



Un análisis de los cuentos de Reinaldo Arenas a partir de los conceptos de la crítica en cuanto al género arroja que los textos incluídos en Termina el desfile acusan la mayoría de las características que ese tipo de crítica subscribe. Uno de los primeros pasos a seguir en este análisis podría ser el comprobar si en efecto es cierta la existencia del homotexto dentro de los textos que componen el libro. Uno de los símbolos inherentes al homotexto es la referencia textual a espejos, tanto en el sentido figurativo como en el literal. La crítica en cuanto al género conviene que el uso de espejos en el texto, tanto en su concepción física como en la figurativa, es una de las características del homotexto debido a la naturaleza transformacional de la identidad homosexual. El empleo de espejos en el homotexto no se justifica por pura vanidad ni por la asociación ridícula que con frecuencia se hace (sobre todo desde la perspectiva heterosexual) del desasosiego que puede sentir un homosexual por categorías como la belleza o la juventud sino por algo más profundo: los espejos enfrentan la problemática del Ser con la del Otro, conceptos ambos atrapados dentro de una misma persona, dentro de una misma idea y por lo general en franca oposición entre sí. Hay un perpetuo conflicto entre el Ser y el Otro, el que no es, pero que de cierta forma también es, existe, a veces incluso simultáneamente con el Ser, en una o en varias de sus múltiples versiones.
En "Comienza el desfile" prevalece el concepto figurativo de los espejos pues no existe en este cuento ninguna referencia directa a espejos físicos ni a superficies reflejantes. Sin embargo los personajes más importantes, el muchacho y Tico, son a veces reflejos de sí mismos, personajes que por su cercanía emocional y psicológica parecen a veces un solo personaje. La amistad que los une es tan grande que a veces el uno puede adivinar lo que el otro piensa. Incluso pueden realizar ambos, al unísono, tareas que por lo general se ejecutan individualmente:
"Y ahora ese canto. Un himno. Que tú también cantas. Y hasta yo abro y cierro la boca, como si cantara; pero sin hacerlo. Sudamos a chorro. Sólo que al mes y pico de estar allí llegan los 48 hombres y las 7 mujeres de la Sierra. Llegan enfangados, destruídos por la caminata. Tú y yo le traemos agua en las cantimploras"(Arenas 14) (negritas nuestras)
Otro elemento típico del homotexto es el concepto del voyage o del viaje, del cual se sirven los personajes del homotexto en su traslación de identidad. Según Stockinger, la idea de viaje o movimiento significa "both freedom from condemnation and an impetus to individual, ideosyncratic growth (...)" (Crew 144). En "Comienza el desfile" la idea de viaje, de desplazamiento, de movilidad está presente desde las primeras páginas. El cuento comienza con un tumultuoso desfile que conmemora el triunfo de la revolución castrista:
"Detrás—pero casi junto a mí— viene Rigo, silbando y haciendo rechinar sus botas. Y después, las hijas de los Pupos, con los muchachos de la mano (...) Y más atrás vienen los estradas, y Rafael Rodríguez, y los hijos de Bartolo Angulo y de Panchita, y Wilfredo el bizco (...) Y ya nos confundimos con el barullo que se agranda"
(Arenas 7-8)
En Termina el desfile el homotexto se ha enriquecido con la presencia de símbolos propios a su naturaleza. Encontramos varias referencias a espejos físicos en los que se mira el protagonista del cuento:
"Ahora avanzó un poco más y sus ojos dieron de lleno con sus ojos, con su figura reflejada en el espejo incrustado (atornillado) en la misma puerta de salida al pasillo que se mantenía provisoriamente siempre cerrada" (147)
Y más adelante:
"Y ante ese consuelo, ante esa dicha, se quedó, tal como estaba: un pie en la escalera improvisada, el rostro ya difuminándose frente al destartalado espejo, la cabeza inclinada para no chocar contra el techo de la barbacoa(...)" (151) (bastardillas nuestras)
Tanto en este relato como en el que analizamos anteriormente, el concepto del voyage está presente. Este también comienza con un tumulto vociferante aunque más compacto que el primero, en constante movimiento y repliegue: los asilados de la Embajada del Perú en La Habana en 1980. Los personajes del cuento se mueven —o piensan hacerlo— por la ciudad en ruinas, por el reducido espacio de la sede consular, en automóviles que se estrellan contra la cerca de la Embajada del Perú con la intención de asilarse antes de que el gobierno cierre esa válvula de escape. La narración salta constantemente de un lugar y de un tiempo a otros, en continuos flashbacks (de los predios de la embajada al cuarto inhóspito en que residía el protagonista, de la ciudad al resto del país), dando la sensación de que toda la isla está impregnada de esa desesperación por escapar de ella.
La crítica a partir del género atribuye otros conceptos al homotexto: el del espacio literario, el del lenguaje homotextual y el de la intertextualidad. Veamos estos conceptos individualmente:
Teorías sobre el espacio literario:
Las teorías sobre el espacio literario de Blanchot y Bachelard son particularmente interesantes. Blanchot considera que "the text is essentially steeped in negation and solitude and is autonomous in its separation from non-textual realities" (Crew 142). Blanchot considera que la soledad del escritor deviene de lo que precede al texto mismo. Según el crítico, escribir es una labor solitaria y leer es adentrarse en la confirmación de esa soledad. Bachelard por su parte considera que la soledad creadora no está divorciada del mundo circundante sino en solidaridad con ella. Blanchot concibe el espacio literario como una categoría alienante mientras que Bachelard la ve como una categoría protectora. Para Stockinger, sin embargo, ambas teorías están unidas por la marginalidad, concepto que a su juicio salva y a la vez condena tanto al autor homosexual como a los personajes homosexuales. Estamos de acuerdo con esos planteamientos. El espacio homotextual fluye de espacio estigmatizador a espacio redentor o por lo menos, tolerable. En el homotexto areniano vemos con suma claridad como el espacio literario fluye de su aspecto salvador al condenatorio, dado el estigma de la marginalidad identificado por Stockinger. Veamos algunos ejemplos:
En "Comienza el desfile", el protagonista se mueve del intolerable espacio del hogar materno, repleto de figuras autoritarias y condenatorias como la madre, el abuelo y las tías al espacio salvador de las montañas donde se encuentra Tico y la guerrilla insurrecta. Estos espacios pueden revertir sus categorías: el salvador puede transformarse en condenatorio y viceversa, gracias a la condición de marginalidad que los une y que asumen los personajes en el homotexto. A pesar de que en el texto el desfile pretende conmemorar la victoria de la insurrección armada en cuyas filas militó el propio protagonista, el espacio del desfile se transforma en alienante y doloroso para el personaje protagónico (tal vez porque éste se percata de que todos los elogios de la multitud van dirigidos a Tico y no a él) quien lo abandona para encerrarse en otro espacio, esta vez uno cerrado (y por lo mismo salvador), el baño de su casa —anteriormente un lugar intolerable— donde el muchacho se ducha en la ya comentada ducha en la que el agua corre por su cuerpo completamente enrojecida.
En "Termina el desfile", el espacio literario es constantemente desechado y retomado, como si los personajes lo viciaran en pocos minutos, como si no pudieran resistir por mucho tiempo el martirio de su fijeza.
El lenguaje homotextual
Según Stockinger, "homosexuals have created a minority code out of majority symbols, a minority speech within a majority language" (Crew 145). El crítico afirma que la forma más evidente de esa comunicación de la minoría homosexual es el slang o jerga. Sin embargo, en los cuentos incluídos en Termina el desfile no vemos un empleo profuso de ese tipo de lenguaje codificado. Los personajes se expresan en un lenguaje mayormente convencional, no críptico, de amplio dominio popular. Los personajes no parecen tener la intención de tergiversar u ocultar su discurso, ni sus inclinaciones sexuales dentro de un lenguaje de orden minoritario. Los personajes sí se valen de términos vulgares referentes a la sexualidad, aunque no exactamente desde la perspectiva homosexual. Palabras como maricón, templar, bujarrona, etc. se emplean con extrema naturalidad en los textos pero éstas caen todos dentro de la norma lingüística del cubano, independientemente de la inclinación sexual del parlante.
Con respecto a estas últimas observaciones, y tras la publicación post morten de las memorias de Reinaldo Arenas (Antes que anochezca) no hay que ser un experto en sexología humana para darse cuenta de que Arenas tenía un concepto heterosexual e inmaduro sobre la homosexualidad. En ese libro, Arenas se burla de las locas en los Estados Unidos y llega a nombrar ese mundo con los calificativos de "siniestro y desolado" (133) En ese libro Arenas despliega unas teorías sobre la homosexualidad que rozan con el primitivismo más inquietante. El autor concibe las relaciones sexuales (entiéndase homosexuales) como "la búsqueda de lo opuesto" (133). Y en efecto, Arenas parece concebir esos opuestos como sexos opuestos, esto es, como mujer y hombre, o sea, como una relación heterosexual. Sin lugar a dudas consideramos que esa concepción sobre la homosexualidad puede ser altamente desoladora por la sencilla razón de que la misma no es biológicamente lógica. Armado con esta concepción simplista sobre la sexualidad, Reinaldo Arenas define, enjuicia, cataloga y rechaza la sexualidad del mundo a su alrededor.
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