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¿Abismo entre investigación literaria y su docencia? - La recepción crítica de A Portrait (I)

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CopyLeft Monografía de Susana Pajares Tosca - 17 de Septiembre de 2006
Temas Relacionados: Historia de la literatura
2. La recepción crítica de A Portrait (I)

Para vadear con más eficacia el río de crítica acerca del Portrait, hemos dividido los diferentes comentarios según la siguiente clasificación:

- Significado. Este apartado incluye las obras críticas que se ocupan del contenido de la novela más que de su forma. A su vez puede dividirse en:

- teoría estética/epifanía

- personajes

- temas

- Significante. Otras obras críticas insisten sobre todo en la forma de la novela:

- Estructura/Estilo

- Motivos/Símbolos

- Los sentidos/ Percepción/ Experiencia

- Texto como texto

- Génesis textual /Stephen Hero

- Intertextualidad

- El autor

- Lo Autobiográfico

- Metatextualidad

- Joyce como excusa

- Lo pedagógico-didáctico

No pretendemos compartimentar excesivamente las aproximaciones críticas al Portrait, ya que es muy difícil adscribir un artículo o libro a una sola de las categorías porque los límites no están nada claros y casi nunca se habla exclusivamente de una cosa. De todas maneras suele haber un tema predominante en cada artículo, por ejemplo el autobiográfico, aunque también se mencione la estructura y el simbolismo del Portrait; y eso es lo que justifica esta clasificación. A nuestro juicio es más útil agrupar todas las obras que tratan el mismo asunto que no presentar una cronología de artículos sin interpretación alguna.

Significado

Si bien el significado general de A Portrait no ha sido motivo de tanta discusión como el de otras obras de Joyce (la mayor parte de la controversia sobre el Finnegans Wake se refiere a su significado), hay algunos “puntos difíciles” en los que la crítica no parece haberse puesto de acuerdo. Estos conciernen sobre todo a la interpretación de la teoría estética que expone Stephen y la legitimidad de su aplicación en el estudio del Portrait, al sentido de las epifanías y su papel dentro de la teoría estética, a la calidad estética de la villanelle, y al personaje de Stephen: ¿es un artista o un fracasado?, ¿un héroe o un villano? Como vemos, toda esta polémica está relacionada con los problemas señalados por Booth en “The Problem of Distance in A Portrait of the Artist as a Young Man”, de 1961, que tratábamos en el apartado anterior. Esta obra marcaría las pautas para toda una generación de críticos, haciendo que otras cuestiones pasaran completamente desapercibidas.

La tercera parte de este apartado, los “temas”, ha suscitado mucha menos polémica que las dos primeras descritas más arriba, puesto que la mayoría de la crítica coincide en señalar las fuerzas (o redes, o cárceles, según cada autor) a las que se enfrenta el personaje de Stephen: religión, nacionalismo, familia, etc.; y cuyo análisis es la forma de introducir el contexto socio-económico en la discusión sobre A Portrait.

Teoría estética/epifanía

No es sorprendente que en una novela que narra la infancia y adolescencia de un joven escritor exista una sección en la que este expone sus ideas sobre el arte a modo de programa de su actividad futura. Lo sorprendente es la preocupación casi monotemática de muchos críticos que se han acercado al Portrait, empeñados en contrastar dicha teoría (expuesta por un personaje, no lo olvidemos) con el modo de composición de la obra en la que se encuentra y con el modo de composición en general de su autor: James Joyce. Esta tendencia se dio sobre todo en los años sesenta, con obras como la de Kain (en Morris), 1962; Anderson, también de 1962; o Price, de 1988. En 1962 también aparece la colección de artículos Joyce's Portrait: Criticisms and Critiques, recopilada por Thomas Connolly, que tiene toda una sección titulada precisamente "The Aesthetic Theory", con articulos breves de: Hope, Chayes, MacGregor, Block, McLuhan, Connolly, Beebe, Morse..., en los que se insiste en esta preocupación por demostrar la “validez” de la teoría estética como herramienta explicativa.

Sin embargo, gradualmente comienzan a hacerse oír las voces críticas. En 1968, Goldberg publica su artículo “Art and Life: The Aesthetic of the Portrait”, que no sólo afirma que la teoría sirve para estudiar a Stephen y no a Joyce, sino que además critica las concepciones básicas de dicha teoría tal y como Stephen las expone, y que tan en serio había tomado la crítica anterior:

At best, he can achieve an uneasy combination of "beauty" and "truth" as distinct and unrelated essentials, but it is precisely the lack of relation that robs them of significance and handicaps the theory as a whole. By ignoring the contexts of human experience in which art is created and apprehended, and the function of the language in which that experience is embodied, Stephen ignores the whole symbolic aspect of art. (...) In short, both he and his theory lack real engagement with life. (Goldberg, 1968: 83)

Esta ha sido la postura más habitual desde los años ochenta, en que se ha juzgado duramente la manipulación que Stephen hace de Aristóteles para adaptarlo a sus propios fines, a su propia necesidad de escapar del entorno físico y mental que le corresponde debido al contexto socio-histórico en el que se encuentra. Para autores como Buttigieg, 1987, la teoría estética es inaceptable porque:

It is inspired by an overwhelming desire to escape not just the confines of an impoverished, unsettled family and a priest-ridden city, but also the more fundamental and dreadful realities of mortality, mutability and imperfection. (Buttigieg, 74)

La crítica de Buttigieg alcanza también a las epifanías que experimenta Stephen, que este autor juzga como un intento de dejar atrás la vida real y entrar en una especie de encantamiento propio. Buttigieg piensa que el método de Stephen es precisamente el opuesto al de Joyce, que intenta sumergirse cada vez más en la vida real.

De hecho la idea de epifanía, así como el análisis pormenorizado de las epifanías que aparecen en la novela (especialmente la de la chica-pájaro), han sido el segundo tema que más ha preocupado a la crítica en relación con el significado del Portrait en todas las épocas; v. por ejemplo Kenner, 1956; Bowen en 1979, o más recientemente Adams Day, 1988, que compara las epifanías con las escenas impresionantes que Frances Yates describe como técnica mnemotécnica en su The Art of Memory.

El concepto de epifanía aparece definido de un modo bastante impreciso por Stephen en Stephen Hero tras presenciar una escena banal entre dos amantes cuyo diálogo piensa merece la pena anotar en un cuaderno. La epifanía es “a sudden spiritual manifestation, whether in the vulgarity of speech or of gesture or in a memorable phase of the mind itself.” (SH, 216) Inmediatamente después, Stephen expone su teoría estética acerca de la aprehensión de la esencia de las cosas, previa a la percepción de la belleza, que en Stephen Hero equivale al momento epifánico. En A Portrait la epifanía no se menciona, pero sí hay momentos epifánicos en el libro (como el de la chica-pájaro), si por momentos epifánicos entendemos aquellos en los que la imaginación de Stephen desentraña la esencia de alguna cosa y queda en éxtasis estético.

La evolución de la crítica acerca de la epifanía ha seguido un camino un tanto diferente al de la teoría estética; pues se han dado artículos que buscaban la aplicación de la idea de la estefanía a la composición del Portrait, al mismo tiempo que otros se distanciaban de dicha postura, que podemos llamar intratextual dado que se basa en que el texto ilustra las mismas teorías que expone. En 1971, Harrison defiende la idea de epifanía como central para la interpretación de A Portrait, a pesar de la opinión contraria de Kenner y Goldberg, entre otros. Podemos decir que en la crítica más reciente domina esta segunda interpretación, que ejemplifica magistralmente la postura de Reichert (1988), que aquí analiza la teoría de la epifanía según aparece en Stephen Hero:

(…) is a theory of fragmentation: a significant moment or a detail, a thing seen at some specific angle, can contain the totality of the meaning -he calls it "essence"-- of this life or thing. Note that there is a direct relationship between fragment and totality: they are mutually dependant: the one conditions the other: the fragment points to the totality of which it is a part, and the totality it is that gives meaning to that fragment. (p. 86)

Esta es una interpretación positiva desde un punto de vista postestructuralista que contrasta con las opiniones negativas de otros críticos, que cuestionan la pertinencia de las epifanías y su valor simbólico. Por ejemplo Millot (1984) sostiene que "The triviality of the epiphanies borders on nonsense" (p. 208); para ella, la causa de la estupidez de las epifanías es que Joyce pretendía utilizarlas para mostrar lo estúpidas que son las mujeres (puesto que casi todas están relacionadas con lo femenino). Pero lo que le parece más grave a Millot (y a Yeats en su momento, según ella misma cita), es que con ellas Joyce parece confirmar su vocación de escritor y su propio genio (p. 207).

Creemos que tanto Millot como los que pretenden aplicar la teoría epifánica de Stephen Hero al Portrait están excediéndose en su prerrogativa interpretativa, parafraseando a Eco. Para nosotros, la exclusión voluntaria de dicha teoría del texto final del Portrait confirma el deseo de Joyce de evitar confusiones innecesarias que llevaran a la crítica a juzgar su obra conforme a unos parámetros que él había desechado ya (aunque estuviera convencido de su validez cuando redactó las notas que conforman el Workshop of Dedalus editado por Scholes y que comentaremos más adelante). Las epifanías son visiones de Stephen en las que culminan procesos perceptivos, interpretativos y creativos que comienzan con su primer descubrimiento del mundo de los sentidos cuando no es más que un bebé. Estamos de acuerdo con Singer (1983) cuando afirma que en las epifanías lo importante no es el objeto en sí (como por ejemplo la chica-pájaro), sino lo que la mente de Stephen hace de ese objeto, con lo que la acusación de banalidad no tiene ningún sentido. No hay mímesis, como engañosamente podría dar a entender su cercanía a la exposición de una teoría aristotélica (si bien adaptada), sino que la epifanía supone la creación de nuevas formas y se debe enteramente la mente del artista.

En cuanto a lo inapropiado de la teoría de la epifanía (según se define en Stephen Hero) para explicar el proceso compositivo o la estructura del Portrait, basta con reflexionar brevemente sobre la palabra “sudden”; recordemos que allí se define epifanía como “a sudden manifestation of the spirit”. Y es que no hay nada menos repentino que la cuidadosa composición de Joyce, en la que los mismos motivos aparecen cíclicamente con ligeros cambios en su percepción y en su significado, de manera que las epifanías de la novela tienen sentido como parte de un contexto muy amplio que existe sólo en la mente de Stephen, pero que ha sido alimentado gradualmente por los estímulos del mundo que le rodea. Del mismo modo, la teoría estética de Stephen y su voluntaria separación de la vida y la emoción cinética contrasta espectacularmente con la técnica joyceana y el riquísimo juego de sinestesias sensoriales que determina los procesos artísticos de que es capaz el joven Stephen, quizá sin saberlo, como veremos en el apartado 2.2 de este artículo.

No podemos concluir esta sección sin mencionar la controvertida cuestión de la villanelle que Stephen compone en el capítulo V de A Portrait. Esta poesía ha hecho correr verdaderos ríos de tinta totalmente injustificados a nuestro juicio, ya que se ha debatido ad nauseam acerca de la calidad estética de este poema y de su adecuación a la teoría estética de Stephen, sobre todo para probar que Stephen es un verdadero artista o un farsante según el punto de vista.

Bernard Benstock introduce una nueva perspectiva sobre el tema en su artículo “The Temptation of St. Stephen: A View of the Villanelle” (1976a). Aquí sostiene que se trata de la sublimación poética de una masturbación real que realiza Stephen esa noche, y destaca la importancia del personaje de Emma en este proceso físico-artístico. Pero sobre todo afirma que se trata de una “actual villanelle written by a fictional poet” (p. 37).

En, “The Villanelle Perplex: Reading Joyce”, en nuestra opinión el artículo más lúcido sobre el tema, Adams Day discrepa de Benstock y demuestra que la villanelle es “both an actual villanelle written by an actual poet (Joyce) and a fictional villanelle written by a fictional poet (Stephen)” , p. 84. Joyce escribió el poema en su juventud y lo incluye para mostrar como era un joven que ya no existe. Pero eso no quiere decir que no se pueda decir nada acerca de su calidad poética, como propone Benstock, ya que:

(…) however melodius the sounds may be, and however vivid the individual images, the villanelle, from the point of view of a seeker after wholeness, harmony, and radiance, is a hodgepodge of cliché and a farrago of nonsense. (p. 82)

Es decir, podríamos añadir, lo importante no es si la villanelle es buena o mala (y con Adams Day pensamos que es un poema mediocre), sino determinar qué tipo de información nos proporciona acerca de Stephen, que es el único al que se refiere en este contexto.

Personajes

En relación con el apartado anterior, la polémica sobre la validez de la teoría estética, la epifanía, y la calidad de la villanelle han ido ligadas a una crítica del personaje de Stephen, al que los primeros críticos del Portrait identificaban con Joyce. Booth afirma que no podemos estar seguros acerca de la intención del narrador del Portrait, con lo que no sabemos si se presenta al personaje de Stephen objetivamente o con ironía. En “Irony in Joyce’s Portrait: The Stasis of Pity”, Sharpless resume las opiniones de los críticos enzarzados acerca de la interpretación de Stephen: ¿es un héroe o un individuo insoportable? Para Sharpless, está muy claro que Joyce es irónico, con lo que se opone a la interpretación de Booth, y prefiere presentar a Stephen moviéndose desde un mundo de relaciones “cinéticas” con su familia, amigos e iglesia, hacia otro de aislamiento estático (p. 101). Esto es lo que según Sharpless caracteriza al personaje de Stephen por encima de la discusión sobre la simpatía que podamos sentir por él. Stephen representa la muerte del artista, sin compasión ni amor; el antídoto joyceano sería Bloom (p. 106).

De acuerdo con estas ideas, la crítica contemporánea se inclina por atribuirle a Joyce un discurso en gran medida irónico en general, pero sobre todo cuando se ocupa de Stephen. Para nosotros la intención irónica de Joyce no ofrece ninguna duda; si el análisis de la obra no fuera suficiente, veamos esta carta que Joyce escribió a Ezra Pound el 1917, y que incluye un limerick irónico acerca de Stephen:

There once was a lounger named Stephen
Whose youth was most odd and uneven
He throve on the smell
Of a horrible hell
That a Hottentot wouldn't believe in
         (Gilbert, vol. I, p. 102)

Hugh Kenner fue el primero en disociar claramente a Stephen de Joyce (1988), aunque eso no le impide tomarse a Stephen completamente en serio y analizarle de la siguiente forma: "indigestibly Byronic. (...) Nothing is more obvious than his total lack of humour" (p. 30) La comparación con Byron no se refiere a la persona sino al personaje “byrónico” que el escritor creó con obras como Childe Harold o Don Juan, que sentaron las bases del héroe romántico y casi satánico. De hecho, una tendencia importante en la crítica del Portrait es comparar al personaje de Stephen con diversas figuras literarias, mitológicas o históricas.

Además de la carencia de humor y amor, hay un rasgo que ha llamado mucho la atención de los críticos que se han ocupado del personaje de Stephen, en palabras de Buttigieg: "The confusion of the aesthetic with the spiritual is undoubtedly one of Stephen Dedalus's most salient characteristics" (1987: 109), lo que de nuevo nos lleva a la discusión acerca de la teoría estética que mencionábamos en el apartado anterior.

Aparte de Stephen, la crítica no ha prestado atención a otros personajes, lo cual es comprensible si consideramos que Stephen es el centro de la novela y todos los demás se presentan en función de su percepción y sentimientos. La crítica feminista ha abordado el tema de las mujeres en el Portrait en varios artículos significativos, empezando por “Bats and Sanguivorous Bugaboos”, de Elaine Unkeless (1978), el más conocido “The Adolescent Point of View toward Women in Joyce’s A Portrait of the Artist as a Young Man”, de Margaret Church (1981), y varios artículos de Suzette Henke (v. bibl.). Aunque estos artículos pretenden centrar el interés en las mujeres, en realidad todos son análisis de la actitud de Stephen hacia las mujeres. Unkeless colecciona citas y menciones de lo injusto que es Stephen con las mujeres de su entorno (1978), y Church ya desde su mismo título utiliza el tema femenino para descubrir los fallos del carácter de Stephen.

Pero Church también realiza un análisis de los personajes femeninos de la obra, que clasifica del siguiente modo a lo largo del artículo:

a) Mujeres reales:

- madre (servicial, agradable para los sentidos, pacificadora, religiosa)

- Eileen y E-C (bellas, objetos de su fantasía, teme su humanidad, coquetas)

- prostituta (bella, tentadora, amenazadora)

b) Imágenes de lo femenino

- virgen María

- chica-pájaro

Tras un análisis en el que explica que Stephen exige pasividad de “sus mujeres”, su conclusión es que "Stephen does not interact with women as human beings, a problem he cannot solve even in Ulysses" (p. 164). Si bien esta observación es en parte cierta, la verdad es que Stephen parece incapaz de interactuar con nadie como ser humano y no sólo con las mujeres; lo cual es hasta cierto punto voluntario, pues desde su infancia se siente diferente y busca el aislamiento. A Stephen le atemoriza tanto la humanidad de las mujeres como la de su padre, o la de sus compañeros, si bien su relación con ellos es diferente puesto que no entra en juego el sexo.

El punto de vista feminista ha sido llevado al extremo por Suzette Henke, que en “Stephen Dedalus and Women: A Portrait of the Artist as a Young Misogynist”, afirma que las mujeres del Portrait son "one-dimensional projections of a narcissistic imagination" (p. 55), lo cual sería cierto en la medida en que todos los personajes secundarios del Portrait lo son, y no sólo las mujeres. Pero es que a continuación Henke afirma que la misoginia de Stephen le impedirá convertirse nunca en un verdadero artista (p. 55). Los grandes nombres de la historia del arte y de la literatura son prueba suficiente de que el grado de misoginia de un artista no es inversamente proporcional a la calidad de su obra, de hecho, no tiene nada que ver.

Temas

Nos ocupamos en este apartado del análisis que la crítica ha realizado acerca de los contextos familiar, religioso, socio-económico, etc. en el Portrait, normalmente identificándolos con los lazos que Stephen rompe para convertirse en un artista. Aquí se considera la obra como un proceso de gradual toma de conciencia hasta la ruptura del capítulo V:

I will tell you what I will do and what I will not do. I will not serve that in which I no longer believe whether it call itself my home, my fatherland or my church: and I will try to express myself in some mode of life or art as freely as I can and as wholly as I can, using for my defence the only arms I allow myself to use-silence, exile, and cunning. (AP, p. 268-269)

Stephen ha necesitado muchos años de sucesivas decepciones para ir rechazando todo aquello que le parece externo a sí mismo y peligroso para su vocación de artista, pues cualquiera de estos contextos puede vampirizar la conciencia y convertirle en uno de los seres “pasivos” de los que también lucha por apartarse. La crítica en general se ha plegado a la visión de Stephen y se ha ocupado de estos temas considerándolos lazos que han de ser rotos; pero en nuestra opinión la relación de Stephen con su entorno es mucho más complicada que un simple movimiento de tensión, oposición y huida, como ha sido descrito en ocasiones. Stephen no sólo se opone a estos contextos, sino que es moldeado por ellos, y de cada uno se apropia algo que hace suyo. Por ejemplo, rechaza la religión católica como doctrina y como visión del mundo; pero su propia concepción del arte y de sí mismo como “priest of the imagination” está imbuida de catolicismo (si bien en cuanto a sus aspectos externos y rituales más que en su doctrina profunda).

Uno de los textos que mejor articulan este interés de la crítica por la ruptura de los lazos descritos más arriba es el libro de Marguerite Harkness A Portrait of the Artist as a Young Man. Voices of the Text, de 1990. Harkness ofrece una panorámica de todo lo que se ha dicho hasta ese momento en cuanto al tema de las “redes” o “voces” que se disputan a Stephen, y que identifica con la Iglesia, la familia, el nacionalimo irlandés, etc. A continuación expone su método de investigación, que consiste en inspirarse en la estructura del primer capítulo, para ella similar a la de los cuentos de hadas, a partir del cual analiza el resto del libro: "the context of fairy tales, then, can shape our reading of this novel from start to finish, helping us create a tale of threat, intercession, transfiguration" (p. 49). Se trata de un análisis a nuestro juicio lastrado por su propia voluntad de reducir la obra a una síntesis imposible dada la riqueza de temas que suscita.

Los “temas” del Portrait han sido también tratados desde el punto de vista socio-político, como resume el artículo de Williams, “Dominant Ideologies. The Production of Stephen Dedalus", de 1984, que analiza A Portrait como la construcción de una ideología propia a partir de la lucha con otras ideologías agresivas. Williams entiende ideología en el sentido marxista clásico de justificación de una forma monolítica de percepción de la realidad (Iglesia, Patria, etc.), todas inaceptablemente limitadas en opinión de Stephen. El panorama socio-político que dibuja Williams es desolador; el resultado de su análisis de las ideologías dominantes (producidas por el colonialismo británico y la Iglesia Católica) a lo largo de todo el libro es el siguiente:

Intellectually what is produced is a world view, visible in Uncle Charle's resignation or in Simon Dedalus's paralyzed view of the past, or, more ingratiatingly, in the invitation o S to "be one of us" — that is, to join the intellectual elite which will help reproduce this very same world view. Physically, the paralysis induced by the Catholic colonialist axis is present in the numerous descriptions of decay in the novel. Morally what is produced is the sense --coming under Joyce's rubric of "betrayal" — that everything is up for sale: jobs, sex, romantic love, friendship, certain forms of art, politics, patriotism, and, above all, religion (p. 319)

Los demás críticos se habían ocupado del efecto de estos contextos en Stephen y su ansia de escapar; Williams utiliza estas ideas para descubrir la parálisis de una sociedad corrupta tan prisionera de sus “redes” como Stephen. El punto de vista marxista ofrece por oposición una narrativa alternativa que nunca llega a realizarse en la obra, como veremos con Comens.

El artículo de Comens, "Narrative Nets and Lyric Flights in Joyce´s A Portrait", de 1992, hace una reinterpretación postmoderna del tema de la ruptura. Las redes son las narrativas que intentan dominar a Stephen y de las que no puede escapar hasta que no logra construir él su propia narrativa, proceso que según Comens sucede a través de lo que denomina “escapadas líricas” de Stephen. Los contextos social, político, etc. hacen uso de una mediación lingüística (narrativa) equivalente a una afirmación de su autoridad, en la que Stephen se ve atrapado y de la que sólo puede escapar interrumpiendo este flujo constante de narrativa con escapadas líricas. Ejemplos de estas interrupciones serían el encuentro con la prostituta, la visión de la chica-pájaro y la villanelle, con las que la idea de mujer y lo lírico quedan definitivamente unidas; en palabras de Comens, "the lyric moments, in dissolving narrative, tend to erase the boundaries that establish identity" (p. 304).

Comens sostiene que si Stephen hubiese intentado responder con otra narrativa, la de su “impossible permanent and static lyricism” (p. 310), la huida hubiera resultado infructuosa, pues la “master narrative of liberation” es también una cárcel limitadora de la que es muy difícil escapar. La solución, ilustrada por la vida y obra posteriores de Joyce, es “the interaction of narrative and lyric (and recognizing the humor of the situation)”, algo que parece definir el Finnegans Wake (p. 310).

Para cerrar este apartado de análisis “temático”, hemos de ocuparnos de los estudios mitológicos, un asunto de gran importancia en la crítica joyceana. Algunos autores se han ocupado del trasfondo céltico en el Portrait, pero la mitología que más ha inspirado a la crítica desde un principio ha sido sin duda la de la Grecia clásica, inspirados por el apellido de Stephen. La posterior aparición de Ulysses y el tema de sus correspondencias homéricas renovaron el interés de los estudiosos por buscar ecos mitológicos en toda la obra de Joyce.

Jean Paris es el autor del influyente James Joyce par lui-même, de 1957, en el que hace un apasionante recorrido histórico por el concepto del laberinto y la interpretación mitológica de la figura de Stephen inspirado por sus similitudes con Teseo, Telémaco y Dédalo. Posteriormente Hayman continuaría este interés con su análisis de los temas amenazadores del Portrait (las diversas fuentes de autoridad) como monstruos del laberinto que en cada capítulo Stephen ha de vencer y que se revelan siempre como ridículos en el siguiente. La caracterización mitológica de sus problemas y su contexto social adolece de un maniqueísmo simplificador que impide que Stephen se desarrolle plenamente como individuo:

Until Daedalus and Icarus (and Lucifer and Christ) are reconciled or synthesized in Stephen's mind, until he recognizes in himself the element of humanity and acknowledges the values with which he is surrounded and his own intellectual and emotional commitment to those values, until, that is, he recognizes the nature of the labyrinth as an essential aspect of man's condition, he will not be able to use the wings or realize his potential as artist and as human being (1964: 53).

No podemos estar más de acuerdo con esta opinión, relacionada con la que enunciábamos al principio de este apartado: A Stephen le lastran sus propias dicotomías y su incapacidad para reconocer que no puede rechazar categóricamente estas “redes”, pues son parte de él.

La alternancia entre Cristo y Lucifer es muy útil para ilustrar el tipo de contradicciones y oposiciones en que se ve envuelto Stephen. Estamos de acuerdo con Mahaffey cuando afirma que Joyce no es postmoderno, puesto que se sigue basando en oposiciones binarias, si bien le gusta darles la vuelta. La crítica ha ignorado que:

Joyce instigates a dialogue between traditional or logocentric methods of interpretation and those that have been excluded; between rational, scholastic logic and the unschooled apprehension of complex interconnection; between an ethos of individualism and an ethos of community; between the world defined as "male" and its "female" complement; between the referentiality of language and its materiality; between conscious and unconscious desire. (1988: 3-4)

El joven Stephen no es totalmente consciente de esto, y el Portrait se mueve en esta tensión constante entre el individuo y su contexto, una tensión que determina la novela, no sólo temáticamente, sino también en cuanto a su lenguaje.

Autor y licencia de '¿Abismo entre investigación literaria y su docencia? - La recepción crítica de A Portrait (I)'
Susana Pajares Tosca Extraído de: http://www.ucm.es/info/especulo/numero23/joyce1.html CopyLeft
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