Barbarie o globalización - XII Barbarie y Resistencia Global
Monografía creado por
Julio Carreras (h)
28 de Febrero de 2008
Antropología, Ciencias sociales, Filosofía, Pensamiento y política, Historia contemporánea, Historia de la ciencia, Historia de la economía
13 - XII Barbarie y Resistencia Global
Se abre un panorama acelerado y complejo, donde casi todas las cosas pueden ser mañana mismo algo muy distinto de lo que estamos percibiendo hoy. Ese torbellino es impulsado a veces por el capitalismo salvaje, que ambiciona emerger de sus crisis y eliminar a sus contrincante por medio de audaces movimientos, a veces convulsivos.
Aún antes de los atentados en Estados Unidos y su posterior campaña bélica, el escenario de la guerra se extendió al ciberespacio donde, sin ejércitos ni armas, se libran cada día cientos de batallas electrónicas. Mientras Bush ordena la vigilancia en la red, cientos de hackers asedian las principales páginas web de su gobierno. En esta confrontación virtual los antiimperialistas atacan con virus los sistemas de defensa de Estados Unidos y Gran Bretaña, en tanto que policías cibernéticos y neonazis realizan su cruzada contra los musulmanes bloqueando páginas web árabes e islámicas. Un tercer frente, menos espectacular pero no por ellos menos efectivo, está constituido por los ciberactivistas que se oponen a las guerras estadounidenses. Semejantes a los desnudos jinetes partos que enfrentaban sólo con arcos y flechas al Imperio Romano, los hackers (especialistas en informática) utilizan sus computadoras para combatir a las grandes corporaciones financieras o a los gobiernos más poderosos del mundo. Estos guerreros virtuales no necesitan armas ni tener dinero para convertirse en una "potencia" del ciberespacio, sólo su conocimiento en sistemas de información.
La actividad de los hackers es tan vieja como Internet. La mayoría de ellos forman una comunidad relacionada con otros movimientos sociales. Por ejemplo, ante la guerra en Afganistán, los partidarios de la paz utilizan la comunicación electrónica para coordinar acciones y circular miles de cartas y manifiestos dirigidos a gobiernos, políticos y organizaciones de todo el mundo para difundir su mensaje humanista.
De la misma manera, gobiernos, servicios de inteligencia, empresas y grupos terroristas o racistas la utilizan para difundir sus ideas, conocer los secretos de sus enemigos y atacar sus flancos débiles. Todos ellos han ampliado su capacidad y velocidad de respuesta con la utilización de tecnología de punta. Al depender de la red, la mayor parte de los servicios vitales del mundo se han vuelto más vulnerables. Así las comunicaciones, centro de la economía y la seguridad mundiales, se han convertido en un objetivo militar.
De esta manera, el ciberespacio es el teatro de operaciones donde se libran algunas de las batallas militares y de inteligencia más importantes del mundo moderno, tanto en la guerra de propaganda como en el bloqueo de los sistemas de información y defensa de algunos países. Basta ver cómo los bombardeos estadounidenses en Afganistán tenían como primer objetivo inutilizar el sistema de comunicaciones del régimen talibán.
En contraste, si un pequeño grupo de personas penetra las computadoras que controlan la red podrían cortar la electricidad e intervenir los principales servicios de una ciudad causando el caos. Pero la red ha sido utilizada por los grupos antiglobalización y revolucionarios de un modo más comunitario y constructivo. Muchas de las más grandes movilizaciones, así como la organización del Foro Social Mundial, tuvieron su apoyo en comunicaciones organizativas por medio de Internet.
Comunidades indígenas, organizaciones pacifistas, comunidades informativas como Indymedia, basadas en la participación libre a través de internet, sindicatos clasistas, movimientos políticos progresistas, grupos religiosos, junto a países opuestos a la globalización, constituyen hoy el frente de los nuevos bárbaros que amenazan la perduración del imperialismo contemporáneo. Es necesario que así sea. Pues la permanencia de un sistema corrupto sólo puede continuar derramando sobre la humanidad desdichas y violencia.
Una nueva sociedad mundial, basada en la redistribución de recursos, el pacifismo y la tolerancia, así como en la educación universal y un progreso tecnológico racional y sustentable, será posible sólo después del triunfo de estos nuevos bárbaros que ha suscitado la actual globalización.
Autonomía, Santiago del Estero, Argentina, 18 de febrero de 2004.
Aún antes de los atentados en Estados Unidos y su posterior campaña bélica, el escenario de la guerra se extendió al ciberespacio donde, sin ejércitos ni armas, se libran cada día cientos de batallas electrónicas. Mientras Bush ordena la vigilancia en la red, cientos de hackers asedian las principales páginas web de su gobierno. En esta confrontación virtual los antiimperialistas atacan con virus los sistemas de defensa de Estados Unidos y Gran Bretaña, en tanto que policías cibernéticos y neonazis realizan su cruzada contra los musulmanes bloqueando páginas web árabes e islámicas. Un tercer frente, menos espectacular pero no por ellos menos efectivo, está constituido por los ciberactivistas que se oponen a las guerras estadounidenses. Semejantes a los desnudos jinetes partos que enfrentaban sólo con arcos y flechas al Imperio Romano, los hackers (especialistas en informática) utilizan sus computadoras para combatir a las grandes corporaciones financieras o a los gobiernos más poderosos del mundo. Estos guerreros virtuales no necesitan armas ni tener dinero para convertirse en una "potencia" del ciberespacio, sólo su conocimiento en sistemas de información.
La actividad de los hackers es tan vieja como Internet. La mayoría de ellos forman una comunidad relacionada con otros movimientos sociales. Por ejemplo, ante la guerra en Afganistán, los partidarios de la paz utilizan la comunicación electrónica para coordinar acciones y circular miles de cartas y manifiestos dirigidos a gobiernos, políticos y organizaciones de todo el mundo para difundir su mensaje humanista.
De la misma manera, gobiernos, servicios de inteligencia, empresas y grupos terroristas o racistas la utilizan para difundir sus ideas, conocer los secretos de sus enemigos y atacar sus flancos débiles. Todos ellos han ampliado su capacidad y velocidad de respuesta con la utilización de tecnología de punta. Al depender de la red, la mayor parte de los servicios vitales del mundo se han vuelto más vulnerables. Así las comunicaciones, centro de la economía y la seguridad mundiales, se han convertido en un objetivo militar.
De esta manera, el ciberespacio es el teatro de operaciones donde se libran algunas de las batallas militares y de inteligencia más importantes del mundo moderno, tanto en la guerra de propaganda como en el bloqueo de los sistemas de información y defensa de algunos países. Basta ver cómo los bombardeos estadounidenses en Afganistán tenían como primer objetivo inutilizar el sistema de comunicaciones del régimen talibán.
En contraste, si un pequeño grupo de personas penetra las computadoras que controlan la red podrían cortar la electricidad e intervenir los principales servicios de una ciudad causando el caos. Pero la red ha sido utilizada por los grupos antiglobalización y revolucionarios de un modo más comunitario y constructivo. Muchas de las más grandes movilizaciones, así como la organización del Foro Social Mundial, tuvieron su apoyo en comunicaciones organizativas por medio de Internet.
Comunidades indígenas, organizaciones pacifistas, comunidades informativas como Indymedia, basadas en la participación libre a través de internet, sindicatos clasistas, movimientos políticos progresistas, grupos religiosos, junto a países opuestos a la globalización, constituyen hoy el frente de los nuevos bárbaros que amenazan la perduración del imperialismo contemporáneo. Es necesario que así sea. Pues la permanencia de un sistema corrupto sólo puede continuar derramando sobre la humanidad desdichas y violencia.
Una nueva sociedad mundial, basada en la redistribución de recursos, el pacifismo y la tolerancia, así como en la educación universal y un progreso tecnológico racional y sustentable, será posible sólo después del triunfo de estos nuevos bárbaros que ha suscitado la actual globalización.
Autonomía, Santiago del Estero, Argentina, 18 de febrero de 2004.
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