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Apertura, integración y transnacionalización - Concertación y centralización del capital

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Creative Commons Monografía de Gioconda Capecchi Martínez - 02 de Junio de 2006
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2. Concertación y centralización del capital

¿Triunfo del capital o manifestación de la descomposición?

El proceso de mayor concentración y centralización capitalista, hasta el presente, había tenido lugar a comienzos de siglo. Se verificó así, la vigencia de las leyes expuestas por Carlos Marx en El Capital. Con la era de los monopolios se conformó definitivamente el sistema imperialista, mediante un reparto o ‘cartelización’ del mercado por los grandes trusts.

Este fin de siglo parece estar alumbrando una nueva furia monopolizadora, equivalente o superior a aquélla. Refiriéndose a lo que acontece en los EE.UU., "la mayoría de los analistas prevé que esto va a continuar indefinidamente", señala The Economist, aunque lo hace con preocupación, porque esta "fiebre de fusiones" o “fusionmanía” - como la denomina -, "acompañada de una acelerada alza de las cotizaciones de las acciones, de los precios de la propiedad inmobiliaria y de las obras de arte, sugiere

n que Estados Unidos está desarrollando una burbuja económica".

Por la vía de "fusiones", “adquisiciones", "consolidaciones", "Opas", etc., la prensa capitalista no deja de sorprenderse por la magnitud que está alcanzando este proceso. La ola de fusiones viene acompañada de ‘nuevos paradigmas’, que expresan la "creencia generalizada de que la economía de Estados Unidos ha entrado en una nueva era dorada en la que las viejas reglas (por ejemplo, que todo lo que sube puede bajar) ya no rigen".

The Economist, que hasta hace poco era uno de los principales apologistas de ese ‘boom’, ha comenzado a virar y a alarmarse: "La reciente locura por las fusiones, incluyendo una oleada de inmensas fusiones bancarias, es una característica saliente de las economías burbuja", lo que - dice la revista londinense - llevó en cada una de "la champagne tiene un sabor maravilloso hasta que las burbujas se le suben a uno a la cabeza, las burbujas financieras tienden a producir fuertes malestares económicos después de la borrachera".

¿’Mundialización’ del capital o ‘purga’ intercapitalista?

Marx y Engels - el último llegó a analizar incluso la primera fase de la gran monopolización que despuntó en la última década del siglo XIX -, consideraron siempre a la concentración y centralización del capital como una manifestación de ‘maduración’ de las relaciones de producción capitalista y, sobre todo, del choque irreconciliable entre las necesidades del desenvolvimiento de las fuerzas productivas y las relaciones de propiedad dominantes; es decir, del carácter finito o del ‘límite histórico’ al que arribaba obligadamente este modo de producción.

Bajo el dominio del capital financiero, las crisis de sobreproducción, de proporcionalidad entre los diversos sectores de la producción, de pauperización y polarización crecientes - fenómenos característicos de la época capitalista - se transforman cada vez más en crisis ‘sistémicas’, crisis estructurales de catastróficas consecuencias sociales, que colocan a su etapa imperialista bajo el signo ‘de las guerras y las revoluciones’ (Lenín). Se sientan así las bases ‘objetivas’ para el derrocamiento revolucionario del capitalismo.

Contradictoriamente con todo lo que enseñaron Marx y Engels, sin embargo, tras su muerte y en el mismo momento en que transcurría la primera ‘fiebre de fusiones’, se abrió paso en la social-democracia una concepción diametralmente opuesta: la de un idílico desenvolvimiento económico y social. Igual que ahora, ‘teorías’ sobre la ‘mundialización’ o ‘globalización’ del capital, inundaron el ‘mercado’, sosteniendo que la conformación de los monopolios era la vía para la ‘aldea global’ (para la social-democracia se realizaría por esa vía el ‘socialismo’ en forma ‘indolora’).

 

Analizando este asunto durante su época, cuando tuvo lugar la primera gran internalización del capital, Nikolai Bujarin explica que la tendencia a la monopolización, a los trusts y a la internacionalización del capital "choca con una tendencia más fuerte", la de "la nacionalización del capital y al cierre de las fronteras". La social-democracia - como la inmensa mayoría del pensamiento de ‘izquierda’ de nuestros días -, no sólo negaba esta dialéctica; negaba también que el capitalismo fuera un "proceso de contradicciones" que lo conduce inevitablemente a su descomposición y derrumbe. "La sociedad capitalista - decía Bujarin polemizando con Rosa de Luxemburgo - es una ‘unidad de contradicciones’. El proceso del movimiento de la sociedad capitalista es un proceso permanente de reproducción de contradicciones capitalistas. El proceso de reproducción ampliada es un proceso de reproducción ampliada de esas contradicciones. Si esto es así, entonces resulta evidente que estas contradicciones tienen que hacer saltar finalmente el sistema capitalista en su conjunto. Así hemos llegado al límite del capitalismo".

Los bolcheviques, que de acuerdo a la opinión hoy dominante serían unos ‘vulgares catastrofistas’, demostraron que tenían razón. Las ‘ilusiones’ de la social-democracia se pagaron muy caro. A pesar de las ‘teorías’ de la ‘mundialización’ del capital de Kautsky, la ‘socialización de la producción’ ejecutada por el capital financiero no condujo a la ‘transición pacífica’ al socialismo, sino a la 1ª y la 2ª Guerra Mundiales: los ‘cárteles’ se deshicieron, y los diferentes trusts y Estados imperialistas se despedazaron para defender sus mercados.

La ‘socialización de la producción’ - incesante sin dudas bajo la era moderna -, es sólo un polo de las contradicciones de este régimen social de producción. Una ‘unidad mundial’ del capital es una quimera en las condiciones de este régimen social de producción. La finalidad ideológica de estas ‘teorías’ que, de tanto  en tanto se remozan, es ocultar las contradicciones insalvables del sistema imperialista y la barbarie a que conduce.

Las ‘modernas teorías’ sobre la ‘mundialización’ del capital reaparecieron, a partir de fines de los 60 y principios de los 70, con el agotamiento de la ‘era dorada’ de la reconstrucción de postguerra y la emergencia de una gran crisis capitalista. Esta crisis se expresó, primero en 1971, en la quiebra de los acuerdos monetarios de Bretton Woods (1944), y después, en dos sucesivas ‘explosiones’ de los precios del petróleo.

 

Como manifestación de esta primera gran crisis de Postguerra, el imperialismo yanki comenzaba a ‘victimizar’ a sus socios que había ayudado a reconstruir (plan Marshall).

Fue precisamente el período en que, en Europa, se inició un debate entre un sector de la ‘izquierda’ académica, que ‘redescubre’ la vigencia de ciertas imposturas kautskianas, como reacción al ‘superimperialismo norteamericano’.

Uno de los cultores de la ‘mundialización’ fue Nicos Poulantzas, quien pondrá de ‘moda’ la especie de "la función ‘decisiva’, ‘dominante’ del capital americano a escala mundial", que como fue criticado correctamente por Christian Leucate, "lo lleva paradójicamente a ignorar en lo esencial los efectos de localización y el conjunto de los problemas de circulación que resultan del carácter desigual del desarrollo del proceso productivo capitalista. ¿Es necesario recordar que el capital no solamente no está totalmente unificado, sino también que no se mueve dentro del simple espacio abstracto del mercado mundial? El sistema de las economías nacionales, concebidas como entidades territoriales y políticas, como formaciones sociales distintas, como unidades económicas unidas por el intercambio mundial de los capitales y de las mercancías sigue siendo verdaderamente el lugar principal donde se desarrollan, en formas múltiples, la contradicción entre la socialización mundial de las fuerzas productivas y un proceso de internacionalización del capital realizado bajo la dominación del imperialismo USA".

En todas las apologías de la ‘mundialización’ del capital, desde Bernstein y Kautsky a Poulantzas, hay un reduccionismo economicista que Bujarin advirtió. Bujarin demostró cómo las contradicciones y las crisis económicas se dirimen siempre en la arena política: "la contradicción entre el trabajo social mundial y la apropiación ‘nacional’/estatal se expresa en el conflicto entre las organizaciones estatales del capital y en las guerras capitalistas”.

Las ilusiones sobre un ‘capital mundial’ o una burguesía ‘cosmopolita’ han dado lugar históricamente a grandes unilateralidades, ‘igualando’ no sólo a todas las burguesías imperialistas, también a las de los países atrasados; o colocando a esas burguesías ‘nacionales’ en las antípodas de las primeras, subordinando a un segundo plano la lucha burguesía/proletariado. Ambas imposturas se han combinado, y por supuesto unas se han mutado en las otras.

Helmut Kohl, el ‘catastrofista’

Por primera vez desde la 2ª Guerra, a fines de junio de 1997, en medio de grandes choques comerciales en Europa y de disputas por la dirección del futuro Banco Central Europeo, el jefe de la mayor potencia del viejo continente –Alemania- agitó el fantasma de una nueva conflagración mundial. Para Helmut Kohl "habrá guerra o paz en el siglo XXI" en función –dijo- de cómo se arribe a los objetivos de Maastricht, es decir, la ‘unidad europea’ y la  ‘fortaleza’ de la moneda única (el ‘euro’). Dado que esos objetivos son interpretados en forma diferente por los diversos ‘socios’ europeos, es evidente que hay un conflicto en ciernes entre las burguesías alemana, francesa, inglesa e italiana, por lo menos, y especialmente, con la norteamericana, y aún la japonesa, que esperan explotar esa ‘unidad’ en su beneficio.

Si el ‘peligro’ de la ‘guerra fría’ sirvió, entre otras cosas también, de escudo —no contra el ‘comunismo’— sino para ocultar las grandes contradicciones capitalistas, su ‘desaparición’ las ha hecho aflorar en forma violenta. Dada la enorme crisis mundial de sobreproducción de mercancías y excedencia de capitales, la ‘caída’ del ‘socialismo real’ lejos de ‘contrarrestar’ esta crisis la ha agravado.

‘Teóricamente’, la monopolización de la concurrencia debiera llevar a la ‘mundialización’ del capital; es decir, forma parte de su ‘reproducción ampliada’ lógica. Sin embargo, el capital financiero no puede perder su ‘marca de origen’, o más rigurosamente, jamás podrá perder la condición ‘nacional’ (imperialista) sin privarse a sí mismo de los atributos que ha creado para consagrar su dominación. Esto es, su Estado y los recursos puestos a su disposición (¡militarismo!). Tenemos así la ‘cuadratura del círculo’, o en palabras de Bujarin, la "reproducción ampliada de sus contradicciones".

 

Recientemente, Le Monde publicó un estudio que revelaba que lo sucedido en la industria aeronáutica con la ‘megafusión’ de la Boeing y la McDonell Douglas, se estaba reproduciendo también en la industria de las telecomunicaciones. "Una tríada" de tres grandes pulpos yankis, con WorldCom-MCI a la cabeza -fruto de una  ‘megafusión’ reciente-, junto a American Telegraph and Telephone (ATT) y Sprint, conformarán ya "un oligopolio mundial" que "representa el 85% del mercado internacional" de las telecomunicaciones. Esto ha provocado la reacción ‘lógica’ de otros ‘concurrentes’ del mercado, en primer lugar las burguesías imperialistas afectadas, que como "Telecom Italia decide dejar plantada a ATT"  tras meses de negociaciones para una ‘alianza’. Ahora, la  italiana se fusionó con la inglesa Cable & Wireless para frenar las pretensiones de ‘desembarco’ del pulpo yanki en Europa.

La tendencia a las fusiones -a la concentración capitalista- presupone obligadamente también la contraria. Por esto, los mismos estados imperialistas que alientan la concentración de sus monopolios como una vía para salvarlos de la crisis, pueden actuar -y actúan- en forma diferente, forzando incluso la no realización de determinadas fusiones. Es lo que seguramente está ocurriendo en la aeronáutica comercial de los EE.UU. La ola de fusiones que se desató tras la anunciada alianza de United con Delta plantea "la posibilidad de que las seis mayores aerolíneas de los EE.UU. formen tres grandes empresas que controlarían un 80% de los pasajes (dentro) del país", que según The Wall Street Journal "no le gusta al gobierno de los EE.UU.". Esas alianzas, además, tendrían un carácter efímero, "alianzas de marketing (que no llegan a ser fusiones)".

 

The Wall Street Journal califica de "postura confusa" a la de EE.UU., porque "mientras promueve acuerdos internacionales para compartir vuelos quiere proteger a las pequeñas aerolíneas de las grandes", pero omite que ello estaría dictado por el temor a la entrada de la competencia extranjera y a un sistema de fusiones tan inestable que podría desatar una guerra de tarifas en cualquier momento, derrumbando aún más los beneficios capitalistas.

Ciertamente, la "ola de fusiones y adquisiciones sin precedentes", como la califica Fortune, "a diferencia del boom de fusiones de otras épocas, en que se combinaban compañías de distintos sectores, involucran ‘combinaciones estratégicas’ de empresas de la misma industria. Su objetivo es utilizar la escala para dominar el mercado".

La ‘furia’ de fusiones es un recurso excepcional que interpone el capital financiero para evitar las crisis, pero lo que hoy puede ser un recurso ‘contrarrestante’, ulteriormente, no hace más que potenciarlas.

El capitalismo inglés tuvo un ‘dominio’ irrestricto del planeta durante más de un siglo. El capitalismo norteamericano que ocupó su lugar a partir de la última postguerra tuvo que vérselas con sus ‘competidores’ europeos y el Japón, menos de 25 años después. La tendencia a la internacionalización del capital convive obligadamente con la tendencia a su fraccionamiento: "es imprescindible tener en cuenta el desajuste estructural que se opera, en la fase imperialista, entre reproducción económica del capital (cuyo ciclo tiende a estar enteramente internacionalizado) y la reproducción social de las relaciones sociales de producción (cuyo lugar sigue siendo necesariamente la estructura de las formaciones sociales burguesas)".

 

Concluimos entonces. La ‘unificación mundial’ del ‘mercado’ es una contradicción en sí misma. Por un lado, el capital no puede desenvolverse sin alentar y recrear sistemáticamente las ‘desigualdades’, la ‘anarquía’ y el ‘caos’ inherentes al régimen específico del modo de producción capitalista. Por el otro, el capital tampoco puede reproducirse y desenvolverse en forma ‘ampliada’ sin provocar una creciente ‘socialización’ de la producción y una extrema polarización entre un puñado de ‘super-ricos’ y un inmenso mundo de miserables y explotados. Todo esto alcanza tal magnitud bajo el dominio del capital monopolista que no hace más que exponer, en forma cada vez más aguda, la caducidad histórica de este régimen social, sus tendencias a la putrefacción y a la barbarie y la necesidad ineluctable de su reemplazo.

"Choques sangrientos"

La amenaza del ‘super’ - canciller alemán (‘reelecto’ cuatro veces, aunque ahora parece en caída libre), huelga casi decirlo, no fue un exabrupto. Hay quienes creen que la prepotencia entre países se ejerce sólo contra el mundo semicolonial -y ahora los ex-‘socialistas’. A estas naciones sometidas al atraso y el saqueo por el capital financiero, los ‘globalizadores’ las denominan ‘en desarrollo’, no sólo para encubrir esa expoliación, sino sobretodo la propia categoría ‘imperialismo’, que han borrado de las ‘ciencias sociales’.

Los vendedores de ‘espejitos’ dicen que la ‘prepotencia’ estaría en ‘desuso’, o que sería ya un rasgo ‘menor’ o hasta ‘tolerable’ del mundo ‘avanzado’, el cual habría logrado la ‘proeza’ de hacer desaparecer sus tendencias más destructivas (‘imperialistas’): los choques entre ‘potencias’ serían ahora ‘civilizados’.

Este macaneo, que domina los ámbitos académicos, incluso entre los más ‘izquierdistas’, no sólo fue desmentido por Kohl; es lo que demuestra el constante in crescendo de los últimos años en materia de choques  ‘comerciales’ y prácticas de ‘dumping’ (colocación de la producción en el mercado por debajo de su precio de producción) entre los EE.UU., Europa y Japón.

 

A pesar de esto, en la prensa capitalista domina un lenguaje ‘lavado’ o alambicado para referirse a este proceso. Lo que se llaman "fusiones", "consolidaciones" o "adquisiciones" son frecuentemente, en realidad, "take-overs", adquisiciones ‘hostiles’ o ‘capturas’ dirigidas a hundir a los ‘competidores’ para hacerlos ‘desaparecer’. No son compras para facilitar la ‘ampliación de la producción’, sino para eliminar capitales excedentes del mercado. Lo que se está persiguiendo es el cierre de plantas, la modificación radical de las relaciones laborales (‘flexibilización’, ‘tercerizaciones’, etc.) y, sobre todo, una expulsión masiva de trabajadores que dejará las cifras de desempleo actuales - que ya alcanzan niveles sin precedentes en toda una serie de países - como un recuerdo de ‘buenos tiempos’. Este es el gran objetivo que incentiva las ‘fusiones’, como lo dicen sin escrúpulos los gerentes de los grandes pulpos.

Se trata de una destrucción masiva de riqueza y fuerzas productivas -¡en medio de un mar de necesidades básicas insatisfechas a escala mundial!. Los monopolios no tienen como transformar esa riqueza en ‘capital productivo’, los capitales entonces ‘sobran’. Las mercancías que ese ‘capital’ produce no las acepta el mercado, por lo tanto ‘no se verifican’ como mercancías, es ‘capital muerto’.

 

En estos cierres fabriles y ‘achiques’, lo que se envía a la basura no son maquinarias o equipos ‘tecnológicamente obsoletos’. Lo sucedido con la planta belga de la Renault reveló que lo que se ‘desecha’ son plantas ultramodernas.

Ya no bastan los ‘viejos recursos’ de las naciones ‘poderosas’ para contrarrestar las crisis de sobreproducción y las bancarrotas. No basta con descargarlas sobre la inmensa masa de los pordioseros del ‘tercer mundo’. Por la magnitud de sus contradicciones y de las del régimen imperialista en su conjunto, las potencias imperialistas están obligadas a despedazarse y a atacar, fundamentalmente, a sus propios trabajadores.

Quiere decir entonces que las ‘megafusiones’ - las que se realizan, y también las que fracasan- están indicando una impresionante escalada de ‘toma de posiciones’ en el mercado, por la vía de recursos extraordinarios. El más importante de estos es la acción de cada estado imperialista, que, como vimos, salen abiertamente a resguardar los intereses de sus monopolios. Se delata así que los pulpos tienden a operar no a través de las leyes de la  ‘competencia’ mercantil, sino de leyes ‘extraeconómicas’.

La afamada ‘superioridad’ del mercado se deschava como un gigantesco ‘fraude’. Ya demostró Engels que el ‘darwinismo mercantil’ que "los economistas celebran como la más grande conquista histórica, es el estado natural -no de la ‘civilización’ sino- del reino animal".

Por la vía del monopolio se expresa, en último término, no el dominio de las leyes del mercado, sino la tendencia a su disolución y la del régimen social en que se asienta. Es esto precisamente lo que señalaron las ‘vetustas’ leyes descubiertas por Marx.

"Ola de fusiones que podría superar la de los ‘barones ladrones’..."

Pues bien, en la base de todo este proceso ‘sangriento’ de fin de siglo reaparece esa tendencia a una furiosa monopolización capitalista como la que se vivió en su momento entre 1890 y 1905/10.

En los EE.UU., "la magnitud de su volumen está dejando estupefactos a los banqueros de inversión. ‘La intensidad del negocio casi da miedo -dice Steve Koch, codirector de fusiones y adquisiciones en Credit Suisse First Boston-. Simplemente hay una actividad asombrosa’...". Esto se decía un mes antes de desatada la ola de ‘megafusiones’ bancarias que provocó la de Citicorp -el segundo banco comercial- con Travelers Group -firma Nº 1 en servicios financieros- que, cuando se anunció, The Wall Street Journal dijo que "estremece al mundo de las finanzas" y calificó como "la mayor fusión de la historia". A ésta siguió, inmediatamente, la del BankAmerica y NationsBank, quinto y tercer banco comerciales de los EE.UU. y "segunda fusión más grande de la historia de los EE.UU."  y, el mismo día, la de Bank One y First Chicago, que seguían a los anteriores en el ‘ránking’ de los mayores bancos comerciales norteamericanos. "La velocidad vertiginosa de (estos acuerdos) ... comenzó, según The Wall Street Journal, hace más de una década" y "en cinco años", dice el ex-presidente del ahora fusionado Bank One, sólo "habrá cinco o seis grandes bancos".

A principios de marzo se decía que "probablemente nos encontremos en medio del mayor auge de uniones en la historia de Estados Unidos. En 1997, hubo una actividad de fusiones y adquisiciones jamás vista anteriormente. Según Securities Data, el valor total de todos los acuerdos anunciados en EE.UU. alcanzó los u$s 908.000 millones, un 47% más que el total de 1996, que fue en sí un año récord. En total se cerraron 11.029 tratos”. The Economist lleva las fusiones en los EE.UU. en 1997 hasta "957.000 millones de dólares (equivalente al 12% del PBI), más que los que los 138.000 millones de 1991 (2% del PBI). Este promete ser otro año récord".

 

También "las fusiones y adquisiciones europeas alcanzaron un nivel récord en 1997, totalizando 419.000 millones de dólares -incluyendo a la unión entre los bancos suizos UBS y SBC a principios de diciembre". A pesar de estas cifras, en diciembre, "Philip Keevil, encargado de fusiones y adquisiciones en Salmón Smith Barney -uno de los principales bancos de ‘inversión’ de New York-", decía que "sin embargo, Europa, representa la nueva frontera para la expansión de los negocios el próximo año". Así "prevén boom (de fusiones) en Europa en 1998".

Japón parecía refractario hasta hace poco a este proceso. En 1997, las fusiones ascendieron sólo a "10.500 millones de dólares" según Daiwa Securities, pero también aquí parece que "la hora de las fusiones ha llegado": una "fiebre de fusiones contagia" a Japón. Hasta ahora, "en Japón las fusiones suelen decepcionar a los inversionistas, porque generalmente no resultan en la clase de despidos masivos que pueden aumentar las ganancias de una empresa". Claro que el incremento esperado de las fusiones aquí, también, tiene como "principal motivo la desesperación de muchas compañías japonesas”.

A escala de los EE.UU., "para encontrar un período similar de cambio económico y de fiebre por las fusiones, hay que remontarse al siglo pasado, en la década de 1890", dice Fortune, aunque es evidente que se trata de un fenómeno que se reproduce a escala mundial. Para EE.UU., en moneda a valor constante y con relación a su PBI, esta ‘fiebre’ de fusiones está ya al nivel de la que la precedió entre 1984 y 1988 (tomando cifras de 1993 a 1997), con un volumen equivalente al 24/25% del PBI. Sólo la ‘fiebre’ histórica que alumbró con el siglo XX, cuyo punto más alto se alcanzó entre los años 1898 y 1902 tuvo un volumen equivalente al 34% del PBI de la época (entonces, la economía norteamericana no tenía aún la dimensión que alcanzó en los últimos 50 años; mucho mayor en la actualidad de lo que era a principios de siglo, comparada en términos relativos con las otras naciones imperialistas.

 

"Esta ola" de fusiones, dice Fortune respecto a los EE.UU. "podría sobrepasar la bonanza de la época de los ‘barones ladrones’..." (así pasaron a la historia los que protagonizaron la primera ‘gran ola’). Ya "las transacciones anunciadas este año ascienden a 444.330 millones de dólares, según Securities Data, una cifra que representa casi la mitad del total récord de 1997"; esto en sólo 3 meses y medio de 1998. Está claro que la  ‘frontera’ de las fusiones tampoco ha llegado a los EE.UU.

Por otra parte, la revista de las grandes finanzas yankis que venimos citando se refiere a esas "tres grandes oleadas" cuatrianuales como a procesos independientes, cuando existe plena evidencia que las dos últimas forman parte de un único proceso que estamos recorriendo.

Otro aspecto que estaría indicando que la tendencia presente a las "fusiones" y "consolidaciones" va más allá de todo lo conocido en el pasado es que "ahora se anuncia la fusión de los mercados (las bolsas), que marcaría otro paso en la historia". Las bolsas donde cotizan las acciones y los títulos de la deuda pública de los estados, se encontraban en los EE.UU. ya suficientemente concentradas: "entre 1940 y 1980 ... cayeron de 18 a 7". Ahora se anunció la fusión del American Stock Exchange (AMEX), "la segunda Bolsa de los EE.UU.", con Nasdaq,      importante bolsa surgida de otro proceso de fusiones en los 60, lo que todavía "favorece más la consolidación de las bolsas de EE.UU.". Como ha sucedido en todo el mundo, este proceso tiene que ver también con el retroceso relativo de las Bolsas como ámbito ‘natural’ para la comercialización de las acciones, las que en forma creciente se efectúa a través de los llamados ‘fondos comunes de inversiones’ y ‘mercados terciarios’, que operan no sólo en acciones, sino también el floreciente negocio de ‘opciones’ y ‘derivados’. Por la vía de su fusión los grandes agentes de Bolsa están peleando su tajada del mercado accionario, aunque siguen monopolizando el filón de la especulación financiera internacional que se da a través de títulos y bonos públicos y que ha crecido exponencialmente en los últimos 20 años.

El proceso de fusiones de los mercados de valores se ha extendido, también, al de los llamados ‘derivados’: "Hace dos años, la New York Merchantile Exchange, que se concentra en productos de energía, se fusionó con la Commodities Exchange, más fuerte en metales. El año pasado, las bolsas de café y algodón de Nueva York también anunciaron una fusión.

Autor y licencia de 'Apertura, integración y transnacionalización - Concertación y centralización del capital'
Gioconda Capecchi Martínez Extraído de: http://www.gestiopolis.com/recursos/documentos/fulldocs/eco/apertuintegrtrans.htm

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