



En realidad, se puede afirmar que todo acto de habla está "matizado" emocionalmente, pasa, de forma inevitable, por el filtro de subjetividad del hablante que emite el mensaje (y, en la dimensión receptiva, también por el del oyente). Por eso no es extraño que, como hemos visto, algunos de los ejemplos incluidos en los dos apartados anteriores nos parezcan, al menos intuitivamente, tan "expresivos" como "temáticos" o fáticos.
De hecho, salvo excepciones (como las recurrencias léxicas del tipo personas humanas o párpados de los ojos, por ej.), el que el hablante decida repetir una parte de su mensaje o del de su interlocutor supone ya una elección personal (subjetiva) innegable, cuyas "connotaciones" intentamos estudiar. En el lenguaje, que no es sino una forma más, quizá la más importante, de comportamiento, el hablante se revela (y desvela) personalmente; pero no siempre es fácil delimitar dónde queda exactamente la huella de su subjetividad ni cuál es su valor o su importancia, entre otros motivos porque tampoco las nociones de cantidad, grado, intensidad y énfasis son fácilmente delimitables en la realidad del uso.
En este apartado incluimos sólo ejemplos de recurrencias que nos han parecido que conducían tan directamente a la subjetividad del hablante, que éste (su sentimiento, su modo de ver las cosas, su actitud, etc.) se acababa convirtiendo, para su interlocutor, en "referente" (no ignorable, pero acaso ignorado) de la comunicación: lo que acababa prevaleciendo en ella era, gracias a las recurrencias correspondientes, más que lo dicho, la valoración personal que el hablante traslucía respecto de lo dicho-repetido. Es decir, en el ejemplo siguiente, más que la negativa del hablante, resalta la insistencia con que éste se empeña en repetirla, reflejo de su particular vivencia personal y comunicativa:
* Yo no, yo no pienso ir. [Ante la falta de reacción del interlocutor] Yo no pienso ir; tú no sé, yo desde luego no voy.
Naturalmente, basta con prestar un poco de atención para darse cuenta de que ésta de la expresividad es una de las funciones primarias de la recurrencia (13), quizá la más espontánea. Este apartado puede, pues, llenarse fácilmente de ejemplos. Traemos a colación sólo unos pocos que nos parecen suficientemente claros y representativos:
* X.— ¡Eh!, ¡pasa primero [la baqueta]!
A.— Espera, espera, espera, me la va a dejar a mí primero
B.— Tío, pero si es que esto es ilógico. Le quedan tres días y que le diga que limpie el subfusil...
C.— Pero total, pero total, totalmente de sobra
(reclutas en el cuartel)
* Entrevistador.) Y [se cabrea e insulta] cuando... lo típico que... va conduciendo y alguno le dice "Taxista tenías que ser", o... lo típico de los taxistas, que conducen muy mal...
Taxista.) Soy sordo
E.) ¿No dice nada nunca?
T.) Sordo, sordo
* Una infinidad..., innumerable, increíble, infinita, de artículos [en El Chollo]
(Radio, Onda Sierra, 9-4-93)
* IG.—Claro, es que para el amor yo creo que tiene que tiene que existir amistad «no?, en una pareja tiene
A.— Limpia, muy pura, limpia, limpia, limpia
IG.— Eso es cierto
(Isabel Gemio y Adela, "A3, "Lo que necesitas es amor", 30-1-94)
* JM.— [...] pero claro, también era mucho dolor, tanto para uno como para otro estar conviviendo bajo el mismo techo
IG.— Era duro
JM.— Era duro, bastante, cruel, muy cruel, y entonces, bueno pues parece que hubo una semana [...]
(TV-A3, "Lo que necesitas es amor", 30-1-94).
Y me gustaría destacar, de entre todos los posibles, los que usan la recurrencia como una estrategia del hablante para mostrar aprecio por, regodearse o recrearse en una determinada posibilidad, un hecho particularmente excitante, unas palabras ingeniosas, un buen chiste o una buena broma... (recurrencias "de complacencia"):
* Lo vas a dejar limpio [el subfusil], ¿no?, ya que te vas lo dejarás limpito, ¿no? [risas]. Lo vas a dejar limpito, ya que te vas
* —Le debo 128—¿A quién, al Chuste, al Chuste?
* Con lo bien que estaba yo ahora mismo currando y ganándome mil duritos al día. Mil duritos que estoy perdiendo ahora mismo por venir aquí
* A [dirigiéndose a B].) Vistes como los gané a todos, ¿no?, en las maniobras, ¿no? ¿Eh? Estaba él cuando los gané a todos en desmontar el subfusil
X.— ¡Ah, sí! Los ganó a todos, tío: es un artista, el colega
(reclutas en el cuartel)
* A) Pues ya sabes, hija, que eres joven todavía...
B) ¡Gasto completo!
C) Al padre le daba un infarto, a la hija dos seguidos, y al otro no sé
D) Yo no me daba un infarto: me moría de la impresión
B) Y a la madre no le daban infartos, ¡era triplicao!
D) Yo no, me daba un infarto. Me moría de la impresión.
Naturalmente, no hace falta insistir en que unas y otras modalidades de recurrencia no son en absoluto incompatibles y que cualquiera de ellas puede ser polifuncional; algunos ejemplos las combinan con tal naturalidad, que intentar su deslindamiento "científico" acabaría probablemente traicionando (y desluciendo) el sentido del conjunto:
* —Y quiere que le quieran, que le quieran todas, que le quieran mucho,
—Y que se lo digan continuamente
—y que se lo digan... Entonces cualquier "pero", cualquier perecillo... [es grave]
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