Habrán descubierto solapes (ya nos habíamos referido a ello), y habrán echado de menos alguna otra competencia necesaria. En realidad, la lista de competencias a abordar en cada caso (en cada curso) debe ser establecida entre el cliente y el proveedor. Este articulista sólo deseaba atraer algo más de atención hacia la formación por competencias, sin entrar en la “batalla” de métodos abierta por el e-learning (si me permiten decirlo así, por simplificar). Creo que el apellido “eficaz” que frecuentemente ponemos a la presentaciones, reuniones, etc., demanda una formación por competencias, y quizá es una pena que no hayamos avanzado más desde que David McClelland publicara, en 1973, el famoso artículo “Testing for Competence rather than for Intelligence”, con el que arrancó, si no me equivoco, el competency movement.