Ciberespacio y comunicación: nuevas formas de vertebración social en el siglo XXI - Ciberespacio y nueva vertebración social
4 - Ciberespacio y nueva vertebración social
Uno de los fenómenos más destacados de las sociedades industriales y postindustriales es el efecto uniformador que sufren como resultado de las tendencias generadas por la situación de mercado y consumo. La expansión de productos hacia otros lugares tiene como resultado la introducción de costumbres, modas y nuevos hábitos en los que esos productos se inserten. El producto es el objeto sobre el que gira toda esta dinámica transformadora de la sociedad. De la interacción producto-sociedad se derivan muchas de las transformaciones sociales que en muy distintos lugares geográficos se han producido y cuyo efecto final es el mercado global.
Un papel relevante en estos procesos de creación de entornos de consumo lo han ejercido y ejercen los medios de comunicación masiva, auténticos generadores de hábitos mediante la propuesta de modelos de comportamiento social. Este proceso de uniformidad cultural es uno de los elementos claves del desarrollo del siglo terminado y del que estamos comenzando.
En resumen, nos encontramos en un mundo planificado en el que:
1. la globalización ha extendido el fenómeno de uniformidad cultural hasta cotas nunca alcanzadas.
2. la uniformidad cultural tiene como función posibilitar una acción efectiva sobre la sociedad desde el punto de vista económico.
3. los Medios de Comunicación masivos tienen como función estimular el consumo proponiendo modelos de comportamiento
4. el fenómeno de la concentración de medios, junto con la extensión que supone la globalización, ha convertido a estos medios en un poderoso instrumento de los grandes grupos económicos cuyos intereses se ramifican por todos los sectores.
5. la dimensión de “ciudadano” ha sido sustituida por la de “consumidor” y la de “Estado” por la de “Mercado”, como efectos de un pensamiento básicamente economicista que se extiende a todos los ámbitos.
Todos estos aspectos enmarcan un tipo de sociedad cada vez más uniforme, en la que las diferencias son sacrificadas mediante un reduccionismo cultural que tiende a convertir lo complejo en simple, lo dinámico en estereotipo, la identidad en marca.
En esta situación, se dan dos posturas básicas ante el fenómeno del Ciberespacio:
a) La de aquellos que lo ven como un instrumento de prolongación de las acciones económicas que realizan en el mundo real.
b) La de aquellos que tratan de convertir el Ciberespacio en un foco de resistencia al avance de las tendencias mercantilistas.
Estas dos tendencias están en conflicto desde que los primeros se dieron cuenta de que aquella primera excentricidad, que había nacido en las universidades norteamericanas, tenía unas grandes posibilidades económicas.
En sus orígenes, el Ciberespacio se presentó como una tendencia contracultural, una forma de resistencia ante la presión que los medios masivos realizaban sobre la sociedad, en especial como una alternativa creativa al medio más denostado: la televisión.
Ordenador y televisor fueron los primeros rivales. La televisión representaba la degradación cultural, el consumismo más exacerbado, la manipulación masiva..., en suma: la esencia del sistema.
Uno de los aspectos más interesantes del Ciberespacio ha sido cómo fue capaz de vertebrarse a través de sus propias normas y capacidad de organización. Las primeras oleadas de “cibercolonos” tenían la sensación de estar creando un Nuevo Mundo virtual, fundando una nueva Utopía, alejados de los sistemas mercantilistas y caducos en los que su vida material se encontraba sumergida.
Mezcla de espíritu libertario de los sesenta y del dominio de la tecnología, el Ciberespacio fue escenario de un nuevo movimiento social. A diferencia de los movimientos contraculturales de los sesenta, de marcado talante antitecnológico, estos nuevos movimientos abrazan la tecnología como un elemento de liberación y de creación respecto al mundo exterior.
El 8 de febrero de 1996, en plena explosión del fenómeno social de Internet, se presenta la denominada “Declaración de Independencia del Ciberespacio”3, escrito por John Perry Barlow. En él se especifican claramente las diferencias entre las mentalidades que rigen los dos mundos, el mercantil y el libertario-tecnológico. Todo ello se vincula además con la brecha generacional entre unos jóvenes que ven en el Ciberespacio su patria y unos adultos que son incapaces de comprender el alcance, el fundamento y la extensión de este fenómeno nuevo.
Lo más importante es esa idea de ruptura entre dos mundos y dos bloques de edad, separados por una barrera invisible: la tecnología. Para los primeros es un producto al servicio del consumismo; para los segundos, una herramienta de liberación. De ahí que, desde esos primeros años, el enfrentamiento entre las dos formas de ver el Ciberespacio no se haya resuelto. Los instrumentalistas de la Red se movilizan a través de dos vías: las empresariales y las estatales y, en ocasiones, la alianza de ambas para su control. Son los años de las grandes campañas de defensa de la red. Lazos de diversos colores decoran las páginas buscando que los internautas se agrupen para enfrentarse al enemigo común. La red manifiesta su fuerza aglutinando voluntades y son frenados muchos proyectos cuyos objetivos -más o menos declarados, según los casos- eran el control de la red y de los usuarios.
Esta resistencia a los movimientos de control se sigue manteniendo en la parte activista del Ciberespacio. Un aspecto interesante de este nuevo territorio virtual es su estratificación conforme al grado de vinculación con la red.
Podemos encontrar una escala que va desde el mero usuario circunstancial a los activistas que reivindican la independencia del territorio virtual. En medio de la escala, se encuentran todo tipo de personas, usuarios y profesionales, cuyo grado de compromiso e identificación está en función de sus proyectos, grupos, etc.
En este texto se incluyen tres anexos finales. Son tres tipos de documentos que tratan de mostrar algo de lo dicho anteriormente. El primero de ellos es el “Manifiesto por la Independencia del Ciberespacio”, de John Perry Barlow, documento programático de todos aquellos que entendieron la red como un mundo necesariamente separado del mundo real, como un refugio, como una Utopía. Fue publicado en un momento en que los activistas de la Red eran sensibles a los múltiples intentos de control, de planificación del Ciberespacio. En él se recoge ese espíritu de rechazo visceral hacia una sociedad a la que se considera corrupta en su conjunto.
El segundo de los textos anexados es una variante española inspirada en el texto de Barlow, que es asumido expresamente. Es el manifiesto de Fronteras Electrónica España (FREE). Como aplicación local, trata de vertebrar a los grupos de defensa y vigilancia españoles respecto a los movimientos restrictivos que se puedan hacer contra la independencia de la Red.
Ambos textos, abiertamente políticos e ideológicos, tratan de articular las ideas que justifiquen la independencia del Ciberespacio. Independencia es un concepto amplio que oscila entre la autogestión, al margen de las estructuras estatales y empresariales, y la defensa de las libertades básicas recogidas en los textos sobre derechos universales.
Es interesante notar cómo este espacio virtual no se articula a través de reglas, sino de principios. Esto es característico de este espíritu libertario, que prefiere crear un marco ideológico a uno jurídico. Como tendremos ocasión de ver en el apartado sobre las identidades, el hecho de que los sujetos en la red sean una proyección virtual, tiende a establecer un tipo de principios de libertad, que en cierta forma, se desprenden de la liberación de lo corporal que el Ciberespacio supone, en contraste con el mundo material. El final del Manifiesto de Barlow no deja lugar a dudas en este sentido:
Debemos declarar nuestros "yos" virtuales inmunes a vuestra soberanía, aunque continuemos consintiendo vuestro poder sobre nuestros cuerpos. Nos extenderemos a través del planeta para que nadie pueda encarcelar nuestros pensamientos.
Crearemos una civilización de la Mente en el Ciberespacio. Que sea más humana y hermosa que el mundo que vuestros gobiernos han creado antes.
Esta “civilización de la Mente” a la que se alude es la que se deriva del carácter inmaterial del Ciberespacio. La Mente-Información es inmaterial y la materia es vista, en una línea casi roussoniana, como el principio de todos los males: la materia es lo que se posee, lo que diferencia a unos de otros, lo que se compra y vende, lo que se roba..., frente a las ideas, que es lo que se comparte, se intercambia, etc.
El tercer texto adjunto es un ejemplo de otro tipo de utilización del Ciberespacio. Los defensores de la Utopía Animal ven en la Red la posibilidad de reforzar sus objetivos externos. Primero, como vínculo vertebrador del propio grupo, que en el espacio virtual puede alcanzar una extensión global, y como canal de difusión de sus logros. Para ellos la red es una forma de estructurarse con vistas a un mejor funcionamiento. El objetivo no es la Red, como en los casos anteriores, sino la posibilidad de utilizarla para mejorar su propio funcionamiento grupal y que esta mejora redunde en la consecución de sus ideales/objetivos.
Existen otros muchos ejemplos de cómo el Ciberespacio sirve para crear nuevas formas de estructuración social, tanto de forma interna como externa. Para cada uno de estos agentes sociales, el Ciberespacio supone una plataforma de acción, variando los enfoques y la autoconsideración en función de sus objetivos finales.
Creemos que el estudio de estas articulaciones sociales debe realizarse desde una perspectiva que considere el Ciberespacio como una unidad sistémica estructurada en múltiples subsistemas que establecen su riqueza y variedad socio-cultural. De igual forma, como hemos podido apreciar, esta perspectiva estaría incompleta si no se estudiaran conjuntamente sus relaciones con el mundo mediante el cual, por contraste, se define: nuestra realidad cotidiana.
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