3 - Las perspectivas

Monografía creado por Rodrigo Velasco Ortiz. Extraido de: http://revista.iered.org/v1n2/html/rvelasco.html
05 de Noviembre de 2006

Los seres humanos somos intérpretes del mundo, o si se prefiere, creadores de mundos, en cuanto con nuestra capacidad simbólica construimos sentidos. Pero este proceso no se da nunca de manera individual, al menos en los fundamentos que originan la historia de cada mujer y de cada hombre. “Toda distinción establecida es establecida por un observador (…) y para un observador (…) que puede ser él mismo (…) en un contexto social y en un proceso recurrente: establecemos distinciones a fin de observar (…) luego establecemos distinciones a fin de describir lo que observamos (…) acción y percepción, descripción y prescripción, representación y construcción, están entrelazadas”1.

Llegamos a un mundo construido por nuestros antecesores y adquirimos por aprendizaje la principal herramienta interpretativa, el lenguaje. Toda nuestra vida transcurre en ese recorrer, ampliar, abandonar o generar mundos de sentido, los cuales funcionan como partituras, como guías de acción, como recetas de cocina que orientan la acción del intérprete. En términos generales, la visión del mundo que nos brinda el grupo cultural al cual pertenecemos no es puesta en duda: “Aquello que me permite identificar la realidad de las cosas espaciales en la sucesión del tiempo (frente a las irreales) es la certeza previa de mi propia existencia en un mundo que, necesariamente es cultural (…) Sin considerar aquí los criterios de cada cultura acerca de lo que es real o irreal, vivimos nuestras vidas desde la honda convicción de que nuestra cultura cuenta con buenos criterios”2.

Ahora bien, el proceso de representación mental del mundo está originado en nuestra capacidad de distinguir (crear mundos) “El punto de partida de cualquier acción, decisión, percepción, teoría y epistemología es la creación de una diferencia: sólo al distinguir una pauta de otra somos capaces de conocer nuestro mundo.(…) En una obra clásica ‘Laws of Form’ Spencer Brown enuncia que un universo se engendra cuando se separa o aparta un espacio y los límites pueden trazarse en cualquier lugar que nos plazca (…) A partir del acto creativo primordial de establecer distinciones pueden engendrarse infinitos mundos posibles”3.

Lo anterior subraya el carácter subjetivo de todas las construcciones de los seres humanos y nos induce a pensar que la tensión existente entre ‘lo objetivo’ y ‘lo subjetivo’ no puede resolverse de manera simplista, radicalizando los polos, bien en una subjetividad encerrada en sí misma, solipsista, bien en una objetividad separada de las subjetividades y desconectada de los avatares concretos de la vida real.

Por eso es importante percatarnos del carácter histórico de nuestras representaciones, esto es, de que nuestra mirada está cruzada necesariamente por las dos coordenadas del espacio y el tiempo, en cuya intersección se realiza. Así, ninguna mirada, bien sea de la vida cotidiana, científica, filosófica, religiosa o artística, podrá tener válidamente las pretensiones de universalidad o de eternidad. En consecuencia, un sentido crítico perspicaz nos lanzaría a indagar, mucho más que por la validez de los datos de una situación, qué consideraciones previas existen detrás; qué es lo que se considera “datos” y cuáles son los procesos validados para obtenerlos.

Aunque los mundos y las miradas están determinados por el espacio y el tiempo, sus ámbitos tienen una enorme variedad de alcances, se refieren a conjuntos más o menos amplios de realidad y por lo mismo tienen muy variado peso interpretativo y diferente importancia en la vida de cada persona. Una mirada científica sobre la sociedad, por ejemplo, no afecta claramente la mirada cotidiana sobre la dieta; una mirada sobre la belleza de la música popular no tiene el peso que tendría la mirada religiosa sobre el sentido de la vida. Miradas, teorías, prejuicios, paradigmas, perspectivas, cultura, son otros tantos nombres que le damos a las claves con las que leemos el entorno, claves que, como ya lo dijimos, tienen disímiles grados de importancia y de alcance.

Cuando una manera de mirar es muy compleja, incluye ideas, valores, formas de sentir y de actuar con las cosas y con las personas y todo ello está fuertemente unido y reforzado - por lo cual tiende a perdurar - le damos el nombre de paradigma. Este entrelazamiento opera como un refuerzo del modelo, ya que las “propiedades del observador conforman lo observado (…) la gestación de respuestas a preguntas apasionadas o el llenado de vacíos mediante la imaginación creadora alteran el mundo y brindan la oportunidad de obtener respuestas que se autocorroboren (…) Por una cualidad de nuestra percepción, la selectividad, vemos lo que queremos ver (…) Cuando ‘descubrimos’ una enfermedad, por ejemplo, la ‘creamos’ y le damos visibilidad.“4

Ha sido tradicional en occidente un paradigma, lineal y progresivo, según el cual primero están las causas y luego los efectos; el mundo real determina el conocimiento verdadero y el conocer es ante todo un ejercicio destinado a diferenciar y definir, de donde se deduce que los conocimientos filosóficos, cotidianos, religiosos, artísticos o científicos son distintos y cada ciencia tiene su objeto y su método propio. Desde esta perspectiva, una cosa son los sentimientos y emociones y otra muy distinta la razón y el pensamiento; un tipo de realidad es la materia inerte y otra la vida; una cosa es el mundo material y otra muy diversa el mundo del espíritu. Este paradigma, de corte analítico, ha sido muy fecundo para un tipo de ciencia y la ha conducido a insospechadas filigranas de especialización y a sofisticados desarrollos tecnológicos. Pero también ha tenido nefastos efectos en el planeta y en la vida social, al desconocer que la raza humana es enteramente parte de la tierra y al separar radicalmente a los seres humanos por el género, la cultura o la clase social, ignorando su fundamental similitud.

Otra manera de considerar el mundo, con mayor arraigo en las culturas orientales, muestra la interdependencia entre causas y efectos, los nexos entre fenómenos aparentemente distantes, la unidad del universo y las recurrencias e interrelaciones entre cualidades contrarias como orden y desorden, vida y muerte, materia y espíritu. Así, cada mundo depende de los otros y a su vez los constituye como correlato, formando una malla infinita cuyos nodos son independientes tan solo en apariencia. Esta mirada, que en ocasiones confunde y problematiza al entendimiento, es la que permite superar los efectos de un racionalismo parcial que identifica el pensamiento con el mundo y recomienda actuar también de manera parcelada, ignorando la complejidad de los fenómenos humanos.

2 opiniones

Construcción de un currículo universitario desde una perspectiva estética

Excelente
Muy bien.

Excelente el contenido y la percepciòn.

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Monografía de Rodrigo Velasco Ortiz. Extraido de: http://revista.iered.org/v1n2/html/rvelasco.html CopyLeft
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