Para terminar el comentario, podemos comenzar con una pequeña recapitulación de todo lo expuesto hasta el momento. A continuación, es conveniente incluir una pequeña reflexión crítica, en la que se expongan las que se consideran aportaciones válidas del texto propuesto, y, a la vez, se desarrollen sus puntos más débiles, aquellos aspectos en los que la teoría falla (si es que los hubiera). Hemos de buscar una visión equilibrada del autor, que no aleje de posiciones extremas: ningún autor tiene la verdad absoluta, pero tampoco toda la teoría de un autor puede considerarse por ello falsa. En este apartado crítico, parecerán casi inevitablemente referencias a otros autores y corrientes de la filosofía, que nos ayudarán a comprender las luces y las sombras del texto planteado.
Después de este apartado crítico, cabe incluir una pequeña reflexión sobre la relevancia histórica y la actualidad del texto. Así, se expondrían las influencias más importantes que ese autor (o esa obra) han ejercido a lo largo de la historia, y particularmente en la historia de la filosofía. Para finalizar, se ofrecería una visión personal sobre la posible vigencia de las ideas centrales del texto. Discutir un fragmento filosófico es siempre enfocar el mismo desde nuestros problemas actuales, y es precisamente la relación entre las ideas de los grandes autores y nuestro presente la que logra que el estudio de ese autor sea estimulante y útil. Por ello, terminar con una breve reflexión personal sobre la recuperación o aplicación del texto puede ayudarnos a prolongar las ideas del autor, a continuar ese debate vivo e intenso en el que debe consistir toda filosofía.