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Asumiendo como probablemente cierta la teoría arriba esbozada, ésta no nos dice cuándo se produjo la transición. Las neurociencias y la lingüística poco nos pueden decir de ello. Hay que acudir a la paleoantropología.
Juan Luis Arsuaga e Ignacio Martínez, del equipo de Atapuerca, consideran por los moldes endocraneales de los homínidos fósiles que el área de Broca, una de las principales relacionadas con el lenguaje, pero también con la destreza manual, de los primeros Homo ya estaba bien desarrollada. Eso no significa, dadas las otras funciones a que se asocia, que ya poseyesen el lenguaje.
Arsuaga y Martínez se fijan en otro aspecto del lenguaje que Bickerton y Calvin han obviado: los fonemas. En 1992 encontraron en la Sima de los Huesos un cráneo de cerca de 300.000 años, que formó parte de una población precursora de los neandertales, y dos huesos hioides (la lengua se sujeta a ese hueso). El estudio del hioides y de la zona de inserción del músculo constrictor superior de la faringe les llevó a la conclusión de que, a diferencia de los antropoides y de los australopitecinos y a semejanza nuestra, el individuo a quien perteneció el cráneo tenía la laringe baja. Éste es un rasgo que nos permite producir los sonidos del habla, a riesgo de morir por atragantamiento, peligro que no corren los demás mamíferos ni nuestros bebés.
La posición de la laringe afecta sólo al tramo vertical del aparato fonador. Nuestro tramo horizontal es, más o menos, de la misma longitud. El de los neandertales y su precursor, con su cara muy proyectada hacia delante, era más largo. Eso significa que las vocales más frecuentes en el habla humana, presentes en todas las lenguas y que mejor se discriminan, les estaban vedadas. Pero podían hablar y entenderse: ¿equese ne se entende este frese? Simplemente, su lenguaje sería algo menos eficaz e inteligible que el nuestro.
Y si los neandertales hablaban, si nosotros no somos descendientes suyos, sino una rama hermana de la suya, si rasgos complejos no pueden seguir una evolución igual en el detalle, se impone una conclusión: hace 800.000 años, el Homo antecessor, el ancestro común de los neandertales y nuestro ya hablaba.
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