La vida cotidiana ha llevado al hombre a que por “hábito o costumbre” se anticipe a hechos, o intente interpretar sucesos pasados a partir de las enseñanzas de las experiencias pasadas, en múltiples ocasiones las predicciones resultan acertadas, pero ello no da certeza a la validez universal del método; el profesor (García, 2001, p. 13) expone sobre éste aspecto “creemos en estas leyes porque han actuado durante miles de millones de años hasta el presente (o así nos parece), pero, como lo insinúa Bertrand Russell un número cualquiera de casos en que se haya cumplido una ley en el pasado “no proporciona evidencia de que se realizará en el futuro”, la asociación de eventos pasados-futuro nos persuade de que en el porvenir ocurrirán las cosas tal como ocurrieron antes, o cuando menos de manera muy parecida”
La inducción conforme a lo expuesto por Popper tampoco es un punto que permita la distinción entre ciencia y no-ciencia, una vez que la verificación por inducción es una verificación limitada a los hechos observados y no puede pretenderse la universalización de las regularidades observadas con sentido universalista; en tal sentido la inducción no es el método que permite la distinción entre la ciencia y la metafísica; (Popper, 1994, p. 309) “La razón de ello es que el concepto positivista de “significado” o “sentido” (o de verificabilidad, o de confirmabilidad inductiva, etc.) es inadecuado para permitir esta demarcación, simplemente porque no es necesario que la metafísica carezca de sentido para que no pueda ser ciencia”.
En “La lógica de la investigación científica” (Popper, 1982a, p. 29) resalta los problemas de la inducción e invalida el intento de solución que ofreció Kant para superar el obstáculo advertido por Hume “el principio de inducción tiene que ser un enunciado universal. Así pues, si intentamos afirmar que sabemos por experiencia que es verdadero, reaparecen de nuevo justamente los mismos problemas que motivaron su introducción: para justificar éstas hemos de suponer un principio de inducción de orden superior, y así sucesivamente. Por tanto, cae por su base el intento de fundamentar el principio de inducción en la experiencia que lleva inevitablemente, aun regresión infinita... Kant trató de escapar a esta dificultad admitiendo que el principio de inducción (que el llamaba “principio de causación universal”) era “valido a priori”. pero a mi entender, no tuvo éxito en su ingeniosa tentativa de dar una justificación a priori de los enunciados sintéticos”
Entre las objeciones más comunes al principio de inducción pueden encontrarse las siguientes, (García, 2001, p. 14):
a. La inferencia inductiva, no importa cuan grande sea el número de casos particulares observados, no es concluyente.
b. El principio de inducción no puede ser una verdad puramente lógica (como una tautología o un enunciado analítico)
c. El principio de inducción tiene que ser un enunciado sintético, pero si se aceptase esta restricción, caeríamos en incoherencias lógicas y finalmente nos veríamos llevados a una regresión al infinito.
d. La interpretación de la inducción en términos de probabilidad no resuelve el problema. Conduce a un regresus a la doctrina del apriorismo
e. Aún sin la inducción es posible resolver el problema de si el futuro será semejante al pasado
f. “Es verosímil que el futuro no sea muy diferente del pasado”, es una regla muy vaga y poco interesante, además presupone una teoría del tiempo en la que éste se define como un transcurrir homogéneo.
g. Las proposiciones universales, mediante las cuales se expresan las leyes de la ciencia, no son empíricamente verificables.
Popper no acepta la inducción como criterio de definición de la ciencia y (Mardones, 1991, p. 92) se relaciona un fragmento del texto de Popper “La miseria del historicismo”, donde se hace la siguiente crítica a la inducción “... precisamente porque nuestra finalidad, se dice, es establecer la verdad de una teoría, debemos experimentarlas lo más severamente que podamos; esto es, debemos encontrar sus fallos, debemos intentar refutarlas. Solo si no podemos refutarlas a pesar de nuestros esfuerzos, podemos decir que han superado bien severos experimentos. Esta es la razón por la cual el descubrimiento de los casos que confirman una teoría significa muy poco si no hemos intentado encontrar refutaciones y fracasado en el intento. Porque si no mantenemos una actitud crítica, siempre encontraremos lo que buscamos: buscaremos y encontraremos confirmaciones y apartaremos la vista de cualquier cosa que pudiese ser peligrosa para nuestras teorías favoritas y conseguiremos no verla”. El comportamiento de validación por verificación a través de la inducción se configura entonces como un mecanismo que permite confirmar las teorías, pero no desarrolla un marco crítico que permita encontrar los errores de las mismas.
En el proceso epistemológico de crítica a la inducción, hay que diferenciar dos elementos en el conocimiento, el contexto de descubrimiento y el contexto de justificación; el segundo exige el máximo de objetividad, coherencia, lógica y rigurosidad; el primero responde a todos los factores extrínsecos e intrínsecos que confluyen en el surgimiento de una teoría. Así bajo una orientación positivista extrema el desarrollo del conocimiento científico se da en tres etapas: dos de ellas no científicas y una científica, las cuales se denominan: Contexto genético (no científico), contexto de validación (científico) y contexto pragmático (no científico).