¿Dónde están las ventanas?
Ha quedado claro que lo que es fundamental en un sistema unix no son las ventanas. Muchas veces el entorno gráfico no es más que una ayuda al uso de las herramientas clásicas. El uso del ratón, las ventanas, el escritorio, el portapapeles... queda como algo secudario, aunque muy útil.
El concepto de interfaz gráfica de linux, como en unix, también está sujeto al sistema servidor/cliente. Partimos de la pantalla negra, ese entorno tan desagradable para un principiante hoy en día, y de él pasamos a un entorno complentamente gráfico en el que tenemos todas las opciones de un sistema operativo moderno. ¿Cuál ha sido el proceso?
Pues, aunque no nos demos cuenta, hemos iniciado un servidor gráfico en nuestro ordenador y posteriormente nos hemos conectado a él con un cliente de gráficos iniciado en la misma máquina. El hecho que nos conectemos a un servidor de nuestro ordenador o a cualquier otro es algo que carece de importancia en lo que a funcionamiento se refiere.
Esta manera de hacer las cosas puede parecer enrevesada e inútilmente complicada, pero da una gran potencia al trabajo en red. Imaginemos que en un despacho tenemos muchos ordenadores pero ninguno de ellos es particular de un trabajador. Cada uno llega a trabajar y se sienta delante del primer ordenador que encuentra libre. Supongamos ahora que hemos dejado un trabajo guardado en un ordenador en concreto y que necesitamos terminar de escribir ese trabajo e imprimirlo. Lo más normal sería copiar el archivo del ordenador en el que está al nuestro y editarlo, o directamente dejarlo en una unidad en red. Posiblemente ésta sería la opción más adecuada, pero en UNIX tenemos una posibilidad muy interesante. Nos podemos conectar en remoto y abrir el editor del ordenador donde está nuestro archivo desde el nuestro. Es un concepto un poco complejo porque hay que verlo funcionar. Literalmente la ventana del procesador de textos que aparece en nuestra ventana en realidad está en el ordenador donde se encuentra el archivo. Cuando pidamos que lo guarde, lo va a guardar sobre el antiguo archivo, no en nuestra máquina y cuando lo imprimamos va a usar las impresoras que estén en el otro ordenador, no en el nuestro.
Esta es la potencia que ganamos por el sistema servidor/cliente. Tan sólo es un ejemplo, aunque sea bastante espectacular
¿Y esas ventanas?
Cuando nos sentemos delante de cualquier ordenador con linux, muy difícilmente tendrá sólo las letras sobre el fondo negro. La mayoría de las instalaciones llevan por defecto algún escritorio gráfico con todas las posibilidades imaginables, algunas de ellas inexistentes en la versión equivalente de MS Windows (en el momento en el que se escribe esto, Windows XP). Estos sistemas no son más que una capa bonita del cliente que se conecta al servidor para que sea mucho más fácil trabajar con el ordenador.
Hay muchos tipos de entornos gráficos. No es como Windows, MacOSX o Solaris en el que el sistema operativo viene determinado por la interfaz gráfica. En linux podemos escoger entre un centenar de entornos de escritorio. Para citar unos cuantos: KDE, Gnome, XFCE, enlightenment (16 y 17), fluxbox, blackbox, openbox, metacity, windowmaker, waimea... Los dos más completos y conocidos son KDE y Gnome.
Escoger entre ellos es algo personal. Hasta existe una rivalidad sana entre estos proyectos y sus adeptos. Para distinguir de forma breve KDE y Gnome se puede decir que mientras Gnome es más elegante y minimalista, KDE es un monstruo que se está convertiendo a pasos agigantados en el entorno de escritorio más completo que existe. Pero la diferencia más importante entre los dos son las librerías gráficas que usan. Mientras Gnome usa las librerías GTK, KDE usa las librerías Qt. Esto es algo que debemos tener en cuenta si algún día queremos programar una aplicación gráfica y posiblemente se trate el tema en fascículos posteriores.
Supongamos que venimos de Windows y decidimos probar KDE porque es más similar que Gnome a los ventanucos de siempre. A partir de ahora se va a avanzar presuponiendo que ya estamos en un entorno gráfico y que podemos utilizar ventanas y menús cómodamente
El “Desktop Environment”
Tenemos colores y formas en nestra pantalla. Menús, reloj, barra de tareas... Todo lo que echábamos de menos cuando estabamos delante de la pantalla negra con letras blancas. Podemos movernos de la manera que queramos, aunque el primer contacto puede ser un poco desconcertante. La curva de aprendizaje de Linux es mucho más larga que la de Windows o MacOSX. Hay muchas más cosas que aprender y se hace más despacio, con lo que paciencia.
Si estamos en KDE encontraremos una barra parecida a la barra de tareas de Windows o al Dock de MacOSX. La K es el equivalente al menú de inicio y es por donde podemos acceder a los distintos programas de forma gráfica. Este es el modo de trabajar más intuitivo, el que Bill Gates nos dice una y otra vez que es la informática. MENTIRA. Este es el modo más primitivo, lento, poco eficiente y estupidizante que existe. Pero por ahora seguiremos usándolo.
Activamos el menú. En él están las utilidades equivalentes de cualquier otro entorno de escritorio, con la pega de que tienen un nombre distinto. Si buscamos un rato por el menú fácilmente podremos encontrar el navegador de archivos, el navegador web (que en algunos casos es el mismo), un cliente de correo, editores de texto, aplicaciones de ofimática... La cantidad software que viene por defecto con cualquier distribución de Linux es mucho mayor que el triste windows XP.
¿Pero cuál sigue siendo la aplicación más importante de nuestro entorno? La consola o intérprete de comandos, por supuesto. Suele tener forma de pantalla de fondo negro con letras blancas... intuitivo.
Más adelante veremos cada una de las aplicaciones más en detalle. Pero antes y mientras probamos algunos programas que encontremos en el menú, un poco más de historia.