Barbarie o globalización - I Los Cimientos de Roma
Monografía creado por
Julio Carreras (h)
28 de Febrero de 2008
Antropología, Ciencias sociales, Filosofía, Pensamiento y política, Historia contemporánea, Historia de la ciencia, Historia de la economía
2 - I Los Cimientos de Roma
En el año 9 de nuestra era los queruscos, comandados por Arminio, tendieron una emboscada a las poderosas legiones romanas. Marchaban los conquistadores a través de la selva de Teutoburger, cruzando lodazales y retamas durante una tormenta, cuando los germanos lanzaron sobre ellos una granizada de jabalinas. La tempestad se prolongó durante todo el día siguiente y los ataques también. Hasta que los romanos ya no pudieron contenerlos. El comandante, Publio Quintilio Varo, y sus oficiales superiores, se suicidaron. Los legionarios que no murieron en la lucha fueron crucificados, enterrados vivos o sacrificados a los dioses germánicos. (1) Aunque Arminio nunca lo supo, acababa de poner fin a la expansión del Imperio Romano, y marcar el inicio de su decadencia.
Roma venía de haber impuesto su dominación al espacio terrestre más civilizado que se conocía, fusionando bajo su égida los antiguos territorios griegos, africanos y asiáticos. Herramienta clave para su victoria fue la legión, sistema militar ideado por sus generales, como respuesta a la hasta entonces exitosa falange griega. Sobre este blindaje cuadrangular de escudos, por tras de los cuales asomaban largas lanzas, los romanos agregaron un ejército de tiradores. Agrandaron, además, los escudos, perfeccionaron espadas y jabalinas, incorporaron nuevas tácticas guerreras. Esta eficaz técnica militar que combinaba el máximo efecto destructivo de los proyectiles -disparados desde una distancia segura- con un sólido equipo para luchar cuerpo a cuerpo, era sumamente disciplinado, versátil, y adecuado para todo tipo de lucha conocida hasta entonces. Debido a esta ventaja técnica, Roma arrebataría a sus competidoras, Grecia y Cartago, el dominio del Mediterráneo, y se convertiría en la mayor potencia imperial del mundo antiguo.
Otra clave fundamental para el expansionismo triunfal de Roma debemos buscarla en el poder económico acumulado previamente. Habiéndose apropiado durante una primera etapa de todas las tierras provechosas de Italia, un ambicioso núcleo de mercaderes, marinos y militares romanos se lanzaron a conquistar el mayor espacio posible hacia el exterior. Lo hicieron aplicando para ello las inmensas riquezas disponibles, favorecidos también por la feracidad de sus propias tierras, que les permitieran dicha acumulación original.
Una vez derrotados los cartagineses, apropiándose de España, Sicilia, y todos sus espacios coloniales, siguió un período de nuevo crecimiento económico para Roma. Por todas partes en este amplio territorio, se instalaron granjas explotadas por soldados, sumando nuevas ciudades o el gobierno de las más antiguas.
Más tarde le tocaría el turno a Grecia. Ciento veinte años después de haber derrotado a Cartago en Zama, Roma había crecido lo suficiente como para necesitar mayor espacio para su población y sus abundantes recursos económicos. En un periodo relativamente breve se adueñó, uno a uno, de los antiguos reinos griegos, fundados por los generales de Alejandro Magno. Las legiones -imbatibles y mortíferas- fueron lanzadas en todas direcciones, tan lejos como podían apoyarlas las técnicas y las comunicaciones de aquel tiempo. Unos cincuenta años antes de la Era Cristiana el Imperio Romano había llegado a lo que sería su máxima expresión. Sus inmensas posesiones, robadas para los ciudadanos romanos por sus legiones, dieron posibilidades extraordinarias a lo que se dio en llamar "el modo de vida romano".
(1) Mariscal Montgomery. Historia del Arte de la Guerra. Traducción de Juan García Puente. Editorial Aguilar. España, 1969.
Roma venía de haber impuesto su dominación al espacio terrestre más civilizado que se conocía, fusionando bajo su égida los antiguos territorios griegos, africanos y asiáticos. Herramienta clave para su victoria fue la legión, sistema militar ideado por sus generales, como respuesta a la hasta entonces exitosa falange griega. Sobre este blindaje cuadrangular de escudos, por tras de los cuales asomaban largas lanzas, los romanos agregaron un ejército de tiradores. Agrandaron, además, los escudos, perfeccionaron espadas y jabalinas, incorporaron nuevas tácticas guerreras. Esta eficaz técnica militar que combinaba el máximo efecto destructivo de los proyectiles -disparados desde una distancia segura- con un sólido equipo para luchar cuerpo a cuerpo, era sumamente disciplinado, versátil, y adecuado para todo tipo de lucha conocida hasta entonces. Debido a esta ventaja técnica, Roma arrebataría a sus competidoras, Grecia y Cartago, el dominio del Mediterráneo, y se convertiría en la mayor potencia imperial del mundo antiguo.
Otra clave fundamental para el expansionismo triunfal de Roma debemos buscarla en el poder económico acumulado previamente. Habiéndose apropiado durante una primera etapa de todas las tierras provechosas de Italia, un ambicioso núcleo de mercaderes, marinos y militares romanos se lanzaron a conquistar el mayor espacio posible hacia el exterior. Lo hicieron aplicando para ello las inmensas riquezas disponibles, favorecidos también por la feracidad de sus propias tierras, que les permitieran dicha acumulación original.
Una vez derrotados los cartagineses, apropiándose de España, Sicilia, y todos sus espacios coloniales, siguió un período de nuevo crecimiento económico para Roma. Por todas partes en este amplio territorio, se instalaron granjas explotadas por soldados, sumando nuevas ciudades o el gobierno de las más antiguas.
Más tarde le tocaría el turno a Grecia. Ciento veinte años después de haber derrotado a Cartago en Zama, Roma había crecido lo suficiente como para necesitar mayor espacio para su población y sus abundantes recursos económicos. En un periodo relativamente breve se adueñó, uno a uno, de los antiguos reinos griegos, fundados por los generales de Alejandro Magno. Las legiones -imbatibles y mortíferas- fueron lanzadas en todas direcciones, tan lejos como podían apoyarlas las técnicas y las comunicaciones de aquel tiempo. Unos cincuenta años antes de la Era Cristiana el Imperio Romano había llegado a lo que sería su máxima expresión. Sus inmensas posesiones, robadas para los ciudadanos romanos por sus legiones, dieron posibilidades extraordinarias a lo que se dio en llamar "el modo de vida romano".
(1) Mariscal Montgomery. Historia del Arte de la Guerra. Traducción de Juan García Puente. Editorial Aguilar. España, 1969.
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