La actividad económica y productiva de las Pyme industriales desde comienzos de los años noventa ha estado inmersa en un proceso de fuertes cambios macroeconómicos y regulatorios. Estas transformaciones nacionales fueron acompañadas, además, por cambios en el contexto económico, comercial y tecnológico internacional. El proceso de integración MERCOSUR es uno de los nuevos condicionantes del escenario económico regional y, si bien no es el que más ha afectado a las firmas durante los primeros años de la década del noventa, está teniendo una repercusión estructural en la conducta productiva de las empresas, en la definición de sus estrategias futuras de negocios y en las decisiones de inversión. Así, el MERCOSUR ha dejado progresivamente de ser percibido solo como un factor de mayor presión competitiva y comenzó a ser considerado como un amplio abanico de nuevas oportunidades comerciales y opciones productivas (acuerdos de complementación empresarial, posibilidades de subcontratación, fusiones empresariales, extensión vía licencias).
Si bien las Pyme fueron adaptándose a las coyunturas económicas y de mercado que confrontaban, las modificaciones del contexto macroeconómico, regulatorio y tecnológico - incluido obviamente el proceso de integración MERCOSUR - las colocan hoy ante una situación de naturaleza distinta, que afecta a las raíces mismas de la empresa, sus objetivos, su modalidad de funcionamiento y toma de decisiones, sus ventajas competitivas y las capacidades y recursos requeridos, entre otras cosas. El hecho de que prácticamente “no hay retorno” a la situación anterior sin un altísimo costo, debido a las decisiones e inversiones concretadas, se manifiesta en lo mucho que preocupa la aparición de controversias comerciales, disputas administrativas aduaneras e incertidumbres macroeconómicas a los empresarios que avanzaron exitosamente en el MERCOSUR y que progresivamente lo adoptaron como el ámbito de sus negocios y su espacio de competencia.
Se estima que, alrededor de un 60% de las Pymes localizadas en el MERCOSUR están expuestas a las consecuencias del proceso de integración, tanto por la apertura de nuevas oportunidades comerciales y productivas como por el aumento de la amenaza y presión competitiva de empresas de otros países [x]. El grado en que ellas se ven afectadas en forma positiva o negativa varía mucho entre diferentes sectores y países; obviamente, la situación de una Pyme radicada en un país cuyo mercado, gracias al MERCOSUR, crece entre 10 y 15 veces, no es la misma que la de aquella instalada en Brasil, donde el MERCOSUR puede tener un impacto muy menor [xi]. A diferencia de lo que acontece con otros agentes económicos (muy pequeños productores rurales y urbanos), las Pymes industriales no orientan su producción hacia actividades marginales o exclusivamente hacia segmentos de mercado de bajos recursos. Si bien algunos de estos espacios se han constituido en refugios transitorios cuando las Pymes se ven desplazadas de sus mercados originales, la mayoría de las empresas opera en áreas de producción que están vinculadas internacionalmente por el comercio y la innovación tecnológica. Sin embargo, esta situación aún no ha afectado en gran medida los rasgos particulares y específicos de las Pymes industriales del MERCOSUR, que probablemente evolucionen de forma más lenta y pausada. En otras palabras, el proceso de transformación macroeconómica, apertura externa e integración no ha conducido, necesaria ni automáticamente, a una situación de creciente homogeneidad empresarial, si bien las empresas han perseguido objetivos generales semejantes (por ejemplo, mejoramiento de la calidad o acercamiento a la frontera técnica que han alcanzado competidores más adelantados).
Como señala reiteradamente la bibliografía internacional, las Pymes son “genéticamente” agentes económicos distintos a las compañías de mayor tamaño y exhiben diferencias que no radican sólo en los tamaños absolutos, sino en características de su propia naturaleza y en aspectos de su funcionamiento y de su gestión económica [xii].
Pero, a la vez, las Pymes están integradas en la estructura productiva manufacturera y reguladas por el entorno global de los negocios, tienen relaciones directas (proveedor) e indirectas (difusión tecnológica) con empresas más grandes y compiten en el juego de mercado con empresas semejantes o mayores, industriales o comerciales, nacionales y extranjeras.
El impacto del MERCOSUR en las Pymes es muy variado y desigual, en correspondencia con la heterogeneidad propia de este sector. Tal rasgo no es exclusivo de las Pymes en el MERCOSUR, sino que se observa también en la realidad empresarial y de negocios en otros países [xiii]. Por tal razón, los desafíos que se reseñan aquí reflejan en mayor medida la preocupación de los pequeños y medianos empresarios a los que el proceso de integración afecta directa y apreciablemente.
Para otras Pymes (de sectores poco transables o localizadas en regiones a las que impacta el MERCOSUR) las exigencias empresariales son de diferente naturaleza.
En los últimos años se han realizado varios trabajos [xiv] sobre la dinámica competitiva de las Pyme, basados en entrevistas empresariales y la elaboración de información específica sobre factores de ventajas competitivas que permiten inferir los principales desafíos empresariales de mediano plazo y agruparlos en cuatro grandes bloques: i) la reestructuración del “negocio” de la firma, compatible con el escenario económico y productivo resultante del proceso del MERCOSUR; ii) el reposicionamiento competitivo frente al mercado ampliado y el inicio de un proceso de internacionalización; iii) una actualización tecnológica que permita confrontar la presión competitiva externa en el MERCOSUR, y iv) el aprovechamiento de las nuevas oportunidades emergentes en el MERCOSUR, especialmente las derivadas de nuevas inversiones.
Si fuese posible construir un cuadro de fortalezas y debilidades de las Pyme industriales en los antiguos mercados nacionales, a la luz del actual proceso de integración MERCOSUR, muy probablemente se observaría un cierto desequilibrio entre las fortalezas técnico-productivas y las debilidades de gestión [xv] . Las Pyme se originaron mayoritariamente en las competencias técnicas de sus dueños, en conocimientos tácitos y habilidades productivas de empresarios y operarios, en destrezas vinculadas a cómo fabricar un determinado bien y cómo resolver —dentro de cierto rango— los problemas técnicos que los clientes y el mercado fueron planteando.
El “gobierno” de las empresas se ejercía desde el piso del taller o fábrica. En las últimas décadas, especialmente, las empresas —sus dueños— comenzaron a aprender a desenvolverse en situaciones de incertidumbre económica, inflación y horizontes de muy corto plazo. La respuesta de las Pyme apuntó a fortalecer su gestión financiera, concentrando sus esfuerzos de gestión en evitar que la inestabilidad y la incertidumbre afectasen de modo decisivo la vida económica de la firma y de los propios dueños. En casos extremos, muchas empresas, inclusive pequeñas y medianas, lograron aprovechar las diferentes coyunturas económicas, y crecieron sobre la base de usufructuar del clima incierto y volátil de los negocios. El actual escenario, a diferencia de las dos situaciones sintetizadas anteriormente, necesita otros saberes y competencias, un nuevo proceso de aprendizaje y de desarrollo de las capacidades requeridas por las nuevas condiciones de funcionamiento.
Las nuevas oportunidades emergentes en el MERCOSUR derivan de nuevas inversiones y de la configuración de “cadenas industriales regionales de valor”.