



(4 opiniones)
Galardonada en Egipto, record de asistencia en La Habana, vetada al igual que La virgen de los sicarios en su país de origen Colombia, Pisingaña o el juego de la araña (1985), de Leopoldo Pinzón pone de manifiesto la verdadera dimensión del conflicto armado en Colombia. No ha existido realización que se mantenga más vigente y que actúe como medida cultural. Protagonizada por Carlos Barbosa, July Pedraza, Pepe Sánchez y Consuelo Luzardo, Pisingaña representa la historia de los desplazados por la violencia, los crímenes de guerra y la violación del derecho internacional humanitario. Expone los conflictos de la clase media, mostrando -profetizando- su camino a la extinción. Hijo mío, toma un avión a París y vete a esa ciudad que yo nunca conoceré, dice el protagonista en medio de la impotencia mientras sueña con poder pagarle cientos de misas al alma de la que fue su empleada doméstica. Ella fue su cómplice erótica, y más que eso, su reflejo en medio de una sociedad que lo obliga a construir peldaños de aire y una escalera que no conduce a ningún sitio. La muchacha se tomó un veneno para ratas; estaba embarazada y dejó una nota que sintetiza el sentir de muchos colombianos: “me quiero morir porque no quiero vivir”.
En Soplo de vida, de Luis Ospina aparece el mismo leitmotiv: Flora Martínez, su protagonista, es confinada en el centro de Bogotá después de ser utilizada sexualmente por un gamonal-político tolimense (Álvaro Ruiz). Ella ha abortado involuntariamente. Para el año 1999, fecha de su realización, el aborto ya no es sólo una metáfora de involución social ni de imposibilidad de conciliación entre el pueblo y sus representantes políticos, sino el resultado de una guerra sucia de más de 50 años en la que la posibilidad erótica de vida es masacrada por distintas manos. De hecho, en la película se introduce este factor reciente en la historia del país: las masacres. Ya no de la mano de la Unit Fruit Company como en las Bananeras de los años 20, sino como retaliaciones entre grupos poderosos ligados a la política colombiana. Paramilitarismo, guerrilla, delincuencia común y política se ven envueltos en medio de una realidad contundente: el narcotráfico. Indiferenciarlos es imposible, éste los ha alcanzado a todos y la insufla divina es relegada a la mismidad del barro primigenio. Es el mismo tema que aborda Carne de tu carne (1983), de Carlos Mayolo. A través del incesto de dos hermanos se representan las ansias de poder que recurre a grupos armados ilegales para desplazar contendientes políticos de sus parcelas y adueñarse de éstas por medio de tecnicismos notariales. Terrenos robados antes a azules o rojos, ahora son usurpados a negritudes, indígenas Uwa, Kogui y campesinos acusándolos de uno u otra posición ideológica. “El 13 de mayo la virgen María bajó a Laureanito y subió a un policía”. Este verso lo canta el personaje de Vicky Hernández. Una hacendada que huye de la gran explosión que sacudió a la ciudad de Cali a mediados de los años 50. El verso se refiere al golpe de estado que dio el general Rojas Pinilla a Laureano Gómez. La explosión de varios camiones cargados con dinamita se le atribuye al general Rojas, pues ocurrió en un barrio pobre tildado de comunista en la época; afectó sin embargo a toda la ciudad, matando a miles. Refugiados en sus haciendas, los hermanos se involucran carnalmente tal y como lo hicieran sus antepasados. Metaforizan de esta manera el poder territorial y económico del campo vallecaucano y el incesto político que se alimenta de la sangre ajena: los hermanos, convertidos en madre monte, roban recién nacidos. Pura sangre (1982) focaliza esta idea. Lejos del surrealismo de Mayolo, Luis Ospina se centra en el cine negro, tal como lo hará más adelante y de forma abierta en Soplo de vida. Carlos Mayolo protagoniza este film. Es un de los esbirros que literalmente chupan la sangre a víctimas incautas para mantener vivo a un régimen representado por un anciano enfermo a quien se le prolonga la existencia gracias al dinero. También se basa en hechos reales: masacres y desapariciones.