Latinoamérica hoy en día está sumida en grandes conflictos sociales debido a su incapacidad estructural para dar respuestas a las demandas económicas y políticas que se formula la población.
La lógica económica imperante que favorece a pocos en detrimento de muchos alcanzó a mediados del siglo XX su máximo nivel de efectividad, pero en los últimos veinte años, el incremento de la clase media, las expectativas económicas de la población y la escasa capacidad del modelo económico para generar bienestar, entraron en conflicto.
Modernizar la sociedad latinoamericana no en el uso de tecnologías de punta sino prepararla para crear y organizar un sistema económico capaz de generar satisfacción a sus expectativas, impone un cambio profundo y radicalmente diferente en la forma de abordar la solución del problema.
No sólo Latinoamérica sino también los pueblos africanos y asiáticos están sometidos a presiones internacionales que tienden a que la población copie los estándares de vida de los países hegemónicos afectando irreversiblemente su identidad y mundo cultural. La oposición y el inevitable enfrentamiento son la respuesta lógica y espontánea de la ancestral cultura, ante la penetración y dominación de los nuevos tiempos.
Las expectativas económicas y políticas que se formulan los bloques de poder hegemónico, hacen de la dominación y prevalencia territorial una carrera contra el tiempo. Llegando al extremo de justificar acciones bélicas, con el pretexto de justicia y humanidad. Menosprecian la cultura local en la cual existe un cierto equilibrio entre nivel de vida de los habitantes y sus ingresos, en sus hábitos y costumbres, en su organización interna, en sus credos y religiones.
Presumen que la cultura occidental dominante es superior, pues su valor supremo son los Derechos Humanos, el libre comercio y la expansión por todo el orbe de un estilo de vida cónsono con la modernidad. La cultura local es ajena y extraña para el observador foráneo, pero le es propia y se ha desarrollado por mucho tiempo en armonía con su medio ecológico y su historia.
Enjuiciar la ética de una determinada cultura es una conducta tan retrógrada como la exhibida quizás por las sociedades que se pretenden “modernizar”. Si los objetivos que prevalecen en la penetración son tan altruistas y desinteresados, ¿Por qué su beligerancia? ¿Por qué su radicalidad? ¿Por qué su irracionalidad?
Este trabajo analiza este choque cultural desde una perspectiva de dominación epistémica e ideológica, vinculada a los intereses económicos que se enfrentan, los poderes locales por preservar las caducas formas de apropiación y los foráneos por apropiarse del mercado interno. Unos por defender sus “cotos de caza” y otros por penetrarlos. Unos intentando reducir los efectos sobre la economía y otros tratando de hacerlo abruptamente.
Para la población en general, el problema se reduce a cambiar un grupo hegemónico por otro, una forma de explotación por otra, una cultura ancestral por una de consumo, un credo por otro.
Los cambios, aquellos que concilien los intereses de todos los involucrados y cuyo impacto sea reducido, son prácticamente imposibles de lograr. La ruptura del viejo orden no solamente afecta lo económico, sino la visión que sobre su realidad tienen sus protagonistas. No se trata de una ruptura epistemológica, sino un cambio ideológico, pues esta se impone como un dogma de fe. He allí el escenario donde la ruptura se hará sentir con mayor fuerza y donde se encontrarán los mayores obstáculos. La nueva percepción de la realidad la asumimos en lo personal y colectivo como la derrota del Ser, como una imposición cultural sobre nuestra identidad como latinos, como árabes, como africanos.
¿Cómo es posible generar cambios cuando poderosas fuerzas se oponen a él? ¿Cómo sobrevive nuestra cultura con una baja capacidad para negociar? ¿Cómo hacer prevalecer nuestra identidad? Esas son algunas de las preguntas que se están haciendo los que se sienten vulnerados y en peligro de sucumbir. Quizás como los galos o los íberos frente a los romanos. Quizás como los aborígenes frente a los conquistadores europeos. A lo que nos referimos ahora, es a una guerra de dominación económica, a veces de muy bajo perfil, sutil, otras con gran estruendo y beligerancia pero siempre con un gran poder de penetración y dominación: Afecta la esencia del Ser, su identidad.