Ya durante un periodo temprano del imperio los romanos tuvieron signos de una amenaza decisiva que terminaría por derribarlos. En tiempos de Julio César -100 - 44 a. C.- un grupo de legiones fue totalmente destruido en Partia, hacia el Este europeo. El método militar que logró neutralizar la capacidad hasta ahora invencible de las legiones, fueron los arqueros a caballo.
Los arcos usados por estos jinetes eran potentes, curvos y laminados, aún más poderosos que los conocidos por los persas. Las legiones marcharon contra ellos a pie, en largas travesías por tierras áridas. Los jinetes exploradores se abrían en abanico a su frente, para buscar a los enemigos y dar la alarma. Los exploradores romanos vieron grupos de jinetes partos retrocediendo paulatinamente frente a las legiones, vigilando su avance pero sin acercarse.
Algunos lanceros romanos tendrían la primera e ingrata comprobación de lo que podían hacer esos arqueros a caballo cuando uno de ellos se volvió en la silla para disparar contra su perseguidor, con turbadora precisión. Muchos lanceros romanos recibieron así un flechazo en el vientre. De modo que el disparo hacia atrás desde un caballo al galope ganó una fama formidable con la denominación de "flechazo parto".
Vigilados por estos jinetes partos, las legiones avanzaron con su disciplina metódica, experta, largamente estudiada. De noche construían sus defensas, zanja y empalizada, durmiendo sanos y salvos pese al número de arqueros que rondaban en la campiña local.
Pero sin que supieran con certeza cómo había ocurrido esto, llegó un día en que estuvieron completamente rodeados por los jinetes partos.
Confiando todavía en su monumental masa guerrera, los romanos formaron para el combate e intentaron arrasar con el movedizo enjambre. Cuando llegó la tarde de ese fatídico día, las tres cuartas partes de su ejército habían sido aniquiladas.
Esta batalla demostró algo que no sería desmentido ya: una legión clásica no estaba preparada para resistir a un ejercito de miles de arqueros, atacando sobre terrenos amplios. Su único recurso contra tales ataques, en el futuro, sería evitar que las legiones fueran sorprendidas en espacios abiertos.
Si bien la derrota de Carras quedaría superada y el imperio continuaría su crecimiento, el antecedente no sería olvidado por los pueblos bárbaros. Pues algunos siglos más tarde, serían otros guerreros a caballo los que demolerían, poco a poco, la colosal estructura bélica del imperio.