Los bordes y tamaños de los textos analizados presentan una extraña similitud a pesar de los lapsos que separan su aparición. Hay poca variación en la forma de considerar estos recursos como especificidad del texto literario. Todos sabemos y hemos aceptado que la tipología narrativa en la que se inserta en cuento, posee características bien particulares; pero a su vez también podemos aceptar que el ingenio del autor potencia la posibilidad de explotar dimensiones que la misma ficción ofrece. Los mundos ofrecidos son reducidos no exclusivamente desde la óptica interna de los personajes, sino del espacio que logran abarcar textualmente. Los bordes quedan bien demarcados por la poca probabilidad de identificación lector-texto y por la escasa interferencia en nuestra existencia (afectación estética). De allí que hemos notado la irregular calidad de los textos premiados en este concurso, a pesar de que en este análisis no se ofrecen mayores pruebas al respecto. Una muestra significativa de la creación productiva y rica de estas y otras características de la ficción se puede observar en el cuento premiado en 1992, Boquerón de Humberto Mata. Allí hay valiosas evidencias de las posibilidades de explotación de la ficción por parte de un autor diestro. Claro, pero eso es parte de un asunto que discutiremos en otro momento.