Como sabemos, se trata fundamentalmente de una telaraña de redes informáticas interconectadas por la que circula y en la que se almacena un inagotable caudal de información continuamente actualizada, a la que se accede por medio de un microordenador multimedia equipado con ciertos dispositivos que hacen posible llevar a cabo las distintas operaciones. Básicamente, la Internet es un entorno en el que convergen imagen, sonido y texto con medios de entablar contacto a distancia con otros usuarios. Es decir, desempeña una función doble: por un lado actúa como un canal de información y por otro como un canal de comunicación.
En primer lugar, como informante, nos permite el acceso no lineal mediante enlaces a páginas de información textual, sonora y audiovisual almacenadas en formato hipertexto en el ciberespacio. Esta posibilidad de acceder por hipersalto a información de diversa índole potencia el autoaprendizaje, ya que es el usuario quien fija sus objetivos y determina su camino, no la red (Tejada, 1997). Al mismo tiempo, aumenta la rapidez con que pueden llevarse a cabo las tareas encomendadas o asumidas. Sin embargo, el hipersalto también tiene sus desventajas. La lectura no secuencial no es fácil (Soria Pastor, 1996), y menos para un estudiante inexperto en la lengua meta y sin estrategias compensatorias ni experiencia con el contexto cultural (Bueno, 1997). Así, por ejemplo, un estudiante de nivel elemental que de pronto se encuentra cara a cara con material mucho más difícil que los textos cortos, generalmente con imágenes, a que está acostumbrado, puede sentirse muy desorientado. Este cambio brusco es lo que Kramsch (1985) llama un desfase injusto. Por otra parte, sin el ‘filtro’ del profesor, la inmensidad misma de la información disponible y la dificultad del idioma puede apabullar al internauta y reducir su motivación. En general, yo diría que esta actividad es adecuada para estudiantes en niveles más avanzados.
Con la ayuda de ‘navegadores’ (browsers) y programas de búsqueda (search engines), es posible navegar por el ciberespacio en busca de todo tipo de información y hasta podemos encontrar cursos completos de idiomas o lecciones y ejercicios preparados de antemano por profesores para sus alumnos. ¡Ojo! Los materiales comerciales no siempre son elaborados por profesionales de la lengua y muchas veces carecen de valor didáctico. En cuanto a los materiales confeccionados por otros profesores, no debe olvidarse que éstos los diseñaron ‘a su horma’, de acuerdo con sus necesidades, y que ellas no necesariamente se ajustarán a las nuestras.
De la misma manera podemos consultar las ediciones en línea de algunos periódicos (El País, en España [http://www.elpais.es/], o Clarín, de Argentina [http://www.clarin.com/]) o publicaciones informáticas (los diccionarios electrónicos, como el Anaya, ofrecen un mundo de posibilidades [http://www3.anaya.es/diccionario/diccionar.htm] ), acceder a importantes bases de datos como los catálogos de bibliotecas, o mantenernos al día escuchando las noticias transmitidas en directo por diversas cadenas de radio y televisión [http://www.rne.es]. Claro que hay que tener una noción mínima de lo que se quiere. ¿Qué diría Borges? En cierto sentido, es como si su "Biblioteca de Babel" fuese ya una realidad... Huelga señalar el gran potencial didáctico de esta macro-medioteca para la ejercitación de la comprensión lectora y auditiva y como nutrida fuente de materiales de apoyo o material complementario auténtico. La otra gran ventaja es que en cualquier momento estos materiales pueden integrarse con otras herramientas como procesadores de textos, correctores ortográficos o gestores de correo electrónico y ser aprovechados de distintas maneras para desarrollar y ejercitar diversas estrategias y destrezas de aprendizaje. Por estos motivos, en el caso de los profesores de E/LE que se encuentran lejos de un país de habla hispana y con difícil acceso a materiales auténticos, la Internet constituye un inapreciable manantial de materia prima lingüística auténtica para la elaboración de materiales didácticos.
Pero, ¿por qué limitarnos a recabar información solamente? Con una pequeña inversión de esfuerzo (aprender html), cada uno de nosotros puede confeccionar su propia página-web y transmitir la información que desee. Para la enseñanza-aprendizaje de idiomas, esta función es ideal para la realización de ambiciosos proyectos de colaboración en el marco del enfoque por tareas, amén de la ejercitación de la expresión escrita. A mí como docente, personalmente me atrae la posibilidad de aprovechar este medio para elaborar una especie de tablero de anuncios a través del cual los estudiantes pueden mantenerse al tanto de todas las minucias pertinentes al curso: fechas importantes, currículo, deberes, resúmenes de lecciones, ejercicios, etc. Además de ahorrar tiempo, nos libera del tedio de atender a una serie de detalles administrativos durante la clase. Mucho más importante son las posibilidades que nos ofrece de reintroducción y reactivación de los puntos principales tratados en clase, que ayudan a un estudiante forzado a ausentarse a seguir por lo menos el hilo del programa y no quedar irremediablemente rezagado, y a la vez suponen una verdadera descarga laboral para el profesor. Esto es de particular trascendencia en un país como Israel, donde circunstancias fuera del control del entorno educativo (el servicio militar en las reservas) imponen a los estudiantes ausencias prolongadas del aula, por las que no deben ser penalizados. De modo que cuando vuelve el estudiante, el profesor a menudo debe dedicar mucho tiempo y esfuerzo a ayudarle a recuperar el material perdido. Actualmente se están explorando también las posibilidades de aprovechar la multiplicidad y flexibilidad del medio para organizar cursos a distancia para niños sometidos a largos períodos de hospitalización.
En cuanto a su papel como interlocutor, Internet nos ofrece la posibilidad de establecer comunicación sincrónica o asincrónica con personas a miles de kilómetros de distancia y en un horario diferente. Dicho de otra forma, la Internet rompe las barreras de tiempo y espacio y permite que nos comuniquemos a nuestro antojo con usuarios en cualquier rincón del mundo: es decir, reorganiza la interacción comunicativa entre las personas (Picó, 1997). Todo esto no podía sino cambiar nuestro concepto de interactividad, extendiendo los límites de la misma (y de la educación en general) fuera de los confines del aula (Cole y Griffin, 1987) hasta la intimidad del hogar, por ejemplo, desde donde, arropado en el manto protector de su entorno privado, el estudiante puede conectarse con su profesor, con sus pares, con hablantes nativos o expertos no nativos en la lengua meta. Y si lo prefiere, en el anonimato absoluto. Porque la gran ventaja de la comunicación por Internet es que nos permite asumir la identidad virtual que queramos y modificarla según se nos dé la gana; eres lo que escribes (o dices), sin ningún detalle paralingüistico que te pueda delatar. Aunque tengo muchas reservas respecto a este aspecto, debo reconocer que las posibilidades de intimidad o de anonimato que ofrece el medio pueden surtir un efecto positivo, ayudando a estudiantes a vencer la timidez o el miedo al ridículo en clase al proporcionarles un entorno con menos presiones y distintas posibilidades de interacción y comunicación. Diversos estudios han demostrado que estos factores parecen conducir al aumento de la expresión escrita y favorecer el trabajo cooperativo (Bump, 1990). Por su parte, la Internet le brinda al profesor la oportunidad de dedicar más tiempo a estudiantes que lo necesiten y la flexibilidad de dirigirlos a distancia, facilitando así el trabajo individual y su progreso. En un país con poco acceso a exponentes correctos de la lengua, estas consideraciones cobran aún más peso.
No obstante, para los profesores de lenguas lo más significativo es el hecho de que, a diferencia de otros recursos de ELAO que crean la ilusión de comunicación real pero de facto no hacen más que simular artificialmente la interacción humana en base a materiales y mecanismos preprogramados, la Internet efectivamente la hace posible y es más, a través de la comprensión y la expresión oral y escrita en la lengua meta. Por medio de los distintos mecanismos --síncronos y asíncronos-- de la Internet, el estudiante de idiomas puede entrar en contacto más o menos instantáneo con numerosas comunidades virtuales de hablantes nativos o expertos no nativos en la lengua meta y al mismo tiempo verse expuesto a miles de muestras del uso del lenguaje fresco y vivo, con errores y todo. Es decir, se trata de un discurso auténtico.
En muchos sentidos, entonces, vemos que la Internet se conjuga perfectamente con algunos de los presupuestos teóricos comúnmente reconocidos en el ámbito de la adquisición de lenguas. La Internet proporciona un entorno conducente al aprendizaje de lenguas porque propicia algunas de las condiciones claves para su adquisición, tales como: a) el diálogo social que enfatizan los constructivistas como Vygotsky (Picó, 1997); b) el baño de inmersión en la lengua meta (Oller, 1996) a través de materiales auténticos (Little, et al.,1989); c) la posibilidad de experimentar con y en la lengua meta por medio de actividades comunicativas relevantes (Van Patten, 1991); d) el contexto sociocultural imprescindible para la competencia comunicativa en la lengua meta a través de esquemas de interacción compartidos (Miquel, 1997); la participación periférica legítima del aprendiz en las actividades de la comunidad de hablantes o practicantes de la lengua meta (Lave y Wenger, 1991). Este último punto es particularmente significativo en el contexto de la enseñanza-aprendizaje de una lengua extranjera en un país donde se habla un idioma distinto al de la lengua meta y con escasas posibilidades de contacto con manifestaciones de la misma. Dentro de este marco, la utilidad del correo electrónico y otros mecanismos de comunicación asíncrona por Internet adquiere singular importancia en el proceso de enseñanza-aprendizaje del E/LE.