El concepto de posmodernidad aplicado a la narrativa de MV puede ser fructífero en dos sentidos: a) en cuanto planteamiento general de la obra, al uso irónico, metaliterario de formas narrativas tradicionales; esto permite explicar en parte que VM pase, en una evolución que parece contra natura, de formas vanguardistas y nada convencionales a coordenadas narrativas clásicas (8); b) en cuanto al personaje de Carvalho y los valores que transmite en su comportamiento: el personaje como sustentador y transmisor de unos valores que calificamos de posmodernos. Es sobre todo este segundo punto el que aquí me interesa.
Quizá la etiqueta de posmoderno se ha aplicado con facilidad a demasiadas cosas, lo que hace que el concepto quede desdibujado, con unos límites nebulosos y discutibles (9). Tampoco es fácil centrar este movimiento en unos cuantos nombres. Algunos estudiosos llevan las raíces de la posmodernidad hasta Nietzsche; (10) y se mencionan otros autores como Marx, Heidegger o Georg Simmel (11). Los nombres de los pensadores actuales son conocidos: los Lyotard, Vattimo, Derrida, Foucault.
Una clásica definición que puede servir de síntesis abarcadora es la de Lyotard, quizá el autor que da una mayor difusión al concepto con su obra La condición posmoderna. “Simplificando al máximo -dice el filósofo francés- resumo la posmodernidad como la incredulidad ante las metanarraciones (grands recits)” (12). Dicho de otra forma: descreimiento de los grandes proyectos planteados en la ilustración y que podrían resumirse en la tríada razón, naturaleza, progreso (13).
En este sentido Carvalho es posmoderno. No cree en los grandes discursos clásicos que ha conocido desde dentro en su heterogénea experiencia vital: su antigua militancia comunista, su trabajo como espía de la CIA, su gran cultura libresca, que quizá quisiera olvidar. Su móvil vital no es participar en una lucha entre buenos y malos, defendiendo a los primeros (llámese como se quiera, proletariado, víctima, ser oprimido), sino buscarse la vida en el sentido más prosaico de la expresión. Tampoco cree en los discursos morales y religiosos; su convivencia estable (en una relación parecida al matrimonio) así lo demuestra. Otro rasgo posmoderno es la multiplicidad de perspectivas, de puntos de vista aparentemente contrapuestos que se sitúan en el mismo plano y pierden, así, su sentido de diferencia o jerarquía. En el plano del arte, por ejemplo, se pueden poner al mismo nivel (o mezclarse) las formas populares (comic, pop, televisión), junto a las clásicas (pintura, teatro) de forma que, en la multiplicidad de estilos y perspectivas, las diferencias desaparecen. Esto, en un plano social, aparece en las novelas de Carvahlo. En Los mares del sur el detective va entrevistando a distintos personajes que representan clases sociales muy alejadas: la burguesía emprendedora y desarrollista, la aristocracia, las clases populares. Los distintos personajes arquetípicos pasan por la novela (el ejecutivo agresivo, el aristócrata decadente y epicúreo que se sabe partícipe de un mundo llamado a desaparecer, el proletariado, la esposa infiel y burguesa, el mismo desaparecido, representante de una mala conciencia que quiere pagar su deuda con los desfavorecidos). Carvalho va pasando por los distintos ambientes, sin que parezca dar la razón a nadie, como un ser que sobrevuela toda esa lucha social, que está por encima de ella, “es un ‘outsider’ -dice el propio VM-, un tipo fronterizo que sanciona moralmente desde su propia ambigüedad” (14). Esta acumulación de paradigmas que tiene como resultado la anulación de las diferencias es también, como la incredulidad en los grandes discursos clásicos, propia de la mentalidad posmoderna.