Aspectos narrativos y literarios de las novelas de Galdós - Doña Perfecta como lectura simbólica de la vida españo
2 - Doña Perfecta como lectura simbólica de la vida españo
En 1876, fecha de la primera publicación de Doña Perfecta en la Revista de España, Galdós se hallaba inmerso en la realización de la segunda serie de Episodios Nacionales; obras de carácter histórico que pretendían mostrar el contexto español partiendo de la batalla de Trafalgar y acabando con la Guerra de la Independencia. Debido a la necesidad que siente en ese momento de retratar la realidad de su época crea esta obra, prototipo y representación simbólica de las características de su tiempo.
Para conseguir su propósito fabrica un mundo propio, un microcosmos que muestra en él los problemas y tipos característicos de la sociedad de la segunda mitad del siglo XIX; condensando en Orbajosa, típica ciudad de provincias española el “espíritu” de su nación. Esta ciudad episcopal inventada por Galdós no posee vida cultural y tiene una economía poco floreciente; toda su actividad gira en torno de tertulias y de una vida social marcada por su moral tradicional y la hipocresía que ésta conlleva.
El argumento de la novela se puede resumir en pocas líneas. Pepe Rey, hombre culto y de mentalidad progresista llega a Orbajosa para casarse con su prima Rosario, hija de doña Perfecta, viuda influyente y de prestigio en la ciudad. Sin embargo, Don Inocencio, guía espiritual de la viuda, pretende que Rosario se case con el hijo de su sobrina María Remedios, Jacinto, típico joven de provincias. La obra acaba trágicamente con el asesinato de Pepe a manos de un lacayo contratado por Doña Perfecta. Esta historia contada sintéticamente da de forma clara la impresión de folletín, aunque la técnica de Galdós es capaz de dotarla de un tono trágico que supera esa formulación inicial.
La oposición que marcará toda la obra es la de la antítesis entre la vida de provincias, simbolizada por Orbajosa y sus habitantes, y el joven Pepe que representaría a la capital, Madrid. Esto lleva al choque entre dos mentalidades totalmente diferentes que acabarán por enzarzarse en una lucha que necesariamente tiene que acabar con una de las dos. Esa visión regional se aferra de forma fanática a sus costumbres tradicionales cerrándose a cualquier idea nueva que pueda provenir de fuera; ideas éstas encarnadas en la persona de Pepe rey, joven que había estudiado en el extranjero y que era portador de una mentalidad racionalista que chocaba diametralmente con las ideas tradicionales de la España interior.
Sin embargo, a pesar de ser una novela de tesis, Galdós se encarga de mostrar que en parte el destino final de Pepe es culpa suya debido a su falta de tacto con los habitantes del lugar, motivo éste que enciende aún más las iras contra él. En vez de aceptar las anquilosadas formas de la vida en provincias y de guardarse sus comentarios, Pepe se muestra despectivo con los lugareños siendo, de esta forma, en parte culpable del destino que padece al final.
La lectura simbólica que representa Doña Perfecta muestra una característica central de la sociedad en la que Galdós vivía: la hipocresía causada por una moralidad opresiva que obliga a las personas que la profesan a tener una doble vara de medir, una para la imagen pública que trasmiten y otra para su verdadera forma de enfrentarse a la vida. Esta es la característica que une a todos los habitantes de Orbajosa; incluso sus nombres, pensados con gran ironía, nos muestran ese fingimiento ya que Doña Perfecta está lejos de ser “perfecta” y Don Inocencio no es, precisamente, muy “inocente”.
Esta circunstancia se muestra desde el principio y afecta a todos los personajes de la ciudad sin que ninguno escape a ella; incluso Rosario, que en principio debía de ser una víctima más de las conspiraciones que se mueven a su alrededor, acaba sucumbiendo a la hipocresía de tener que fingir unos sentimientos hacia su madre que en realidad no tiene. Pepe Rey es el único que se libra de este defecto aunque, tal como he señalado, él tampoco está exento de toda culpa ya que, en parte, precipita los acontecimientos que acabarán con su muerte.
Esto establece una contradicción que ayuda a enriquecer el personaje del ingeniero, ya que él se muestra tan intolerante con la vida de provincias como los provincianos con su visión más liberal; de esta forma, Pepe pierde una posible linealidad en su configuración como personaje mostrando en su persona esos defectos tan palpables en los habitantes de la imaginaria ciudad. Su defecto principal es la incapacidad para darse cuenta de la necesidad de ocultar lo que piensa, circunstancia que le conduciría a la hipocresía que tanto detesta, pero que es la única forma de evitar su autodestrucción. Esto puede verse, por ejemplo, en el capítulo VI, donde se enfrenta abiertamente al canónigo [1].
Esa doble moral llena toda la obra mostrándose como algo necesario, imprescindible para la convivencia cuando se tienen tantas cosas y tantos intereses que ocultar y que chocan con la moral establecida. Este defecto es explotado en toda su dimensión por Don Inocencio que se encarga de poner a Doña Perfecta en contra de Pepe para, de esta forma, conseguir sus intereses. Sin embargo la característica central de Pepe sigue siendo la nobleza. Esto se ve claramente cuando decide no marcharse de Orbajosa, a pesar de todas las dificultades que encuentra allí, debido a su amor correspondido por Rosarito; pero las circunstancias le obligan a caer en el fingimiento y en el disimulo tal como él confiesa ya al final de la novela. Orbajosa es capaz de arruinarlo moralmente, su muerte física es la consecuencia necesaria de su muerte espiritual.
El final de la obra contado por Don Cayetano linda con el melodrama, esbozándose un final que castiga a los culpables de la muerte de Pepe Rey. Rosario termina loca, Don Inocencio se marcha a Roma y Doña Perfecta se pasa todo el tiempo en la iglesia intentando expirar sus pecados. Este desenlace no hace sino incidir en la irracionalidad característica de los habitantes de Orbajosa, y mostrar irónicamente las consecuencias espirituales de esa vida mediocre que es aquí retratada.
Galdós en esta novela crea un universo capaz de simbolizar dentro de sí toda una situación histórica y social de gran complejidad en la que el novelista estaba inmerso de lleno. Cada uno de los personajes tiene una función concreta que consigue pintar el cuadro general de lo que se nos quiere contar.
Doña Perfecta es el máximo exponente de esa vida en provincias tan cargada de defectos y de roles sociales anacrónicos estancados en el tiempo, muestra esa moral católica y tradicionalista tan alejadas de las ideas liberales de Pepe Rey, basadas en un pensamiento laico, exento de unas formas capaces de encorsetar al individuo y de anular su personalidad.
El personaje de Don Inocencio, perteneciente a una clase eclesiástica que conserva aún parte de su poder, lejos de ser un modelo de virtud religiosa muestra claramente, al igual que su sobrina, el interés que mueve sus acciones en búsqueda de la posición social y del dinero que posee doña Perfecta.
Rosario, por otro lado, tiene la función de, primero hacer venir a su primo a Orbajosa y de retenerlo allí, pero sobre todo de convertirse en el motivo del enfrentamiento entre el joven y los demás personajes centrales de la novela.
El personaje de Pepe Rey es quizás el más interesante de la novela, ya que padece un cambio moral que no sufren los demás. Al principio se muestra íntegro con su manera de ser, pero viendo los inconvenientes que esto le acarrea se ve arrastrado a la hipocresía, cayendo en la mediocridad imperante que Galdós pretende señalar como característica esencial de la época en la que vive.
El final casi melodramático no muestra un cambio en los personajes de Orbajosa, sino que enseña ese conflicto implícito entre la moral tradicional que les lleva al arrepentimiento, pero que a su vez es la causante de su visión sesgada de ver el mundo. Aquí hay una dicotomía irreconciliable que sólo puede solucionarse con la aniquilación de una de las partes en conflicto, pero que, en todo caso, genera una tensión que se ve claramente retratada al final.
Galdós más que mostrarnos la derrota de uno de los segmentos en lucha nos enseña esa tensión propia de dos sociedades que viven la una de espaldas a la otra, pero que al final están condenadas a entenderse y donde la tolerancia tiene que acabar triunfando por el bien de todos.
El motivo por el que esta obra conserve hoy en día toda su vigencia, a pesar de que fue concebida como el retrato de una época determinada, es que sus personajes representan algo más que unos estereotipos, sino que se mueven dentro de la ambigüedad característica de todo ser humano. El conflicto entre unos valores nuevos y otros viejos siempre se haya presente en una sociedad cambiante, y esto genera una tensión que está en relación directa con la capacidad de las personas para asimilar esas nuevas realidades. La última frase de la novela: “Esto se acabó. Es cuanto por ahora podemos decir de las personas que parecen buenas y no lo son”, puede ser una buena síntesis de los temas centrales de la obra: la hipocresía y la intolerancia que subyace a ella.
Se puede decir, por lo tanto, que Galdós plantea esta obra como una forma de mostrar la mentalidad provinciana tan pobre e intolerante que predominaba en su época en las zonas alejadas de Madrid. Tiene, al igual que la mayoría de las obras de este autor, una función de retrato histórico, pero sobre todo de cuadro moral de unos defectos que él condena. Para conseguir sus propósitos crea todo un universo simbólico de gran complejidad que penetra no sólo en los hechos sino también en las causas de los problemas que atormentan a sus personajes; un universo que penetra en la hipocresía de una sociedad anclada en unos valores anacrónicos y necesitada de un profundo cambio espiritual.
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