La revolución de la información se sustentó en la capacidad de almacenar y procesar información digital. A esto se añadió rápidamente la capacidad de trasmitir información digital. Este nuevo "ámbito electrónico" cree un "espacio de trabajo virtual" que se une al tradicional.
Las tecnologías de información sustentan su actividad en tres procesos: almacenamiento, procesamiento y transmisión. En los últimos 15 años, ha crecido la capacidad de almacenamiento, procesamiento y de acceso a Internet de las computadoras personales en más de 100 veces. De forma aproximada, la capacidad de la computadora personal se duplica cada 18 meses, período durante el cual el precio de sus componentes se reduce a la mitad.
Las tecnologías de manipulación de información son inherentes a las bibliotecas porque su objeto de trabajo es la información, es lógico que una revolución o un desarrollo acelerado de dichas tecnologías halla generado una revolución dentro de este tipo de instituciones.
A lo anterior se une la emergencia de un paradigma económico, donde el estudio de los mercados, las finanzas y, sobre todo, la información tienen una importancia vital, superior a la de otros insumos considerados hasta hace poco tiempo como los más decisivos en la vida de una organización.
Dicho modelo se introdujo en el sector bibliotecario más tradicional, como resultado, en gran parte, de las presiones que experimentó el sector público en general para hacer más eficiente su labor. Ello, le obligó a la adopción de las experiencias de trabajo de las bibliotecas ubicadas en el sector industrial y comercial, con mayores niveles de eficacia en su trabajo.
La conversión de la ciencia en una fuerza productiva inmediata con una importancia determinante para la industria y después para el comercio llevó a la creación de entidades de información en estos sectores. Estas se permearon durante años de un ambiente muy diferente al que se habían desarrollado históricamente las bibliotecas tradicionales, custodios de la cultura universal. Un nuevo medio en el que regía la competencia exigió de su adecuación; las finanzas, por ejemplo, aquí son muy importantes; se invierte para ganar; las ganancias se miden en forma tangible y el capital que se obtiene es su medida más fiel; los que no aportan ostensiblemente a ese fin, se eliminan. Así, las bibliotecas del sector privado, se nutrieron de las mejores armas para sobrevivir.
Las bases económicas y sociales de la vida del sector industrial - comercial y público- fueron y son históricamente diferentes, la supervivencia y el desarrollo del primero ha estado asociado con la obtención de utilidades a partir de su actividad, la que se desarrolla con esos propósitos, mientras que el segundo, financiado esencialmente por el estado, a partir de su sistema tributario, ha crecido bajo la perspectiva de la necesidad de educar, cuidar y defender a sus poblaciones y más recientemente de la concientización de la exigencia de que para el desarrollo el principal recurso lo es el hombre.
Industria y comercio, producción y distribución, ciencia y desarrollo están unidos directa e indisolublemente. Así una biblioteca debe considerarse bajo una concepción amplia donde información no es igual a información científica, es igual si es financiera, económica, histórica, circunstancial, numérica o de otro cualquier tipo.
Muchas bibliotecas se desarrollaron durante un largo período histórico en el marco de la ciencia, una gran parte de esta esfera se ha ubicado y aún se ubica dentro del sector público de la sociedad, donde las exigencias de una mayor eficiencia eran menores que el área privada.
Desde hace siglos, los bibliotecarios estudiaron los aspectos económicos relacionados con la administración de sus instituciones en el marco de la disciplina biblioteconómica. Sin embargo, debido a las condiciones de su medio de desarrollo, éstos no se realizaron con la sistematicidad y profundidad, deseable en las últimas décadas. Y es que las bibliotecas han carecido y carecen regularmente de medios sólidos para enfrentar los constantes recortes de presupuesto que han experimentado en las tres décadas finales del siglo XX. Con la introducción y generalización de un enfoque económico en la administración bibliotecaria, dichos estudios han crecido con celeridad, sobre todo en las últimas dos décadas, y las publicaciones relacionadas con estos temas han experimentado un crecimiento geométrico.
En cierto período histórico existió una separación entre el desarrollo de las bibliotecas situadas en las organizaciones industriales-comerciales y las ubicadas en entidades de carácter académico, científico o cultural, al igual que se ha diferenciado, en cuanto al nivel de aplicación de los resultados de las investigaciones, el quehacer científico en el sector industrial y el académico. Distintos ambientes de desarrollo impusieron la diferencia en el modo de responder a las necesidades y los requerimientos de sus clientes o usuarios.
El sector industrial - comercial fue el primero y el que con más crudeza recibió el impacto de las nuevas condiciones económicas, creadas durante la década de los años 70. Derivado de la importancia que se le concede al capital en esta esfera de la sociedad es lógico suponer que fueran igualmente los primeros en reaccionar ante la crisis. Indudablemente sus bibliotecas tuvieron que ser las primeras en introducir las nuevas concepciones, procedimientos, estructuras y otros elementos necesarios para adaptarse a las nuevas condiciones; posteriormente, éstos se generalizaron al sector público. Es un error considerar el trabajo de información solo en el sector de la cultura y de la ciencia, aunque en ellos sea donde este alcanzó su máximo esplendor durante siglos.
En las nuevas circunstancia, el usuario se convirtió en el centro de la atención. Antes se producía, comerciaba y prestaba servicios a sus espaldas, todo el trabajo de la empresa ahora está dirigido a su captación y retención mediante su satisfacción sistemática. Es precisamente en este acercamiento que nace el concepto de valor añadido en el que cada entidad de una cadena de producción, comercio, servicio u otra busca crear nuevos valores, es decir nuevos atributos en sus elaboraciones, transacciones o prestaciones con el fin de hacerlos corresponder mejor con las exigencias de sus clientes y, por lo tanto, satisfacerlos de forma mas completa.
En 1977, V. Giuliano, habló sobre la cuarta era de la información. La primera según él es aquella en la que se crearon servicios de información disciplinarios, como el Chemical Abstracts, orientados a satisfacer las necesidades de información de los individuos dentro de una temática.
La segunda etapa fue la era orientada a la misión, en la que los servicios se desarrollaron para apoyar determinadas misiones, por ejemplo, colocar al hombre en la luna. La tercera fue la de los servicios orientados a los problemas, diseñados para asistir a las personas en la solución de problemas como el ahorro de energía y la contaminación.
La cuarta era, según Carbo, es la de los servicios orientados o adecuados al individuo. En ella, se diseña y reempaqueta la información en productos y servicios hechos a la medida de las necesidades de los individuos, que laboran en los negocios, en la industria. En esta era, se producen cambios excitantes en la forma de identificar las necesidades de los usuarios y en las formas de mercadeo y venta de los productos y servicios. Nacen nuevas direcciones para la educación; en un campo rápidamente cambiante, es necesaria la educación de los futuros colegas, perfeccionar sus habilidades y mantenerlos actualizados con los nuevos avances, hay que enseñar a aprender.
A su vez, es necesario desinstitucionalizar al bibliotecario, integrarlo a las tareas donde sus servicios sean más útiles. La tecnología es un factor decisivo en este paso porque el bibliotecario puede ejecutar sus tareas profesionales fuera de la biblioteca, entregar información de forma económica y rápida y aumentar su calidad por medio de los recursos electrónicos disponibles actualmente.