



Pongamos de cabeza esta interpretación y delineamiento metafísicos de su obra y personalidad. Y afirmemos aquí sin sombra de dudas ni temor que el gran escritor peruano, más bien, con su aguda sensibilidad e inteligencia, sí desmontó con su análisis la realidad social; pero para descomponer ese velo de tragedia y derrota que, como neblina, le ocasiona el dolor que el capitalismo incrusta en las mayorías del mundo.
Claro, Vallejo no fue indiferente a esto. Practicó la compasión, la pasión con el otro, la solidaridad en acto con ese dolor popular. Pero si se enfrentó a todo ello fue para ir más lejos y taladrarlo, en suerte de operación cultural, y poner urgentemente el dedo sobre la esperanza, el optimismo y la fe. Porque asumió que si el dolor era real en este mundo, el alba -«el sol»- alumbraba el cielo, el futuro; y en esta dialéctica entre el pesimismo del presente pero optimismo del mañana, enfatizó esto último.
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