos animados, aún están menos al alcance de las gentes. La radiodifusión tiene importancia en las ciudades grandes, pero aún se duda de la influencia que puedan tener en la estructuración de opiniones. Hay que reconocer que para los evangélicos, sí llenan una necesidad de comunicación que no se tendría de otro modo, pero si se sigue dando mayor atención al equipo que a la programación como en la actualidad, la radio seguirá siendo un instrumento muy débil. Como para la televisión. el potencial es valioso, pero los resultados obtenidos hasta ahora son demasiados limitados; el nivel económico y el clima político en la América Latina impiden en mucho el desarrollo más rápido y el uso de la televisión.
Aplicación específica de las formas y los medios de comunicación al evangelio
Más que tratar de juzgar el valor relativo de algunas formas y medios de comunicación en la América Latina es mejor para nosotros discutir los modos en que esas formas y medios pueden ser empleados efectivamente en la comunicación de evangelio dentro del contexto evangélico.
El uso y la aplicación del drama en su forma más amplia no tiene límite y aún no han sido debidamente explorados. La participación principal del auditorio en un acto de adoración puede hacerse en forma más dramática principalmente en la oración, el canto y el ofertorio. Actualmente en las iglesias protestantes, la mayor parte del auditorio son simples espectadores, y aparte del canto congregacional raras veces se convierten en participantes activos. Sin embargo, en muchas de las congregaciones autóctonas, la gente tiene una parte bastante activa en el culto. (habrá quienes digan que es demasiado activa), pero la verdad es que el efecto de esa participación dramática produce una comunicación que llega al corazón. El Servicio de la Santa Cena en las Iglesias Evangélicas puede transformarse de modo que sea para la participación del grupo total y no sólo la administración de una recompensa que el predicador otorga a los fieles.
El drama puede extenderse mucho más. El uso de buenas películas debidamente preparadas y presentadas en la iglesia dará muy buenos resultados. Los programas de radio deben utilizar mejor el drama y no abusar de los sermones y discursos o conferencias, ya que la ausencia visual del orador los hace aún menos efectivos en Latinoamérica que en Norteamérica. Las clases de la Escuela Dominical deben dramatizar con más frecuencia sus lecciones a fin de lograr un mejor desenvolvimiento de los individuos que producirá una verdadera identificación. En las iglesias debe estimularse a la juventud para que hagan representaciones que puedan conocerse por todo el público, géneros que se puedan representar tanto en las iglesias como en las salas públicas, como se hace actualmente en Francia con mucho éxito durante los meses de vacaciones, con equipos de jóvenes miembros de un conjunto de actores cristianos.
Todavía puede intensificarse el uso de formas visuales de arte en las iglesias evangélicas. En arquitectura, por ejemplo, pueden hacerse construcciones adecuadas que "encajen" antes que tratar de copiar lo que se hace en los Estados Unidos del Norte. Los interiores pueden pintarse con colores vivos escribiendo en forma atractiva textos bíblicos y lemas en las paredes. Pueden usarse mejor los símbolos; que representen algo profundo y efectivo, como por ejemplo el velo partido (del templo) (que es recordatorio del sacerdocio de los laicos), un pez (símbolo de la minoría perseguida con un sentido de unidad en Jesucristo), un ancla, el yugo, el pan y el vino, el alfa y el omega. Los símbolos pueden ser pintados en las paredes, o tallados en las bancas, bordados en las cubiertas de los púlpitos o en cortinajes. Su uso no quiere decir una imitación de la iglesia católico-romana, por que si ella no los tuviera, de todos modos los tendrían los protestantes, no como banderas o signos
de autoridad, sino como medios de comunicación .
En cuanto se refiere a la poesía y al canto evangélico hay varias cosas que podrían hacerse. Primero, debe estimularse a los evangélicos con dotes para escribir poesía a fin de que escriban, produzcan y se difundan extensamente sus obras en las publicaciones evangélicas circulantes. Deberían publicarse colecciones de las mejores poesías evangélicas aunque tengan que hacerse altas erogaciones a fin de que la comunicación del mensaje se logre por esos medios en lugar de publicar tantas series de sermones traducidos cuyo valor es relativo.
Para desarrollar una himnodia evangélica latinoamericana debería seleccionarse a algunos latinoamericanos, creadores y especialistas en este campo para que estudien e investiguen lo que se ha hecho en las iglesias a fin de coordinar y establecer después un programa mediante el cual se estimule a músicos y poetas para que produzcan en un nivel alto, digno de los progresos artísticos y de la sensibilidad de los latinoamericanos. Por supuesto eso no quiere decir que se evite la traducción y adaptación de himnos que representan la herencia de la Iglesia Cristiana Mundial. Pero Ya las Iglesias Evangélicas de la América Latina han sido obligadas por muchos editores de himnarios a cantar un alto porcentaje de himnos "prestados" tanto en su letra como en su música.
La Sociedad Bíblica Americana en un esfuerzo experimental para alcanzar a un público nuevo, hará imprimir el libro de Eclesiastés, cuyo tema llega a los habitantes de América Latina. La impresión se hará en forma poética, lo que realmente es, y se encuadernará como un libro de versos con bordes dorados.
Al pensar en los medios de comunicar el evangelio, no deben eliminarse algunos tipos o formas de difusión mayormente si son de carácter personal en la presentación, dramáticos en la orientación, y con contenido apropiado. Los programas de radio por ejemplo, en vez de dar tanta atención a sermones y conferencias o discursos, le den al drama y a la discusión. La discusión no debe ser de tipo prefabricado sobre moldes exactos, tal que al principiar ya se sabe donde terminará. La discusión verdadera incluye argumentos de una u otra forma en la que protagonista del evangelio gana al final, pero no a cada paso, la batalla. El cristianismo no es una historia llena de triunfos y el dar esa impresión, sería erróneo.
Hay que tomar en serio el hecho de que no importa cuántas ventajas impresionantes ofrezcan otros medios, pero que no son tan útiles para llevar el evangelio hasta las masas como lo son la conversación y la identificación del que predica. Por tanto es nuestro deber desarrollar estos medios con la mayor efectividad posible. En la actualidad la tendencia es decir a todas las congregaciones que cada miembro es un "testigo", aunque para muchos eso quiere decir que cada persona debe salir a predicar "sermoncitos" imitando a los que escuchan en la iglesia. "Cuchichear" el evangelio no quiere decir predicarlo; la conversación consiste en el hecho de que un vecino le cuente a otro lo que para él significa la nueva vida en Cristo. Por supuesto no es posible que la gente converse acerca de lo que no ha experimentado. Eso implica que primero hay que darle algo a la gente, no sólo palabras para repetir, sino experiencias que pueda contar. En segundo lugar, necesitan ayuda para poder contar eficazmente sus experiencias. Por supuesto que las técnicas del testimonio son relativamente de menor importancia frente al hecho mismo de la experiencia religiosa. La tragedia estriba en que a menudo, la iglesia emplea más tiempo y energía tratando de ayudar a la gente acerca del cómo comunicarse, olvidando que en verdad la mayor parte de las personas no tienen algo que contar porque no han llegado a tener la menor experiencia de esa vida nueva.
No cabe duda que la América Latina tiene algunos de los mejores predicadores de la cristiandad, pero para muchos existen dos tentaciones muy sutiles. Una es dar tanta atención a la belleza de la retórica, que el contenido es débil y carente de poder; y la otra es hablar para impresionar al auditorio más que para instruirlo. En vez de utilizar ilustraciones propias que brotan del corazón, existe una tendencia grande a sacar de los libros unas bastante trilladas; a menudo sin conexión cultural con la situación actual. No hay que olvidar que muchos de esos es herencia de la práctica de los misioneros, pero los poderes creadores de la predicación latinoamericana no deben sucumbir ante esos moldes culturales ya fuera de uso.
Para que la predicación sea efectiva, necesita tener tres niveles de identificación: primero, con el mensaje (porque el hombre necesita proclamar con su vida lo que dice); segundo, con su público (porque hay que hablarle a la gente donde está), y tercero, el del público con el orador. La tercera fase de identificación, sin embargo, no puede adquirirse a menos que exista un grado de transparencia espiritual y presentación personal de una vida sin engaños que es producto de la dedicación total a la causa de Cristo.
La comunicación por medio del Espíritu de Dios
El total de nuestra preocupación por la aplicación efectiva de las técnicas de comunicación de ningún modo debe hacernos desconocer el hecho fundamental de que la comunicación de la vida nueva de Dios no se efectúa por la palabra del hombre, sino por la palabra de dios. Puede el hombre ser testigo de la verdad, pero únicamente el Espíritu de Dios es el que hablando a través de las palabras de los hombres, puede comunicar la vida nueva. Más aún, nuestras técnicas nunca deben ser metas, sino sólo medios, y su efectividad no debe ser juzgada por su popularidad, sino por la medida en que el Espíritu de Dios los utiliza para llevar a los hombres a una relación vital con El mismo mediante el poder de su Hijo. Reconocerlo, nos acercará más a esa gran nube de testigos, pioneros de la fe que carecieron de tales técnicas pero que tenían en cambio un mensaje arrobador. También podremos entender mejor al estudiar los resultados excelentes dentro de los movimientos autóctonos, a los que a menudo se considera al margen de la causa cristiana, pero que en más de una vez son más dinámicos y transformadores de lo que cualquier grupo tradicional pudiera pretender. Finalmente recordad que: "No con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho Jehová".
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