Aspectos narrativos y literarios de las novelas de Galdós - Miau: Ramón de Villaamil como prototipo del héroe galdosiano

5 - Miau: Ramón de Villaamil como prototipo del héroe galdosiano

Monografía creado por Roberto Augusto Míguez. Extraido de: http://www.ucm.es/info/especulo/numero23/galdosna.html
17 de Septiembre de 2006

Es algo común en las novelas de Galdós encontrar un personaje por el que el autor sienta una clara simpatía; en Doña Perfecta era Pepe Rey, en El amigo Manso es el protagonista que da nombre a la historia y así en muchas otras; en Miau este personaje es Ramón de Villaamil. Todo el universo en el que se centra el relato está lleno de una profunda hipocresía, propia de una burguesía que solamente vive para las apariencias. Los demás personajes, a excepción quizás del niño Luis, nos son antipáticos, llenos de defectos, algunos la viva imagen de la maldad como en el caso de Víctor, el yerno de Villaamil. Dentro de este contexto el personaje del cesante se nos aparece más humano, más real, y sobre todo, más integro que todos los demás, siendo un verdadero héroe quijotesco en el mundo tan hostil en el que habita. Esto no quiere decir que la novela sea la típica confrontación de tesis, ya que los personajes aparecen esbozados en toda su complejidad, aumentando la credibilidad de la obra.

Como uno de los posibles rasgos a destacar de este personaje podemos decir, en primer lugar, que es un hombre que vive a la sombra de las mujeres que habitan en su casa, mujeres que son en gran medida las responsables de su ruina, ya que únicamente se preocupan de vivir al día sin ahorrar y tirando el dinero en frivolidades para fingir una posición social que no poseen. Su mujer es la que toma todas las decisiones y le increpa constantemente cuando no tiene trabajo, diciéndole que la culpa de que no lo coloquen es suya por ser tan bueno y honrado[8].

Don Ramón, lejos de molestarse por esta circunstancia está totalmente resignado con una situación habitual desde el inicio del matrimonio, y que lleva con estoicismo sin inmutarse hasta el final de su vida, donde ya loco y con la idea del suicidio en la mente se arrepiente de haberse casado con su mujer, y ve claramente que ella es la gran responsable de su ruina, ya que aunque consiguiese el puesto que tanto ansía, el espíritu derrochador de su mujer lo tiraría por la borda.

Podemos decir que Villaamil es un hombre cultivado, que incluso ha realizado un informe donde intenta solucionar los problemas de la Hacienda española con más buena voluntad que acierto, y que luego se convertirá en motivo de burla entre sus antiguos compañeros. Es, en el mejor sentido de la palabra, bueno, amigo de sus amigos, y con gran dedicación y amor a su trabajo de funcionario al que ha dedicado toda la vida; motivo éste que hace que su cesantía sea más dolorosa, ya que se siente decepcionado con el Estado al que ha servido con tanto ahínco[9].

Poco a poco vamos viendo en la novela como esos antiguos compañeros entre los que conserva algunas amistades le van dando consejos y esperanzas sobre su futura colocación. Al principio es recibido con respeto por los demás funcionarios, que conservan hacia él alguna estima mezclada con la pena de ver a alguien en esa situación de penuria económica, y que sólo desea poder trabajar durante dos meses para conseguir la jubilación y tener un pequeño sueldo que le evite tener que endeudarse y pedir dinero a los amigos. Pero debido a lo desesperado de su situación, presionado por su familia, tiene que redoblar su insistencia hasta convertirse en pesado y objeto de múltiples burlas por parte de la mayoría de los funcionarios[10].

Esta situación hace que Ramón un día explote y monte un número en la oficina; esto hace que le prohíban la entrada. Lo más interesante de este proceso de degeneración social es que va acompañado de un caía mental paralela provocada por esta angustiosa situación. Situación acentuada por la futura colocación de su yermo, personaje al que Ramón no puede sufrir y que permite que se instale en su casa debido a su falta de carácter; hecho que propicia el enamoramiento de su hija de este galán sin escrúpulos y la posterior marcha de su nieto.

Toda este situación la vive Villaamil instalado en un pesimismo estratégico para de esta forma no hacerse ilusiones; sin embargo, es evidente que él alberga verdaderas esperanzas de ser colocado. Al verse en esta coyuntura su degeneración es progresiva y acaba por creerse un visionario y haciendo que sus escasos amigos le abandonen[11].

Sin embargo, en el punto máximo de su locura es cuando conserva la mayor lucidez, ya que es capaz de darse cuenta de que su nieto Luis estará mejor con su tía que con las Miaus, mujeres incapaces de llevar una casa y de darle una buena educación y un futuro mejor. Es en esta ocasión donde muestra la firmeza que le ha faltado toda la vida y donde ve de forma clara la situación y los errores del pasado. Se percata de que por mucho que lo hubiesen colocado no habría cambiado nada y que fue un error casarse con su mujer[12].

El paralelismo con Don Quijote es claro, en la locura es donde se actúa más cuerdamente y donde se muestra más claramente la hipocresía social. A Don Quijote le enloquecieron los libros de caballería, a Villaamil le hace enloquecer su búsqueda de un puesto en la administración. Ambos poseen una moral en desuso; ambos son despreciados y sufren la burla de los demás; pero ambos están, en cierto sentido, por encima de la sociedad en la que viven; ambos son cómicos al principio en sus acciones, Villaamil con su búsqueda desesperada de un puesto, y Quijote con sus múltiples andanzas contra molinos y rebaños de ovejas, pero los dos acaban sumergiéndonos en la angustia de presenciar sus trágicos fines, en una sociedad hostil frente a aquellos que no se adaptan a sus reglas.

Galdós con esta obra nos recuerda en alguna medida a Kafka en El proceso, ya que los dos retratan unos hombres capaces de vivir en una realidad que no entienden y que acaba devorándolos; todo ello en un marco, en un caso la administración y en otro los juzgados, angustioso y lleno de unos pasillos y oficinas como laberintos que no conducen a ninguna parte.

Villaamil es un héroe en el sentido clásico, es un hombre superior moralmente a todos los que le rodean, que ha pesar de todo no renuncia a sus convicciones morales, llevándolas hasta sus últimas consecuencias. Vive apartado de esa hipocresía en la que están tan metidas las mujeres de su casa, únicamente preocupado por llevar adelante un hogar condenado a la ruina por la administración calamitosa de su mujer. Presencia de manera estoica como hombres que antes han servido bajo sus órdenes son ascendidos, mientras él es incapaz de conseguir esos dos meses de trabajo que tanto ansía y que creen que pueden salvar la situación de su familia. Pero a pesar de ello no pierde las esperanzas hasta el final, cuando su degeneración moral le llega a renegar de todos los referentes de su vida, su mujer, el empleo que había deseado, todo se le aparece carente de sentido. Mientras los demás, incluyendo a su detestable yerno, consiguen triunfar en la sociedad debido a su carencia de moralidad, Villaamil se mantiene firmen en sus convicciones morales; se transforma en un Quijote que lucha contra una sociedad que no valora la honradez ni la dedicación sincera al trabajo.

Su muerte física es la consecuencia natural de su muerte moral. Esa sociedad que el tanto ha defendido lo conduce al fin. Al final de la obra aparece un Ramón resuelto a dejar la vida y a intentar que su nieto queda en manos de su tía, a pesar de la oposición de su familia, consciente de que estará mejor lejos de su casa. En esta ocasión aparece firme en su decisión. Solamente duda una vez cuando está de camino al que será el nuevo destino del niño, pero cuando éste le cuenta que Dios le ha dicho en un sueño que nunca colocarán a su abuelo éste ve con claridad lo que tiene que hacer. Aquí la ironía y el acierto narrativo de Galdós es total, ya que coloca esta incitación al suicidio en boca del Padre Celestial[13].

Después de este dramático final nos quedamos con deseos de saber al final definitivo de los demás personajes, aunque todo parece claro, las Miaus seguirán con su estilo de vida a pesar de todo, condenadas a una existencia ruin e hipócrita; eso si, sin poder arrastrar a su nieto a ella, libre gracias a su abuelo de ese penoso futuro. Ramón de Villaamil es el prototipo de héroe galdosiano debido a su bondad de carácter, a su firmeza moral y a la ausencia de hipocresía y prepotencia en su alma; un héroe trágico condenado al fracaso debido a una sociedad que está muy por debajo de él, inmersa en una bajeza que arrastra a la desesperación a todos aquellos que no se adaptan a ella a cualquier precio.

9 opiniones

tus muertos

me as salvao el culo
martha tkm

nunca me crei capasde decir esto pero tkm sorry x todo
xd

no es lo que busco nesesito otra cosa novelas la de las obras literarias
Estoy haciendo un trabajo

entoy haciendo un trabajo sobre esto y tengo que relatar los personajes y algunas cosas más y esto me parece bastante interesante.
lidisima para comprender perfectamente en que se basan sus novelas =D

antes no me gustaba por que no las entendia desde el punto de vista aora veo de que se trataban las novelas de galdos =)
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