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La película recrea la Colombia de 1950-1960 en Ambalema, Tolima. El hecho central que confirma esta ubicación espacio-temporal es la formación de zonas de autodefensa tolimenses donde se acentuó el primer grupo armado comunista y una de las primeros desplazamientos masivos en la historia de Colombia (1949-1953). Los primeros grupos comunistas, en el Tolima, los conformaban pequeños propietarios, quienes organizaron grupos de autodefensa. La caída de Gustavo Rojas Pinilla en 1957 permitió que la guerrilla de Sumapaz, bajo el mando del campesino Juan de la Cruz Varela, aceptara la tregua y pactara con el gobierno. La instauración del Frente Nacional redujo la violencia por escasos años. En 1.964 la paz se arruinó; un ataque a Marquetalia bastó para que renaciera la guerra. Esa violencia dejó más de 300.000 muertos. Esto obligó a salir a los campesinos nuevamente de sus parcelas, lo cual permite que se continúe el proceso de movilización masiva a la fuerza en el cruce de las tres cordilleras. La historia tendrá que esperar unos 20 años para ver de nuevo cómo el ejército vuelve a tomar las regiones del Pato y el Guayabero (1982) y tras los bombardeos la marcha campesina invade finalmente Bogotá y comienza a construir el sueño de vivienda en Ciudad Bolívar, pero también en las comunas de Medellín, en la periferia de Cali y en las afueras de Barrancabermeja.
Es así como la historia de la lucha política revela como constante histórica la exclusión de un tercer grupo, hecho que se repite con el M-19 y la U. P. en la década de 1980-1990. Mientras esto ocurre, los partidos tradicionales se desgastan y quebrantan progresivamente al existir entre ellos una rencilla que también tiene su historia.
Apoyado de este manto de acontecimientos, la interpretación de la cinta Los niños invisibles se revela como una metáfora-palimpsesto de la realidad política colombiana. Un análisis interpretativo, señala la presencia y el tratamiento de esta situación sociopolítica en la realización cinematográfica.
i) El hecho de trabajar con niños como protagonistas, alude a un sentido de infantilismo resaltado por la actitud del pequeño protagonista al desear a toda costa hacerse invisible, vale decir, inexistente ante la Otredad. De la mano indirecta del culebrero, el pequeño recurre a estrategias ‘político-subrepticias’ para acercarse a Marta Cecilia, con quien desea compartir una simpatía. Marta Cecilia parece atenuar su enfermedad a través de la relación con el pequeño. Se trata de un símbolo en donde la relación de los dos propicia una interacción equilibrada e ideal, puesta como deseo de la comunidad, representada por sus intrigantes madres.
ii) En la película se introduce la televisión como medio de comunicación que remplaza la radio. Un televisor comunal deliberadamente asignado a la Alcaldía, hace manifiesta la determinación del entonces dictador Rojas Pinilla por propagar su ideología. No en vano en su administración se inauguró la Televisora Nacional. El Reinado Nacional de la Belleza de 1954 fue el pretexto ideal para introducir este medio de comunicación con miras eminentemente políticas, pues Rojas estaba influido por la propagandística franquista que recurría a la televisión para popularizar sus ideas. Lo anterior encuentra argumento en el hecho de que en ese año y en esa transmisión la Reina fue escogida premeditadamente por este General. En medio de la muchedumbre se introduce el discurso comunista entre dos personajes que identifican la transmisión más que como medio, un “opio para el pueblo”.
iii) La enfermedad de Marta Cecilia y la determinación del niño protagonista comienzan a superponerse con las propuestas políticas en la cinta. En su recorrido, buscando los elementos del hechizo (escapulario, órganos de gato y aves), el niño permite que entren a la narración metáforas como los viejos jugadores de dominó, que en medio de una elocuente inmovilidad se convierten en símbolo de una escena política incestuosa que no avanza porque carece de dialéctica y que se relaciona con la enfermedad de la niña. La antítesis presentada a través del peluquero comunista y su amigo, también exponen las falencias de esta orientación política. La infundada “operación tortuga” que realiza el portero del cine, consolida la determinación vana del niño, pues lo autoriza a que continué con su “ideología”. De esta manera, la cinta hace alusión a las causas por las cuales la Izquierda en Colombia no pudo realizarse como opción política a la vez que expone los inapropiados recursos a los que se adhirió un sector disidente de la misma y que son conocidos y padecidos por todo el país. La escena en la que el niño pasa por frente del peluquero muerto por la espalda y en donde cree confirmar que es invisible corroboran esta circunstancia.
iv) Sin embargo, la película propone una salida a la situación frustrante representada por el pequeño: la conciliación con Marta Cecilia. En la fiesta de su cumpleaños la niña lo invita a que compartan juntos. Esta escena tiene respaldo en otra historia que presenta la película. Se trata de la mujer soltera a quien le gusta bañarse de manera provocadora. Aconsejada por el dogmatismo del sacerdote, ella tendrá que abstenerse se relacionarse con hombres, pero no de impedirles que fantaseen con su cuerpo. Es la metáfora de una situación sin salida en donde aparece la intervención directa de la Iglesia como agente castrante y obstaculizador. Al tiempo, es la puesta en escena de los deseos reprimidos de reconocimiento ¿Cómo pensar un dialogismo sin el Otro, es decir, sin su reconocimiento? Ya se sabe que una característica propia de nuestro país es aquella conducta que Freud llamara "angustia de contacto" con el propio mundo circundante, con el destino común y que se traduce en el rechazo a las ideas nuevas, a las ideas foráneas, unido a la aversión de la profundización en el saber de nosotros mismos, y por extensión, de nuestros conflictos. Actitud que decanta, finalmente, en los comportamientos engreídos y frívolos que tanto nos atosiga. Simplemente, el colombiano es un experto en tachar al otro como interlocutor válido, es decir, en desaparecerlo, en hacerlo invisible, experto en ser un sujeto solitario que se inventa al bajo sus propias leyes, presas todas del “principio del placer”.
Cfr. Paz, Octavio. “El laberinto de la soledad” Colombia: F.C.E. 1990. & González Ochoa, F. “Don Mirócletes” Editorial Universidad Pontifica Bolivariana, 1994. Para el caso de la ‘radiografía’ gonzalesiana el autor afirma: “(...) todos los males de Sudamérica proceden del vicio solitario. Os hablaré de esto. Entiendo por vicio solitario toda manera de efectuarse la descarga mental sin que sea excitada (corroborada) por la realidad” Cfr. Pág. 115 Es decir, el vicio solitario consiste vivir alucinando la realidad y, por tanto, confundiendo todo: el Otro consigo mismo, e saber por el título universitario, etc.
Pablo García Dussán.
Periodista Cultural, Profesional en Estudios Literarios y Magíster en Literatura. Ganador del Premio Nacional de Ensayo Literario Hernando Téllez 2006, IDCT.