



La conexión entre lo dionisíaco y lo diabólico fue establecida por la propia iconografía cristiana: la imagen clásica del demonio como macho cabrío responde al aspecto físico de Marsias, símbolo de la embriaguez y el caos, y figura mítica de lo dionisíaco, sacrificado por Apolo, dios del Orden y la mesura.
Cfr. ABC, edición de Sevilla, 6 de diciembre 1999, página 36.
El símbolo de la ventana es crucial en Carmen Martín Gaite, como medio básico de escape y creación para las "mujeres ventaneras". Una ventana a otras vidas, otras experiencias y otro mundo, más rico y amplio. Cfr. Martinell, 1992, y Martín Gaite, 1992.
Al final, el capítulo cambia notablemente de atmósfera y se transforma en un cuento cruel con toques masoquistas: Carola se nos muestra como una persona de ética deleznable que no vacila en infligirle a otro personaje (Rafael) el mismo daño que el hombre de negro le hace a ella. Su dudosa justificación: "La vida es así, en el fondo nos gusta que alguien sufra por nuestra culpa, y siempre pagan justos por pecadores, ¿no le parece?" (p. 172).
La propia Martín Gaite señalaría la presencia de "cierta vena de erotismo" y de un "fluido de sensualidad" en la conversación con el hombre de negro (Carmen Martín Gaite en Gazarian Gautier, 1981: 10).
Cfr. Carmen Martín Gaite, en Gazarian Gautier, 1981: 10.
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