Hardt y Negri[iv] distinguen dos formas principales de trabajo inmaterial:
- el trabajo primordialmente intelectual o lingüístico, como la resolución de problemas, las tareas simbólicas y analíticas y las expresiones lingüísticas, y
- el trabajo afectivo, que produce o manipula afectos, como las sensaciones de bienestar, la satisfacción, la excitación o la pasión.
El trabajo lingüístico se apoya claramente en la comunicación, pero también lo hace el afectivo al transmitir los afectos, contribuir a crear sentido de comunidad, integrar a sus empleados, crear confianza en sus públicos, etc. Esta doble dimensión lingüístico-afectiva recorre el proceso productivo a través de la comunicación interna y externa. Para confirmar las implicaciones de esta afirmación, resulta conveniente enumerar las funciones que la comunicación desempeña en la organización.
La comunicación externa sirve para proyectar la identidad corporativa de la organización, de manera que exista una correspondencia y una adecuación entre la identidad proyectada y la imagen percibida por los destinatarios. La comunicación genera valor y confianza en los llamados grupos de interés o stakeholders, ante los cuales la organización adquiere una responsabilidad y crea un marco común de entendimiento que favorece la relevancia de la comunicación.
En el ámbito interno de la comunicación, tal y como señala Robbins[v], se pueden distinguir cuatro funciones principales:
- informar: proporcionar los datos necesarios
- ejecutar los planes y controlar sus resultados: lograr así las metas de la organización
- motivar al personal: a través de la retroalimentación y el refuerzo de las necesidades psicológicas
- expresar los sentimientos y emociones, como fuente de integración social del empelado y la satisfacción de las necesidades de inclusión y pertinencia.
Mientras que las dos primeras funciones de la comunicación interna tienen un papel instrumental -al igual que ocurre con la función de proyectar la identidad corporativa- las dos últimas funciones –en paralelismo con la responsabilidad comunicativa ante los stakeholders- conllevan una dimensión inmaterial, afectiva, que apela a factores psicológicos y a la cooperación social. En consecuencia, es preciso diferenciar con más claridad las acciones instrumentales y las comunicativas, basándonos en el objetivo que se persigue con tales acciones.