Según Joseph N. Lockyer, los templos solares egipcios estaban orientados de manera que en el orto y el ocaso del día más largo del año un rayo de sol atravesara un pasadizo hábilmente construido que comunicaba con el interior del santuario. Un destello de luz que atraviese un pasadizo estrecho de 500 yardas hasta un santuario orientado apropiadamente no se mantiene más de un par de minutos y luego desaparece. Es más, la intensidad de la luz irá «creciendo» hasta un máximo que coincide con el preciso momento del solsticio, y que luego disminuye hasta desaparecer. Así los sacerdotes podrían determinar la duración del año con la precisión del minuto, por lo que habrían llegado a conocer hasta la diezmilésima parte: 365,2422. El templo de Amón-Ra en Karnak fue construido de manera que en el orto y el ocaso del solsticio de verano la luz del sol entraba en el templo a través del eje del santuario. Según Lockyer era un instrumento científico de muy alta precisión, pues con él podría determinarse la duración del año con una exactitud considerable.
Extrapolando hacia atrás desde la orientación actual del edificio, y tomando en cuenta el pequeño pero gradual desplazamiento en la inclinación del eje de la Tierra. Lockyer aplicó el sistema que había usado para Stonehenge, y estimó que el templo había sido construido hacia el 3700 a.C.
Herodoto, en su visita al templo de Tiro, describe dos pilares de oro y una piedra verde que brillaban a medianoche. De acuerdo con Lockyer, «no hay duda de que en el oscuro santuario de un templo egipcio la luz de Alfa Lirae, una de las más brillantes estrellas de los cielos boreales, alzándose en la clara atmósfera de Egipto, podría ser lo suficientemente fuerte como para crear un aparente resplandor que se refleje en las superficies a las que Herodoto hace referencia».
Lockyer se dio cuenta de que la orientación de los templos respecto al Sol supuso un calendario útil durante miles de años, puesto que la inclinación del eje terrestre no varía más de un grado en seis mil años. Sin embargo, la orientación de los templos respecto a las estrellas solamente puede cumplir su función durante doscientos o trescientos años, porque cada año la salida y la puesta de las estrellas se retarda con respecto al Sol 50”, que se convierten en 3º en un plazo de doscientos años. El templo necesitaría entonces una reorientación, o debería ser levantado otro templo.
Luxor, por ejemplo, tiene cuatro cambios bien definidos de orientación en el eje del templo, como podemos observar en el esquema.
A nuestro juicio, notamos una falta de rigor científico en el trabajo de Lockyer: parte de la hipótesis de que los templos egipcios estaban orientados en la dirección Este-Oeste de manera precisa, cuando este hecho no es admitido por los estudiosos de los templos egipcios; más bien parece como si los egipcios tuvieran sus templos orientados hacia el río Nilo, que cruza Egipto de Norte a Sur, con el fin de favorecer determinadas ceremonias.
Además, cuando Lockyer quiere fechar los templos, se está basando en el hecho indemostrable de que en el momento de su construcción estuvieran perfectamente orientados en la dirección requerida, y comparar así el desfase que existe en la actualidad.
Sólo encontramos irrefutables aquellas pruebas que basándose en determinadas iluminaciones a través de pasadizos o puertas –como en Stonehenge– no admiten interpretaciones erróneas.