A próposito de un fracaso galdosiano: ''Los Condenados'' - Intencionalidad del autor
5 - Intencionalidad del autor
En pocas ocasiones como esta nos encontramos con que el propio autor se entretiene en explicarnos el contenido de la obra. En este caso, ya lo hemos señalado, el fracaso del estreno de la obra lleva a Galdós a la necesidad de explicar la obra por un lado, de profundizar en sus ideas sobre el teatro por otro, y de arrancarse, con un poquito de mal genio y con mucha razón, las espinas clavadas por la crítica. ( por una vez, el carácter de Galdós, "el amigo Manso" que tantos estudiosos identifican con el propio autor, se muestra duro y mordaz con algunos críticos como posiblemente no lo había hecho nunca antes. En algunos momentos puede compararse al terrible Clarín en su trato con los críticos y con la prensa escrita en general).
Sin embargo, a pesar de contar con una declaración de intenciones de propia mano del autor, lo cierto es que las interpretaciones acerca de la obra insisten una y otra vez en lo que el autor niega rotundamente: el carácter simbólico de la misma.
La realidad es que los estudiosos que pretenden ver simbolismo en Galdós parten de una realidad cierta. Si como hemos señalado una de las motivaciones de Galdós y de su obra literaria es la creación, desde las menguadas fuerzas de un literato, de un mundo mejor, en el aspecto social y político, pero también en el personal, y si quiere utilizar su literatura para ello, habrá que ver en ella una cierta dosis de simbolismo. Pero no en el sentido, de convertir cada personaje en representación de otro o de una idea más o menos concreta, sino en el sentido de que aquellos seres de carne y hueso, los paisajes, los aconteceres y las relaciones que se describen, más allá del particularismo individual pretendan representar por lo amplio una situación, o actitud colectiva y extensible más allá de lo anecdótico. En este sentido hemos hablado anteriormente de Galdós como escritor de obras de tesis y en este sentido, y sólo en este, podemos hablar de simbolismo.
Sin embargo, para los defensores a ultranza del carácter deliberada e incuestionablemente simbólico de los personajes galdosianos, el autor convierte en ser de carne y hueso ideas abstractas y hace que esos pobres personajes, con tan pesada carga, hagan pasear y actuar a las ideas a las que representan.
La obra que comentamos ha sido considerada simbólica por varios estudiosos entre ellos los ya citados Menéndez Onrubia y Ávila Arellano, seguidores ambos de un mismo estilo de crítica. Lo curioso es que, partiendo de presupuestos idénticos a la hora adjudicar el simbolismo a los distintos personajes, las conclusiones a las que llegan uno y otro no coincidan. Ello nos ayudaría, dicho sea de paso, a desconfiar de tales simbolizaciones si el autor, como veremos, no las descalificara por sí mismo.
Dice Menéndez Onrubia:
"José León o Martín Bravo, que se ha refugiado en aquellos montes huyendo de la justicia de la ciudad y que por motivos más o menos justificados ha cometido varios atropellos en la zona. Aquí creo que se puede ver hasta ahora al representante de la clase media isabelina y los primeros movimientos revolucionarios de medidados de siglo, encadenamiento que desembocará en el sexenio liberal.
Este periodo queda reflejado en el segundo Acto (...) Paternoy, cual sensato Cánovas, al renunciar a su matrimonio resume el sexenio liberal con estas palabras: " Criminales de amor, les condeno a la vida" (...)
"Ambos —se refiere a los dos amantes— son culpables de su propio fracaso, lo mismo que los románticos que fracasaron en el sexenio liberal o los anarquistas que desestabilizan el país en el momento en que Galdós componía la obra. Su propia muerte será su propia redención."5
Curiosa simbolización en la que España es un mujer enamorada que rompe con las convenciones sociales y, deshonrada y engañada, acaba volviéndose loca y viviendo la muerte en vida como forma de castigo. Veamos no obstante otras interpretaciones: Avila Arellano ve claramente en la obra la simbolización del problema colonial y asegura:
"Su aparición —se refiere a la de José León/Martín Bravo, el bandido— como escondido en esa primitiva y paradisíaca región de Ansó —símbolo ambiental del primitivismo y del patriarcalismo cubano (!!!)—, después de haber conocido a la hermosa viuda Feliciana en Zaragoza,(La obra sin embargo parece asegurar que a pesar de algunas mentiras de la viuda, es en Sangüesa donde tienen lugar los amores del bandido y la viuda)—la próspera Estados Unidos que encuentra Cuba como de "la Edad Media"—, tiene todas las características de los rebeldes cabecillas cubanos que penetran clandestinamente en la colonia después de pasar temporadas de proselitismo en Norteamérica 6
El símbolismo para Ávila Arellano va más alla:
" Al lado de su situación ruinosa y miserable —la de los amantes— se encuentra la fecunda huerta de Feliciana Bellido, la dama cosmopolita que José León conoció tiempo atrás y que ahora, como los Estados Unidos, ayuda económicamente y no de modo desinteresado a los autonomistas" (...) De tal manera que si Feliciana le concede esto a José León, sería lo mismo que cambiar las relaciones comerciales de los administradores legales de la Isla a los ilegales, los insurrectos, un cambio de relaciones que reproduce muy bien las apetencias coloniales de los Estados Unidos, los nuevos propietarios si triunfan en su rebelión".
Parece olvidar Ávila Arellano en esta sorprendente interpretación que, si bien Estados Unidos tiene sin duda intereses económicos importantes con la independencia de la isla —la historia lo demuestra— la ayuda de Feliciana a los amores de José León, por utilizar las mismas transposiciones que el autor utiliza, a conseguir la estabilidad que los amantes desean, la aleja a ella misma de esos intereses, que no son otros que conseguir el amor de José. De hecho, cuando al final de la obra está dispuesta a ayudar a escapar a José León, ya prácticamente acorralado por la justicia, es con la condición de que deje en el convento a Salomé: solo separándolos puede ella conseguir sus fines, nunca ayudando a la consecución de su felicidad.
El mismo Ávila Arellano, asegura que el público no fue capaz de entender el mensaje subliminal de la obra y que en parte esa fue la causa de su fracaso, pero añade:
"En la consideración superficial de la obra, el público consideró inaceptablemente exagerada la posición proteccionista de Paternoy a favor del bandolero declarado. La obra fracasó en gran medida por ello, y aun Galdós debiera haberse alegrado de que la protesta parará en este estrato superficial y artístico. Porque si el público de finales de 1894 y los críticos patrioteros hubieran entendido el símbolo pacifista que proponía el escritor seguramente la agresividad se hubiera desbordado al plano de lo sociopolítico y de lo personal.7
No estaría tan clara la simbología de la obra, cuando unos y otros no coinciden en la explicitación de los símbolos. Pero más allá de toda esta interpretación teórica sería tal vez conveniente acercarnos hasta las fuentes, hasta la explicación que de la obra da el mismo autor. Al parecer, la idea esta del simbolismo ya fue señalada por la crítica en su momento. Parece que Galdós deja las cosas claras a este respecto:
"Esto del simbolismo es ahora la ventolera traída por la moda, y muchos que de seguro no la entienden al derecho, nos traen mareados con tal palabreja. Para mí el único simbolismo admisible en el teatro es el que consiste en representar una idea con formas y actos del orden material. En obras antiguas y modernas hallamos esta expresión parabólica de las ideas. Por mi parte, la emplee, sin pretensiones de novedad en "La de San Quintín". En "Los condenados" no hay nada de esto, ni fue tal mi intención porque eso de que las figuras de una obra dramática sean personificaciónes de ideas abstractas, no me ha gustado nunca. Reniego de tal sistema, que deshumaniza los caracteres."8
Yo creo que más allá de otras interpretaciones, deberíamos creer al propio Galdós que reniega explícitamente del simbolismo que le atribuyen los estudios comentados y que si admite, sin embargo, una forma de simbolismo generalista que, a fin de cuentas, es material reconocible en toda su producción literaria en mayor o menor medida. Además algo así se desprende de las palabras de un crítico del momento —Villegas— que el autor, en el prólogo, hace explícitamente suyas:
"Condenados estamos a la mentira, sometidos a un convencionalismo falso que nos arrastra de error en error, de caída en caída. Para librarnos de este ambiente malsano que por todas partes nos rodea, es preciso ser sinceros, abrazarnos a la verdad y tener el valor de arrojar de nosotros nuestras faltas después reconocidas"
"Solamente así se regenera el hombre, sólo cuando por el esfuerzo de su voluntad y en uso de su libre albedrío acepta la expiación, es cuando cumple con la ley que rige su esencia divina(...) en el drama de Galdós con harta más claridad que la significación simbólica se ve el propósito de dirigir los ojos del público, o más bien de la sociedad, hacia las grandes cuestiones de conciencia tan olvidadas en medio de la atmósfera positivista que nos envuelve"
Ya hemos dicho que Galdós considera estas palabras de Villegas como suyas: "palabras suyas son; pero las ideas me pertenecen, y me siento muy honrado con que un crítico, a quien esta vez no tengo por amigo escriba lo que pensé"9
|
Opiniona sobre 'A próposito de un fracaso galdosiano: ''Los Condenados'' - Intencionalidad del autor' (0)
Opina sobre este monografía |

