Los grandes principios universales (justicia, libertad, igualdad, fraternidad, amor, justicia, solidaridad, etc.) son atemporales. Los valores, la forma de jerarquizar estos principios, evolucionan. Los valores no se “pierden”, cambian[1].
En este sentido, el objetivo es alcanzar la sociedad pluralista, en la que distintos códigos morales comparten unos mínimos comunes, lo que permite el respeto y la convivencia.
Y no perder de vista que los esquemas estereotipados tienen doble filo: facilitan la comprensión y comunicación con el entorno, pero contribuyen a mantener prejuicios sociales basados en la jerarquización de grupos humanos.