



Texto como texto
La tercera parte de nuestro examen crítico agrupa los trabajos que se han centrado en la génesis textual del Portrait, prestando especial atención a Stephen Hero y al tema de la intertextualidad, es decir, cómo la novela se relaciona con otros textos externos. Estos dos aspectos han merecido la atención de la comunidad crítica un tanto secundariamente, pues las obras que verdaderamente preocupan a los críticos en cuanto a su génesis y su intertextualidad son Ulysses y Finnegans Wake.
Génesis textual/Stephen Hero
A Portrait es un caso especial en cuanto a las posibilidades que ofrece para lo que se ha dado en llamar estudio “genético” de los textos literarios, ya que es la “segunda versión” de una obra que conservamos en parte, Stephen Hero, y con la que Joyce estaba tan insatisfecho estilísticamente que decidió comenzarla de nuevo (y destruir la antigua) para expresar mejor sus ideas. La comparación estilística de ambas obras es una tentación inevitable, puesto que al preguntarnos en qué son diferentes podemos entender mejor las intenciones de Joyce con respecto al Portrait. Pero además existen toda una serie de materiales (manuscritos, notas, escritos previos, etc.) que la crítica genética tiene en cuenta a la hora de analizar el nacimiento textual del Portrait.
El trabajo más notable en cuanto al origen del Portrait sigue siendo el que realizaran Richard M. Kain y Robert Scholes en 1965, con el título The Workshop of Daedalus: James Joyce and the Raw Materials for A Portrait of the Artist as a Young Man. Esta obra está dividida en tres partes: un estudio de los manuscritos de Joyce en los que se basó para escribir el Portrait, una parte biográfica con opiniones de personas que conocieron a Joyce en esa época, y una colección de materiales externos: las fuentes de las ideas de Joyce sobre poesía y el arte literario en general.
La primera parte reproduce los manuscritos joyceanos siguientes: el cuaderno de epifanías de Joyce (algunas narrativas, otras dramáticas), notas con versiones distintas de algunas escenas del Portrait, los cuadernos llamados de Paris (notas sobre estética), de Pola (sobre la teoría estética), y de Trieste (sobre Stephen Hero), además del ensayo de dos mil palabras que Joyce publicó en la revista Dana y que se considera el antecedente más antiguo del Portrait, anterior incluso a Stephen Hero. La selección de materiales evidencia el interés por la teoría estética, acorde con el resto de la crítica, aún a riesgo de dejar otros aspectos un tanto descuidados.
La segunda parte, estrictamente biográfica, no nos interesa puesto que no pensamos que Stephen sea Joyce, con lo que no creemos que resulte fructífero trazar paralelismos entre las vidas de uno y otro.
La tercera parte también está recopilada en función de la preocupación por la teoría estética expuesta en el Portrait y la validez de Stephen como poeta. Scholes y Kain recogen textos de autores como Santo Tomás, Shelley, Flaubert, Wilde o Yeats, todos ellos presentes explícita o implícitamente en el Portrait, además de fragmentos del Nuevo Testamento (sobre San Esteban), el fragmento de las metamorfosis de Ovidio del que Joyce extrae su cita de apertura, algún texto de Sócrates, etc. En general esta obra sigue escrupulosamente las ideas de Stephen en su recopilación de material, con lo que una gran parte de lo recopilado explica la conversación en la que Stephen expone su teoría estética, pero no el método de composición del Portrait, pues este es a nuestro juicio completamente distinto, según hemos analizado en el apartado 2.1.1. de este artículo.
En general, todos los estudiosos que han tratado el tema han seguido a Scholes y Kain, como por ejemplo Melchior en Stephen Hero: Textentstehung und Text. Eine Untersuchung der Kompositions - und Arbeitsweise des frühen James Joyce, de 1988. Esta tesis realiza las correspondencias párrafo a párrafo entre el ensayo de Dana, las epifanías, los cuadernos que edita Scholes y Stephen Hero y A Portrait, para llegar a la conclusión de que hace falta una edición experta de Stephen Hero donde estas comparaciones se hagan evidentes. La misma postura encontramos en el trabajo de Adam Morris, quien en el XVII International James Joyce Symposium celebrado en junio de 2000 en la Universidad de Londres presentó una ponencia titulada "The Hypertextshop of Daedalus: Groundwork for a Hypermedia edition of Joyce's Epiphanies"; en el que afirma que el mejor modo de mostrar todas estas correspondencias sería una edición digital de las epifanías. A nuestro juicio, este tipo de aproximaciones no resultan muy interesantes, pues las epifanías fuera de contexto no dicen nada, sólo son significativas cuando Joyce las ha integrado en la obra haciendo uso de su potente simbología propia.
Algo mucho más interesante y de lo que apenas nadie se ha ocupado es la enorme diferencia estilística entre Stephen Hero y A Portrait; una exploración de estas divergencias sí que revelaría mucho acerca de la obra de Joyce, y es a lo que apunta MacCabe cuando compara ambas obras afirmando que
The first (SH) is caught within narratives and the classic realist text, the second (AP) announces a fresh start, which has no beginning, and offers a rhythmic destruction (deconstruction) of the previous economy of discourse. (1978: 52-53)
En general, pensamos con Hans Walter Gabler que la crítica genética da por supuestas demasiadas cosas acerca de lo significativo de sus hallazgos. Como ejemplo afirma que el ensayo de Dana no es seminal como se ha dicho tantas veces, porque el análisis de la correspondencia de Joyce prueba que les leía trozos de Stephen Hero a su familia desde mucho antes de junio de 1904, en que se publica el ensayo. Es decir, que empezó la novela antes de escribir el ensayo. Independientemente de que esto sea cierto (o que como afirma Anderson el ensayo se escribiera en enero de ese año, v. nota 27), el interés de la comparación entre ambos textos ha de buscarse en lo que estos revelan, y no exclusivamente en sus fechas de publicación, como sucede tantas veces. Pero no todos los textos “genéticos” del Portrait son igualmente interesantes, ya que la mayoría resultan muy poco reveladores al estar totalmente sacados de contexto.
Intertextualidad
Aunque la mayoría de estudios intertextuales acerca del Portrait lo relacionan con obras de otros autores, hay una tendencia constante en la crítica joyceana que implícitamente considera la novela como un embrión un tanto tímido de todo lo que Joyce desarrollaría en sus obras posteriores. En los estudios generales sobre Joyce se da por sentado que el Portrait es una obra menor, por eso es interesante el trabajo de Robert S. Ryf, que en 1962 publica A New Approach to Joyce. The Portrait of the Artist as a Guidebook. En esta obra Ryf intenta demostrar que el Portrait prefigura todo lo que hará Joyce después, y que ya se encuentran presentes las innovaciones estilísticas más radicales igual que los temas fundamentales de Joyce. A pesar de que creemos que exagera al atribuirle al Portrait una madurez quizás exagerada, su análisis del lugar de la novela en el conjunto de la obra de Joyce resulta muy interesante. Según él, Dubliners examina las redes que mantienen prisionero al hombre: nacionalidad, lenguaje y religión; A Portrait es el primero de los círculos concéntricos hacia fuera para escapar de esta cárcel, y se centra en la propia identidad examinada desde un punto de vista irónico (afirmación novedosa en esta época); Ulysses es el segundo círculo y se centra en el Hombre Moderno en general, y Finnegans Wake es el círculo exterior, dedicado a la Historia Humana (p. 59).
Sin embargo, la aportación de Ryf ha quedado bastante aislada al no haber sido secundada por la crítica en absoluto, que cuando se ha ocupado de la intertextualidad en A Portrait lo ha hecho desde el punto de vista más clásico de su carácter de palimpsesto, por las reminiscencias de textos anteriores y su influencia sobre textos posteriores, como señala Kestner (1978). Este es el tipo de análisis que han realizado autores como Kaye (1962), que trata el tema de los ecos del Nuevo Testamento en el Portrait (con Stephen como Jesucristo y Cranly como Juan Bautista), cayendo en algunas exageraciones interpretativas; Feshback, que analiza el interés de Joyce por el personaje de Dédalo y lo rastrea en fuentes biográficas, en Ruskin e Ibsen (1971); o Parrinder (1988), que encuentra en el Portrait ecos de Wordsworth, Pater, Ibsen y Wilde.
El estudio de las influencias se convierte en algunos casos en acusaciones de plagio o de “adaptación demasiado fiel” de algunos textos, que ciertos críticos descubren en Joyce. Por ejemplo, varios críticos se han preocupado por señalar que el origen de los sermones del infierno del capítulo III del Portrait es un plagio de una obra de un jesuita italiano del siglo XVII (Giovanni Pietro Pinamonti). Estos sermones, junto con la obra de S. Ignacio de Loyola (en la que Joyce también se inspira), son según autores como Van Laan (1964) vitales para comprender la estructura del Portrait:
The whole novel effects a kind of secularized spiritual exercise carrying its central figure through the progressive stages of memory, understanding, and will. Ignatius directed the meditator should always end his exercise with a Pater Noster. Significantly --in the final sentence of the Portrait-- (...) Joyce creates a parody of hte Pater Noster (p. 12).
La idea de Van Laan resulta fructífera e inspirada porque su aplicación de los Ejercicios Espirituales al estudio del Portrait revela nuevas e interesantes relaciones, pero esto no quiere decir que sin esta comparación no se entienda la novela. En “Sermon as massproduct: “Grace” and A Portrait”, Cheryl Herr considera que la obsesión por encontrar correspondencias y plagios de cierta parte de la crítica es completamente irrelevante (estamos de acuerdo con ella), ya que lo que importa es el modo en que Joyce usa los préstamos, si es que lo hace. Por ejemplo, en el caso de los sermones “plagiados” de Pinamonti, lo importante no es hacer notar ese hecho, sino que Joyce utiliza esos sermones para ilustrar como la Iglesia trata de aislar a sus fieles de todo contexto social excepto del suyo:
The issue of plagiarism becomes ludicrous in the light of this recognition, for quotation and allusion are for Joyce always the way toward dissection of culture and exposure of institutional control of the individual (1992: 93)
Ese es el tipo de análisis intertextual que nos dice algo nuevo sobre la novela, y no la mera colección de “plagios” o influencias sin análisis alguno. Se puede no estar de acuerdo con la postura ideológica de Herr, pero al menos ofrece una interpretación. Su obra más valiosa en este sentido es el libro Joyce’s Anatomy of Culture, que publica en 1986; en el que examina los medios populares en la obra de Joyce (el periódico, la pantomima, el musical, etc.) desde una perspectiva Jamesoniana, para averiguar cuál es la "dissection of social forces in early modern Ireland" (p. ix). En relación con el Portrait, se ocupa sobre todo de la Iglesia como fuerza social represora, que es su función más destacada en la novela en lugar de su supuesto papel como guía espiritual:
Portrait places the church at the heart of the culture's predilection for binarisms such as good/evil, human/animal, saved/damned, and liberated/entrapped. In doing so, Joyce's narrative portrays the community's belief that the moral and spiritual dichotomies of religious doctrine provide intellectual power over existential ambiguities. (...) But Stephen rejects this offer and the isolation of the priesthood to plunge into the contradictions of cultural experience (p. 251).
Estamos de acuerdo con la primera parte de su conclusión, pero no con la segunda, ya que Stephen rechaza las dicotomías oficiales sólo para construir las suyas propias, igualmente rígidas, cuando decide ser un “priest of the imagination”.
Otra de las formas productivas de acercarse a la intertextualidad es la de Kershner, que en Joyce, Bakhtin and Popular Literature. Chronicles of Disorder, de 1989, aplica la teoría bajtiniana del dialogismo a la obra de Joyce y se ocupa de buscar correspondencias dialógicas intertextuales e intratextuales. En el Portrait, cualquier texto con el que entra en contacto (por ejemplo, El Conde de Montecristo) afecta la naturaleza de su propia narración, que incorpora la influencia a su discurso. A Portrait está compuesto de una gran multiplicidad de géneros (p. 153), como la novela escolar estilo Tom Brown, la novela sobre lectores como Don Quijote o Madame Bovary, la de aventuras románticas a la manera de El Conde de Montecristo, etc. Stephen es un "product of his own listening and reading" (p. 162), y su relación con el mundo es puramente lingüística: al principio repite los textos de otros hasta que va encontrando su propia voz.
El Autor
Este epígrafe no es muy extenso en comparación con los demás, porque el tema autobiográfico no nos interesa para nuestro análisis. A pesar de que determinados hechos de la vida de Stephen sucedieron también en la vida de Joyce, esta no explica aquella, ya que el autor utilizaba su vida como material artístico que transformaba a voluntad para mostrar unas ideas. No se trata de una autobiografía.
Lo autobiográfico
Si bien los primeros críticos del Portrait tomaron la novela como una autobiografía (de ahí gran parte de las acusaciones de obscenidad), según recoge Kershner en su introducción (1993: 221-224), el interés por lo biográfico en la obra de Joyce no se dispara hasta que no aparece la biografía monumental de Ellmann en 1959. A pesar del reconocido peligro de la “biographical fallacy”, el impacto del trabajo de Ellmann fue enorme; como recoge de nuevo Kershner:
Trained as a New Critic, Ellmann nonetheless “read” Joyce’s life as if it were a literary text. Given a writer whose life and work were as intimately intertwined as they were in the case of Joyce, this approach proved to be extremely convincing, especially as Ellmann skillfully interwove literary interpretation with biography throughout. (1993: 229)
Ellmann se ocupó del Portrait en otros artículos aparte de en la biografía. Por ejemplo en “The Structure of A Portrait”, de 1968, introduce una nueva interpretación biográfica cuando afirma que Joyce decidió abandonar Stephen Hero y comenzar A Portrait justo después del nacimiento de su hija Lucía, de ahí la imagen del alma de Stephen desarrollándose como un embrión (p. 39). En “A Portrait of the Artist as a Friend”, que se publica en 1988, observa cómo la obsesión de Joyce de que sus amigos le traicionaban siempre se refleja en su obra.
Las interpretaciones de Ellmann son convincentes y se apoyan en investigaciones exhaustivas, pero a menudo los que le siguen en el tema autobiográfico carecen de su solidez crítica. En general, a excepción de Ellmann, no hemos encontrado ningún trabajo en esta línea que resulte mínimamente interesante, si bien el tema de las correspondencias biográficas es uno de los que nunca faltan en las guías pedagógicas sobre el Portrait, como detallamos más abajo.
Junto con Buttigieg (1987: 42) y con Kenner antes que él (1956: 137), queremos insistir en que Joyce no es Stephen, y que los trabajos que tratan de analizar el Portrait aplicándole las teorías de Stephen o buscando claves en la vida de Joyce no nos parecen relevantes.
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