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Nicholas Black Elk comprendió que todo había sido creado por el gran espíritu para el bien de la tierra. El mensaje de Wallace Black Elk es el mismo: «aprendamos a confiar en la voz de los espíritus».12 Nacido en 1921, Wallace recibió su primera visión a los nueve años y ahora describe su misión como la de un «explorador». La mayoría de sus colegas se mantienen, apegados a su gente, fieles al juramento chamánico tradicional de aliviar por todos los medios el sufrimiento. Pero Wallace se aventura en nuevos campos, para determinar si la idea sioux de curación espiritual será bien recibida. Está dispuesto a compartir su modelo curativo con cualquier grupo de «habitantes de la tierra» que se interesen por su mensaje. Según Wallace, la responsabilidad actual de los seres humanos es la de encaminar todos sus actos a la conservación de la madre tierra, que está en peligro. Su tribu le ha nombrado portador de la pipa sagrada y la utiliza para celebrar ritos cuando se encuentra con una audiencia interesada.
Wallace insiste en que la comunicación espiritual es lo que más necesitan hoy en día los habitantes de la tierra. Esto puede conseguirse cantando y rezando con sinceridad, a través de lo cual Wallace se mantiene en contacto con el mundo espiritual. Hablando de una de sus poderosas experiencias, ha comentado que «el poder del Gran Espíritu es como la descarga de un rayo sobre los sentidos; mi mente parece un receptor de televisión, con el que veo todos los colores sagrados: azul, rojo, amarillo y blanco». Ha calificado su pipa sagrada de «teléfono», porque le permite ponerse directamente en contacto con los poderes espirituales.
Wallace cree que una de sus visiones puede ser profética. Hace referencia a las leyes y reglas del mundo occidental, que cree basadas en la envidia y en la avaricia, en lugar de la comunión espiritual por la que él aboga.
Hay un enorme monstruo con un estómago sin fondo que todo lo consume. Cuando la boca del monstruo esté a punto de morder esta roca, saldrá un fuego del centro de la misma y le volará la cabeza.
Esta profecía parece referirse a los hábitos de explotación de las sociedades industrializadas. En su afán de consumo, el mundo occidental ingiere la roca -es decir, la tierra- pero al hacerlo desequilibra la naturaleza y los volcanes entran en erupción. Este poder acaba por destruir al monstruo.
Wallace ha conducido ceremonias inipis, o de baños de vapor, para grupos tan diversos como estudiantes universitarios, sociedades profesionales e indios encarcelados. En 1985 organizó una de las primeras danzas al sol para participantes no indios. William Lyon, un antropólogo que ha trabajado con Wallace, ha observado que se prepara constantemente para su próxima búsqueda visionaria. A fin de obtener una nueva visión, Wallace modifica frecuentemente sus rituales. Por ejemplo, Lyon observó que la ceremonia inipi de un año determinado incluía varias nuevas canciones, así como una nueva serie de atavíos rituales en el altar.
Las inipis forman también parte del repertorio de Rolling Thunder, que en una ocasión me invitó a participar en una de ellas. El ritual fue organizado para facilitar la limpieza personal, de modo que mis amigos y yo pudiéramos ayudarle a llevar a cabo una sesión curativa. La estructura estaba construida con renuevos doblados y atados, cubiertos por pieles de animales. Había un grupo de nueve hombres sentados en círculo, mientras se vertían cazos de agua sobre unas rocas sacadas de una hoguera. Cuando el agua entraba en contacto con las rocas, se oía un siseo explosivo, seguido de un intenso calor que envolvía nuestros cuerpos desnudos. Nos turnamos para verter el agua y el calor llegó a ser tan intenso que creí que me ardía la piel. Comprendí que no podía luchar contra el calor. Era preciso recibirlo y dejarse transportar. Me sentí al unísono con el calor, con el aire cálido y dejé que cada bocanada ensalzara mi sensación. Conforme el sudor brotaba de mi cuerpo, me sentí purgado de ansiedad, de depresión y de toda preocupación insignificante que pudiera impedirme participar plenamente en la ceremonia curativa que tendría lugar a continuación.
La invitación de Rolling Thunder fue típica de muchos chamanes, que ofrecen a los observadores sinceros la oportunidad de aprender sus tradiciones. María Sabina pensaba que el mundo entero, no sólo la comunidad de curanderos indígena, necesitaba la «antigua sabiduría» para facilitar la curación, el amor y la paz sobre el planeta. Esta actitud abierta contrasta radicalmente con el sigilo y dogmatismo característicos de los médicos alopáticos, que se despreocupan casi por completo de los aspectos espirituales o comunitarios de la salud y la curación.
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