



(3 opiniones)
En conclusión, se puede decir que en Colombia ha existido una reflexión en relación con los planteamientos que Díaz Barriga hace sobre las tendencias y enfoques relacionados con el currículo. Y se ha profundizado en las relaciones pedagogía y filosofía, retomando los planteamientos de Marcuse sobre el hombre unidimensional y teniendo en cuenta que la educación no es un proceso neutral, es un proceso político, lo cual hace cada vez más vigente a Freire, cuando él hace su planteamiento de pedagogía de la autonomía. Cómo formar niños críticos y autónomos en un mundo tan dependiente y excluyente como el que vivimos.
Con relación a la identidad Latinoamericana, se hace necesario plantearnos lo fundamental a cualquier identidad y es la de ¿quiénes somos los colombianos?; esa pregunta está atravesada por otra igualmente importante: ¿qué significa ser mestizo? Esto es lo que no nos ha permitido encontrar un camino y una luz para la consolidación de un nuevo proyecto de nación. Ahora, si no tenemos en el poder una idea progresista que piense al país como inclusión y no como exclusión, entonces debemos preguntarnos ¿cuál es papel de la universidad en América Latina, en el país y en particular en el Cauca?
El problema de la enseñanza y del aprendizaje está siendo sometido a un criterio de productividad que entiende al ciudadano como consumidor. Se asume al ciudadano en la medida en que consuma más. Aquí Néstor García Canclini nos aporta cuando hace las diferenciaciones en culturas híbridas, en donde plantea que no es que hayamos llegado a la Modernidad, sino que tenemos unas estrategias para entrar y salir de la modernidad. Cuando habla de la entrada a la modernidad, García establece una diferenciación entre modernismo, modernidad y modernización, pero desde la cultura. Toda esta problemática nos la podemos representar en el horizonte del sistema de control, que se cristaliza a partir de la evaluación. Ya hemos interiorizado tanto el concepto de evaluación, que en la vida cotidiana cualquiera dice: “voy a evaluar mi situación”. Pero resulta que nosotros no podemos vivir la vida solamente en función de evaluarla. La evaluación no puede convertirse en el derrotero que marca la existencia de un ser humano. En este sentido, se considera que el movimiento pedagógico en Colombia puso una barrera de resistencia, pero el sistema con su política es avasallador, pues mientras no logremos asegurar un plano de supervivencia desde otro modelo de vida, diferente al del consumismo, muy difícilmente podremos repensar nuestra educación.
Estamos en un proceso de transición fuerte a nivel de América Latina, que tiene que ver con la profundización del modelo imperante. La educación está involucrada en este proceso. Por ejemplo, hay una línea que tiene que ver con la eficiencia y la eficacia. Abundan los cursos virtuales, con una visión pragmática que es avasalladora y convincente, porque aparentemente soluciona problemas inmediatos y da resultados. Por ello, frente a la pregunta sobre ¿cuál es la esperanza?, se considera que la esperanza para la resistencia está en los movimientos sociales.
Es prioritario estudiar la relación entre Currículo y Pedagogía Crítica, pues en este sentido se plantea, de manera predominante, que el currículo es una expresión política que busca legitimar y fortalecer la acción y dirección del Estado, con su visión acomodada a las necesidades que le demanda el sometimiento y la relación de dependencia con las economías poderosas. Es una definición política. Por otro lado, lo que se enuncia en el texto de Díaz Barriga, como pedagogía crítica, puede interpretarse también como una denuncia del hecho histórico de que el Currículo convirtió a la Pedagogía en un apéndice de la teoría curricular o del fenómeno del currículo, donde lo curricular, como expresión política, pretende materializar la educación como un instrumento de desarrollo social. Muy por el contrario, la pedagogía crítica busca reivindicar al sujeto.
Por ello, se considera que es necesario y vital volver a lo filosófico para pensar el tema de la identidad. Identidad de lo Pedagógico, identidad de nuestra sociedad y nuestra cultura. En Colombia, en aras de pensar la identidad, es necesario entender la situación histórica del conflicto, que incluye el tema del mestizaje. Históricamente, la relación de dependencia ha sido una negación de la identidad; es decir, si podemos explorar qué es lo de la identidad, allí se puede conceptualizar la pedagogía de la resistencia. Sí el currículo obedece a las necesidades de desarrollo, ¿cuáles son esas necesidades?; sí el currículo reduce al sujeto a lo económico, ¿cuál es la visión de lo económico para nosotros?, ¿cómo eso se vuelve conflictivo en nuestra sociedad y en nuestra cultura? Ese diagnóstico de necesidades, ¿quién lo prioriza?, ¿quién establece cuáles son nuestras necesidades? Si la necesidad de nuestro desarrollo está cifrada en lo económico, ¿dónde quedan a la expectativa de resolución, los problemas de las múltiples violencias, la exclusión y la crisis ética de la sociedad colombiana reflejada en la estructura política en todos sus órdenes? ¿Cuál es la necesidad fundamental? Es decir, el currículo legitima y prioriza unas necesidades, y en ese sentido es que se afirma que se vuelve una expresión política.
|