El golpe es terrible. Los efectos duraron años. Es la primera escena de violencia entre los esposos, se oyen los gritos de ambos tras las puertas. Es la primera y última vez que Catalina levanta la voz. Después, cuando Enrique empieza a consolar su pena con las lindas damitas de la corte, la reina guardará un silencio digno y altivo.
Políticamente no le van bien las cosas. Quiere ser leal a su padre y a su marido, y no es fácil. Fernando está totalmente dominado por su segunda esposa, Germana de Foix, y casi envenenado por las pócimas que ella le suministra para lograr un heredero varón.
Es Catalina la que por fin tiene un heredero: en 1516 nace su única descendiente, María Tudor, que reinará en los países de sus padres. Y aquí comienza una serie de cambios: Catalina hace ahora más caso de la hija que del padre, que tanto la está dando de lado; su belleza, por los sucesivos partos y sufrimientos, comienza a ajarse; y Enrique impone como su amante a la dama de la corte Bessie Blount. Tiene un verdadero harén, pero curiosamente cuando necesita de alguien en quien volcar horas de charla, de confidencias, es a Catalina a quien acude, incluso en tiempos de Ana Bolena.
En 1516 muere el Rey Católico, y tres años después Carlos de Gante hereda los inmensos territorios de la Corona de España. El rey francés, Francisco I, rodeado de territorios españoles: Rosellón, Franco Condado, Alsacia, Lorena, necesita la amistad de Enrique VIII, de los alemanes protestantes, de los turcos y de cuantos se pongan a tiro de sus intrigas.
En 1522 Carlos visita Inglaterra, donde se gana todas las simpatías. Tratando de establecer una alianza, se le promete con su prima María; mucho habrá que esperar, porque él tiene 22 años y ella 6.
Por primera vez surge en Enrique la enemistad contra Catalina: al hijo tenido con Bessie Blount le concede una gran cantidad de títulos, incluido el de Lord Almirante, que le hace heredero de la Corona. Las damas de la Casa Civil de Catalina no afectas al ministro Wolsey son expulsadas, y la princesa María es llevada a Gales.
Ha empezado el calvario de la reina. Enrique, frustrado por la ausencia de un heredero legal, mal aconsejado por Wosley y Cromwell y atraído sensualmente por toda dama hermosa que se le cruza, es su feroz enemigo.
La principal de esas damas se llama Ana Bolena. Antes que ella, durante años, ha sido su hermana María. La palabra divorcio está en el aire. Mientras, Catalina, en ocho años, ha tenido seis hijos, todos muertos apenas nacidos.
Aconsejada por su padre, que ya ha obtenido bastantes beneficios de su hija mayor, Ana mantiene al rey esperando sus favores los cuatro años que tarda el divorcio en resolverse. No se conforma con ser amante: quiere ser reina.
El cardenal Wolsey necesita anular a Catalina. Es su principal enemigo. Trama la intriga, y la conclusión es que hay que pedir ayuda al Papa.
Enrique, incapaz de decírselo a la cara, le presenta un escrito: tienen que separarse porque han vivido en pecado, ella ha sido esposa de su hermano. Ahora cae en la cuenta. Catalina, desesperada, llora. Después se fija en una postura que mantendrá hasta la muerte: ella es la reina de Inglaterra. El acoso llega hasta el extremo de que los cardenales Campeggio y Wolsey pretenden que se retire a un convento, que profese como religiosa. Nunca lo conseguirán. Catalina en ningún momento deja de amar apasionadamente a su esposo; no puede cerrar de golpe este amor para ofrecerle los restos amargos a Dios. Ni como cristiana ferviente ni como reina va a ceder a la proposición. Lo que sí hace es ver a Campeggio en confesión, y ante el tribunal de la penitencia jurar que el matrimonio con Arturo no se consumó y que llegó virgen al tálamo de Enrique. No hay razón para los tardíos "escrúpulos de conciencia" del rey.
Mientras, el pueblo habla: grita en favor de Catalina y en contra del rey. Viendo el ambiente, Enrique convoca una asamblea ante la cual da un completo recital de hipocresía: la reina es una maravilla, la mejor mujer del mundo, y él el hombre más feliz de ser su esposo... si el matrimonio fuese válido. Qué cinismo. Al mismo tiempo, él y sus secuaces aprietan las clavijas del terror para aislar por completo a la infeliz. Se amenaza con la muerte a quien disienta del rey, aunque sea la cabeza más alta del reino.