Cambios Biológicos de Personalidad - Los períodos de la vida y los cambios de personalidad
Monografía creado por Delia Steinberg Guzmán. Extraido de: http://elbuscador.tresuvesdobles.com/?q=
01 de Abril de 2005
Psicología, Desarrollo personal
5 - Los períodos de la vida y los cambios de personalidad
En rigor, la personalidad comienza a formarse desde el momento del nacimiento. Aunque en los primeros meses de vida, y aún en los primeros años, prevalecen los reflejos y los instintos, el niño tiene una gran capacidad de aprendizaje, derivada de su gran capacidad de observación y de su necesidad de adaptación al mundo que le rodea. Excepto por enfermedades graves que afectan a centros cerebrales de importancia y le privan de toda comunicación, el niño depende de esas primeras relaciones con su familia para forjarse una idea del mundo y de sí mismo. La fantasía juega un papel primordial y sin desecharla, es preciso llevarla hacia la imaginación, distinguiendo la primera de la segunda en que la una no tiene control sobre las secuencias ni su desenlace, mientras que la otra une las imágenes con orden y coherencia, facultando en el futuro una buena dosis de creatividad.
La adolescencia es un período fundamental, pues las experiencias empiezan a volcarse hacia el interior y el gran descubrimiento es el yo: la propia identidad reconocida y aceptada, con sus virtudes y sus defectos, es un paso esencial para la conformación de la personalidad. No olvidamos el desarrollo sexual, pero creemos que aun este aspecto fisiológico se revierte en nuevas vivencias íntimas.
Durante la juventud, la educación recibida inclina a escoger una u otra forma de vida, desde los estudios, la profesión o la constitución de una familia. En esta época todo puede hacerse y todo puede perderse. En general, prima el entusiasmo por lo que la vida les deparará a los que esperan la realización de sus sueños. La personalidad, si no está aún consolidada, se enfrenta a las primeras desilusiones serias que se convertirán en frustraciones en poco tiempo. Desgraciadamente, la afirmación de la personalidad, en un mundo como el nuestro, depende casi exclusivamente del éxito social, profesional ó económico que se obtenga. Lo sentimental tiene su importancia, pero suele quedar relegado ante la valoración y aprobación de los demás.
La madurez equivale a un recuento de la vida. Pero la personalidad no depende de ello; ya está definida. Podrá aprobar o no lo hecho, pero no es entonces cuando se estabiliza. Lo mismo sucede durante la vejez, en que la satisfacción individual depende en buena medida de lo que se haya cosechado antes: el desgaste físico, que no siempre es inhibitorio, no afecta a la mente ni a los sentimientos, ni a los valores que han servido de guía durante los años previos.
Los cambios de personalidad, relacionados con las edades de la vida, son cambios “normales”, aunque pueden volverse patológicos si no ha habido nunca un equilibrio más o menos estable, un conocimiento de lo que cada uno es y lo que puede y debe hacer para conseguir lo mejor de sí mismo.
Existen otros cambios, más profundos, que van más allá de la edad. Hay momentos en la vida, que se dan antes o después, y que equivalen a verdaderos renacimientos. Son como encuentros con uno mismo, revelaciones impactantes de lo que ignoramos pero queremos saber, o de lo que intuimos y necesitamos certificar.
Tal vez estos sean los cambios más importantes, los que hacen realmente al ser humano y los que configuran su personalidad como si fuera una obra de arte. Todos los filósofos que se han preocupado por sus discípulos, han intentado provocar este tipo de cambios y vale la pena recordar la expresión socrática de convertirse en “comadronas de almas” para dar nacimiento al deconocido con el que convive cada uno, y darle cabida en sí. ¿Puede llamarse a esto doble personalidad?. ¿O es tal vez una personalidad que va sumando nuevos factores, antes ausentes, que dan nuevos matices al individuo, hasta hacerlo irreconocible aun para sí mismo?
La adolescencia es un período fundamental, pues las experiencias empiezan a volcarse hacia el interior y el gran descubrimiento es el yo: la propia identidad reconocida y aceptada, con sus virtudes y sus defectos, es un paso esencial para la conformación de la personalidad. No olvidamos el desarrollo sexual, pero creemos que aun este aspecto fisiológico se revierte en nuevas vivencias íntimas.
Durante la juventud, la educación recibida inclina a escoger una u otra forma de vida, desde los estudios, la profesión o la constitución de una familia. En esta época todo puede hacerse y todo puede perderse. En general, prima el entusiasmo por lo que la vida les deparará a los que esperan la realización de sus sueños. La personalidad, si no está aún consolidada, se enfrenta a las primeras desilusiones serias que se convertirán en frustraciones en poco tiempo. Desgraciadamente, la afirmación de la personalidad, en un mundo como el nuestro, depende casi exclusivamente del éxito social, profesional ó económico que se obtenga. Lo sentimental tiene su importancia, pero suele quedar relegado ante la valoración y aprobación de los demás.
La madurez equivale a un recuento de la vida. Pero la personalidad no depende de ello; ya está definida. Podrá aprobar o no lo hecho, pero no es entonces cuando se estabiliza. Lo mismo sucede durante la vejez, en que la satisfacción individual depende en buena medida de lo que se haya cosechado antes: el desgaste físico, que no siempre es inhibitorio, no afecta a la mente ni a los sentimientos, ni a los valores que han servido de guía durante los años previos.
Los cambios de personalidad, relacionados con las edades de la vida, son cambios “normales”, aunque pueden volverse patológicos si no ha habido nunca un equilibrio más o menos estable, un conocimiento de lo que cada uno es y lo que puede y debe hacer para conseguir lo mejor de sí mismo.
Existen otros cambios, más profundos, que van más allá de la edad. Hay momentos en la vida, que se dan antes o después, y que equivalen a verdaderos renacimientos. Son como encuentros con uno mismo, revelaciones impactantes de lo que ignoramos pero queremos saber, o de lo que intuimos y necesitamos certificar.
Tal vez estos sean los cambios más importantes, los que hacen realmente al ser humano y los que configuran su personalidad como si fuera una obra de arte. Todos los filósofos que se han preocupado por sus discípulos, han intentado provocar este tipo de cambios y vale la pena recordar la expresión socrática de convertirse en “comadronas de almas” para dar nacimiento al deconocido con el que convive cada uno, y darle cabida en sí. ¿Puede llamarse a esto doble personalidad?. ¿O es tal vez una personalidad que va sumando nuevos factores, antes ausentes, que dan nuevos matices al individuo, hasta hacerlo irreconocible aun para sí mismo?
Valora este capítulo:
Autor y licencia de 'Cambios Biológicos de Personalidad - Los períodos de la vida y los cambios de personalidad'
|
Opiniona sobre 'Cambios Biológicos de Personalidad - Los períodos de la vida y los cambios de personalidad' (21)
Tu nombre debe tener tres caracteres como mínimo.
Es necesario que te des de alta con una cuenta de correo válida.
Es necesario que te des de alta con una cuenta de correo válida.
El contenido del título de tu opinión debe tener tres caracteres como mínimo.
Es obligatorio que selecciones una valoración del recurso.
El contenido del comentario de tu opinión debe tener tres caracteres como mínimo.
Opina sobre este monografía |
Wikis relacionados con 'Cambios Biológicos de Personalidad - Los períodos de la vida y los cambios de personalidad'
El presente trabajo trata acerca de los cambios que operan en los procesos educativos en...
Más »
El desarrollo de los medios informáticos y de las nuevas tecnologías en la red ha...
Más »
Como muchos otros conceptos, la psicología hereda el término "personalidad" de una literatura a caballo...
Más »
Muchas veces los estados anímicos, el humor mas que nada de una persona reciben una...
Más »
A lo largo de treinta años de servicio infatigable, Amma ha aconsejado y consolado a...
Más »


