La contribución de Wallace a la biología no se limita a la Teoría de la evolución: hizo importantes contribuciones en entomología, sus estudios sobre mimetismo y coloración críptica en animales y plantas son también muy importantes, y en biogeografía su obra La distribución geográfica de los animales (1876) es un clásico.
Sus ideas acerca de influencia de las glaciaciones y el clima en la distribución de los organismos han sido contribuciones importantes en biogeografía histórica; en geología, su teoría del efecto de la erosión glacial en la formación de valles y lagos es su principal aportación; además, Wallace publicó varios ensayos sobre la evolución de la humanidad, las razas humanas, etnografía y antropología (no todos ampliamente aceptados). En un artículo sobre expresiones de la boca y gestos al hablar, también esbozó una teoría sobre el origen del lenguaje.
Quizás algunas de las razones que han contribuido a su olvido fue el hecho de que a Darwin se le asignara el crédito absoluto sobre el descubrimiento de la selección natural como instrumento de la evolución y su contradictorio eclecticismo en otras fases de su actividad intelectual: perdió mucha credibilidad ante sus contemporáneos cuando escribió sobre la evolución humana, en particular de las capacidades intelectuales y morales del hombre.
Wallace nació en la época previctoriana, leía mucho, y viajó por varios lugares de Gran Bretaña; luego se interesó por la naturaleza y leyó los Principios de geología de Lyell, y El viaje del Beagle de Darwin, además de otras obras científicas importantes.
El libro Vestigios de la historia natural de la Creación de Robert Chambers le interesó mucho y curiosamente fue éste trabajo el que ayudó a abrir camino para la aceptación de la teoría de la evolución; se piensa que después de ésta lectura, Wallace comenzó a pensar en el problema del origen de las especies.
Posteriormente, viajó a América como recolector profesional en compañía de Bates; según Bates, el propósito específico del viaje era recolectar objetos para ellos mismos y depositar los duplicados en Londres para sufragar sus gastos, además de reunir evidencias que contribuyeran a la resolución del problema del origen de las especies. Permaneció en Brasil cuatro años recolectando insectos, aves y plantas entre otros organismos. Luego visitó Río Orinoco y Uaupés, pero se incendió el barco en el que viajaba con todas sus colecciones y perdió la mayor parte de las posibles evidencias de la evolución de las especies y la existencia de la selección natural; debido a esto, no podía declararse abiertamente como evolucionista, ni tampoco podía hacerlo a través de sus escritos pues sentía que no tenía las evidencias necesarias. Sin embargo, estaba preparado para entender e interpretar sus hallazgos.
En otra ocasión viajó al Archipiélago Malayo y se dio cuenta de las peculiaridades que presentaban muchas aves, monos, mariposas y otros organismos, y demostró cómo el Amazonas y el Río Negro constituían barreras en la distribución de varias especies. En ésta ocasión, Wallace sí hizo públicas sus ideas, y esto es muy importante porque reveló sus tendencias evolucionistas frente las sociedades científicas; esta es la etapa más importante de su vida.