Capitulos de este wiki
  1. 1 El concepto de realidad
  2. 2 Literatura y realidad
  3. 3 Ejemplificaciones
  4. 4 Conclusión
  5. 5 Notas

Argumentación y prototipos en Borges - Literatura y realidad

2 - Literatura y realidad

Monografía creado por Julián Serna Arango. Extraido de: http://www.ucm.es/info/especulo/numero25/argument.html
23 de Septiembre de 2006

Si el mundo para nosotros es un mundo construido, y en particular, un mundo apalabrado, lo real para nosotros no sólo sería mediado, sino además constituido por nuestra red de significados y sentidos. Una persona puede considerarse en bancarrota no sólo si sus deudas son superiores a su capital, sino además porque magnifica sus dificultades y minimiza sus oportunidades. Decía Borges: "(…) creo que hay gente que tiende a la felicidad y gente que tiende a la desdicha y que serían felices o desdichados en cualquier situación económica"1. De allí la influencia de la mente, y en particular, de la palabra, como en efecto acontece a través de los medios de comunicación, del proceso educativo, de la literatura. Nos detendremos en este último caso.

La lectura de El nombre de la rosa de Eco puede alterar nuestra idea del medioevo. La lectura de Madame Bovary de Flaubert puede modificar nuestra concepción del amor en el siglo XIX. Este es el hecho. Una obra literaria estaría en condiciones de mutar nuestra red de significados y sentidos, nuestra concepción del mundo, de las cosas, de la historia en determinada dirección. No faltan las objeciones. Un psicólogo (probablemente) no habrá de cambiar su idea del amor por las vicisitudes sentimentales de alguno de sus pacientes, ni un sociólogo rehacería su concepto de democracia por los resultados de la última elección. El psicólogo, el sociólogo también, alegarán que no es posible acreditar una tendencia a partir de un caso particular. En ese orden de ideas debemos preguntarnos. ¿Cuántas novelas como Madame Bovary de Flaubert se requieren para provocar una mutación en nuestra percepción del amor en el siglo XIX? Una. ¿Cómo explicarlo?

Si los fenómenos están agrupados en conjuntos bien definidos, cuyos elementos participan de los mismos atributos, de una cierta esencia, habrá dos maneras de llegar a ella. Por medio de la inducción, cuando se conocen una serie de casos particulares reputados suficientes más allá de cualquier duda razonable (así en sentido estricto ello no sea posible como fuera expuesto por Popper). Por medio de la deducción, cuando se conoce el género próximo y la diferencia específica como fuera explicado por Aristóteles, quien define al hombre como animal racional, en donde "animal" sería el género próximo, y "racional", la diferencia específica. Aunque las vías inductiva y deductiva se aplican con relativo éxito en el ámbito físico-biótico, no ocurre lo mismo en el ámbito socio-cultural.

Porque los seres humanos asumen diferentes roles, porque lo hacen en diferentes culturas, suele ocurrir que una misma palabra registre una diversidad de usos como en efecto acontece con las palabras "valor", "piedad", "justicia" por ejemplo. De allí las dificultades relativas a la aplicación de la concepción esencialista al ámbito socio-cultural, concepción esencialista de acuerdo con la cual los fenómenos rotulados con la misma palabra poseen una serie de atributos que dan cuenta de su vinculación al grupo en cuestión, así como de su no pertenencia a grupos diferentes. Que múltiples pensadores se hayan preguntado por los atributos esenciales del valor, la piedad, la justicia; que algunos hayan terminado por comprometerse con determinado concepto de valor, de piedad, de justicia, constituye un extravío, explicable cuando la consciencia de nuestra historicidad, del multiculturalismo, inclusive, era escasa o superficial, no así hoy día. Si a diferencia de lo ocurrido en el ámbito físico-biótico, en el ámbito histórico-cultural, las diferencias priman sobre las semejanzas, si no es posible juzgar los fenómenos históricos al margen del respectivo contexto, la concepción esencialista afrontaría múltiples escollos.

¿Cómo abordar series de fenómenos como los rotulados con las palabras "amor", "dolor", "esperanza", en las que no sería posible aplicar una concepción esencialista, cuando únicamente los vincula un cierto aire de familia? No sería por medio de la deducción porque parte de lo universal, tampoco mediante la inducción porque desemboca en lo universal. No quedaría más opción que la ejemplificación, la misma que fuera utilizada por los retóricos tiempo atrás. No obstante, surge una objeción. ¿No es la ejemplificación una inducción incompleta? No necesariamente.

En el marco de una concepción esencialista, en la que los fenómenos rotulados con la misma palabra participan de los mismos atributos y son -literalmente sea dicho- equivalentes, bastaría un ejemplo para dar cuenta de ellos. En los casos en los que no sería posible aplicar la concepción esencialista, el ejemplo elegido hablaría, se objetará, únicamente de sí mismo. Hay excepciones, sin embargo. En series de fenómenos que comparten cierto aire de familia, es posible acreditar la existencia de ejemplos representativos.

En su artículo "Natural categorías", Eleanor Rosch refiere las experiencias de campo a través de las cuales verifica la existencia de casos prototípicos entre los colores y las formas geométricas. En su artículo "Cognitive Representations of Semantic Categories", la autora hace lo propio con series de objetos concretos2. Su concepción de los ejemplos prototípicos puede verificarse en diferentes ámbitos.

Con relación a la clase de los pájaros, un pingüino resulta ser un ejemplar más prototípico que una paloma. En comparación al Estado teocrático del monte Atos, Chile constituye un ejemplo más idóneo de la clase de los países. Recurrir a casos prototípicos (o representativos) no es algo nuevo ni mucho menos. Cuando la democracia se aparta del sorteo en Atenas (por medio del cual se eligen los más de los funcionarios) y se convoca a elecciones, se pretende que los ciudadanos escogidos sean aquellos por los que se siente representado un mayor número de electores, cada uno de los cuales comparte con aquel algunos intereses por los menos.

En su artículo "Prototype Classification and Logical Classification: The Two Systems", Rosh hace extensiva dicha dicotomía al ámbito de la argumentación: "I would like to situate the discution of logic versus prototypes in categories in the somewhat broater context of types of reasoning"3. Y así la disyuntiva en cuestión no se verifique en todos los casos, es fácil distinguir en cuales lo sería. Las series de fenómenos cuyos límites no son difusos no sólo se pueden definir por medio de atributos suficientes y necesarios, sino además por medio de ejemplos prototípicos. Leemos en Rosch: "(…) categories with clear definitions are subject to both types of reasoning"4. Ello invitaría a su comparación, previa la siguiente precisión:

Para que la singularidad del ejemplo prototípico no se difumine en medio del discurso, en medio del texto articulado con palabras que en su condición de términos generales -el sustantivo como nombre común por ejemplo- incuban el germen de los universales, los mismos que amenazan podar, recortar lo que él tiene de propio y de distinto, se requiere del concurso de especialistas. Ellos no son otros que los poetas, expertos en la explotación de los recursos literarios

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Monografía de Julián Serna Arango. Extraido de: http://www.ucm.es/info/especulo/numero25/argument.html CopyLeft
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