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Existe un mecanismo evolutivo en los animales sociales que se caracteriza por la máxima "hoy por ti, mañana por mí, aunque no seas mi pariente". Se necesitan varias condiciones para que sea efectivo:
1.- Vida en grupos que abarcan a parientes y no parientes.
2.- Memoria e inteligencia elevadas, de forma que reconozcan y recuerden a muchos individuos y lo que estos hacen.
3.- Un medio que empuje a la cooperación, como un medio hostil o la vida cazadora, con sus riesgos de fallos frecuentes.
Las condiciones 1 y 2 las cumplen los simios, pero no la 3. En chimpancés y bonobos se da altruismo recíproco en la creación de alianzas y en la caza ocasional, pero no es un factor de primer orden, como sí lo es, por ejemplo, en los lobos.
El altruismo recíproco plenamente desarrollado requeriría cómputos complejos, no sólo de quién coopera con quién, sino también de quién coopera y quién no con uno y, en especies con un estilo de vida oportunista, como serían las de nuestro género, en qué coopera, de manera que pudiese reconocerse a los "gorrones". En animales con un protolenguaje, el poder expresar esos cómputos permitiría marcar a los "gorrones" para evitar que el grupo cooperase con ellos.
Habría, pues, una presión selectiva a favor de la reorganización del cerebro creando áreas para los verbos y para los nombres, así como a favor de la producción de oraciones más complicadas regidas por una sintaxis rudimentaria basada en el orden de las palabras que evitara el aumento exponencial de su ambigüedad con su longitud. Esto último podría conseguirse por mecanismos culturales como los que tienen los chimpancés, que funcionan por imitación.
Un comportamiento así crearía, a su vez, una nueva presión de selección a favor de aquellos individuos que no necesitaran un proceso de aprendizaje a partir de la experiencia para producir oraciones complejas. Es decir, a favor de aquellos en cuyo bagaje genético estuvieran incluidos mecanismos sintácticos. Advierto que esto es perfectamente ortodoxo y no tiene nada que ver con la herencia de los caracteres adquiridos, sino con el hecho de que por mutación y recombinación pueden surgir genotipos que imiten caracteres derivados directamente de la acción del medio y sobre el medio.
Esos mecanismos, según Bickerton y Calvin, tendrían que ver con la caza. No por el hecho de que la vida cazadora presione en su favor, sino porque las áreas del cerebro implicadas en la destreza manual y en los lanzamientos balísticos se solapan ampliamente con las implicadas en el lenguaje. Además, la planificación de los movimientos para realizar un lanzamiento balístico recuerda mucho a la de una secuencia lingüística: es una planificación que se puede representar con un árbol como los que los lingüistas utilizan para analizar oraciones.
Es decir que un mecanismo utilizado para un proceso se utilizó para otro distinto, algo que suele suceder en el mundo darwiniano.
Aquí acaba la contribución de Bickerton y Calvin, dejando sin explicar otra característica esencial del lenguaje: la existencia de unidades sin significado, cuya combinación da lugar a las palabras, que sí lo tienen. Pero tal vez sea pedir demasiado a una teoría tentativa.
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