Según su estructura, una película puede ser orgánica, reiterativa, circunstancial o disyuntiva. Orgánica cuando sus conflictos se relacionan el uno al otro, como en The Maltese Falcon (El Halcón Maltés, 1941) de John Huston. Esta cinta describe como conflicto incicial a un ave legendaria transpasada por piedras preciosas. Un nuevo misterio surge cuando una mujer frágil contrata a Sam Spade, detective privado, para que resuelva una disputa familiar. El colega de Spade asume el caso y es asesinado. La brusca consumación de este acertijo provoca un nuevo conflicto, en el cual Sam Spade aclara el asesinato de su socio. Otros conflictos despuntan en la mente del espectador a medida que cada personaje secundario interviene. Al final del Halcón Maltes la solución a los misterios del ave dorada y el detective abaleado concomitan con el desengaño amoroso de sus protagonistas.
Una película es reiterativa cuando sus conflictos son meras variaciones de un evento singular, como en Le Charme Discret de la Bourgeoisie (El Discreto Encanto de la Burguesía, 1972) de Buñuel, en el cual los actores representan las variaciones de una cena: «[Esta cinta] enseña menos un ciclo de comidas frustradas que las diversas versiones de la misma comida bajo la influencia de la moda y dentro de universos irreductibles»14. En Casanova (1977) de Fellini, el auge de la modernidad es representado como una serie de festejos de adolescentes e intelectuales frustrados, para quien el erotismo es suplantado por un furioso frenesí. Através de una estructura reiterativa, Fellini discrimina a la sexualidad de la ternura. La actuación de sus personajes es así mismo reiterativa, enfatizada por máscaras exageradas o burlescas que revelan la perversidad de la lujuria. Presa de la repetición, Casanova acaba enamorado de un autómata. En In einem Jahr mit 13 Monden (En un año con trece lunas, 1978), de Fassbinder, una torre aparece en forma de rascacielos; a lo largo de sus espirales Erwin, un travesti, descubre a un suicida quien lo invita a presenciar sus últimos estertores , a una sorda quien posee el don de escuchar através de las paredes , y a un rey andrajoso quien sobrevive gracias a la televisión y los juegos de pelota . La influencia de Kafka es evidente: la hija de Erwin lee El Castillo. Confabulador de pesadillas, Fassbinder descubre el potencial político de la repetición y lo aplica a la comunidad de Frankfurt en 1979.
«El Libro De Las Mil y Una Noches» presenta una trama circunstancial, en la cual diversos conflictos independientes refieren tenua o vagamente a un conflicto principal. Su estructura fue pomposamente importada al cine en Intolerance (Intolerancia, 1916) de D. W. Griffith, en la cual cuatro dramas de Babilonia, Paris, Jerusalén y Los Estados Unidos son asociados a la figura de una mujer arullando a su bebé. Más sútil en su estilo, Ingmar Bergman en Det Sjunde Inseglet (The Seventh Seal, 1956) refiere una serie de conflictos independientes la supervivencia del hijo de los comediantes, la infidelidad de la mujer del leñador y la crueldad del monje , al duelo del Caballero con la Muerte. Satyricon (Satiricón, 1969) de Fellini escenifica así mismo una serie de conflictos escabrosos, como el tajo simultaneo de las manos de un comediante sobre el escenario de un teatro, o la agonía de una vidente albina en el desierto, alrededor del drama amoroso de su carácter principal. La trama circunstancial alcanza su apogeo, creo, en Viaggio in Itali (1953) de Roberto Rossellini, en la cual el drama de los personajes principales prescinde del espacio en que transcurre, a la par que es este paisaje el que mejor refleja sus estados de ánimo. Las dudas de la señora Joyce permean el espacio, lo deforman y lo transforman en un laberinto que respira: las estatuas del museo, las calaveras que hablan, el templo de Apolo, las foasa nasales del Vesubio.
Quiero regresa a Londres, sugiere la señora Joyce en cuanto siente el vértigo de su libertad.
La crisis entre la vida familiar e independiente es delicadamente presentada: para Rossellini no es el amor, sino el dolor, el que fortifica a una pareja. Antonioni ahonda la estética circunstancial de Rossellini, pero mientras que Rossellini aborda el ennui con el afán de resolverlo, Antonioni lo enfatiza conduciendo a sus personajes al borde de su autodestrucción.
Las películas disyuntivas presentan diversos conflictos extraños entre sí, como en Andrei Rubliov (1966) de Tarkovsky, en el cual la historia del hombre que se eleva en un globo sobre el campanario de una iglesia es extraña a los perigrinajes de Andrei Rubliov y a los esfuerzos de un mozo imberbe por forjar una campana ingente.