Creación literaria en la Red - Descripción de la "hiperficción"
2 - Descripción de la "hiperficción"
Lo primero que tenemos que tener en cuenta es que estamos ante un fenómeno en plena ebullición que crece día a día y del que es muy difícil hacerse una idea segura y estable. Si hacemos la prueba de introducir en un motor de búsqueda de Internet términos como “hiperficción”, u otros con los que suele confundirse, como “hipernovela” o “cibernovela”, los resultados son tan increíbles como desconcertantes: miles de documentos que nos remiten a creaciones literarias que no siempre comparten las mismas características ni por supuesto la misma calidad estética.
En primer lugar, he de advertir que, si no todas, la mayor parte de las creaciones literarias que encontramos en Internet estarían más cerca de la novela que de cualquier otro género, de ahí que se hayan hecho comunes también términos como “hipernovela” o “cibernovela”.
Entendida por tanto la hiperficción como un tipo especial de novela escrita en soporte electrónico, todavía podemos distinguir dentro de esta dos categorías diferentes: la llamada “hiperficción constructiva” y la “hiperficción explorativa”.1
Un primera diferencia entre ambas es que la hiperficción constructiva es una creación hecha a través de la colaboración de varios autores, mientras que la explorativa es obra de un solo autor. De hecho la ficción constructiva ha sido comparada con los llamados “chat”, o charlas a través de la red, o incluso con los juegos de rol, donde un “narrador” (storyteller) prepara el esquema de una historia y ejerce de árbitro regulando las acciones de los jugadores. En este tipo de ficciones siempre hay alguien que controla no la narración pero sí la interacción, estableciendo unas reglas del juego. Por su parte, la hiperficción explorativa puede tener un solo autor, pero a través del sistema de hipertexto crea una ficción que puede ser leída en múltiples direcciones, de tal manera que se le permite también al lector tomar decisiones sobre sus trayectos de lectura, eligiendo qué nexos establecer en cada momento. Este tipo de lectura tomando decisiones ha sido comparada con la que ofrecen los libros juveniles del tipo “Elige tu propia aventura” (en España publicados por Timun Mas).
Como ejemplo pionero de hiperficción constructiva, o en colaboración, se suele citar la creación Hypertext Hotel (http://duke.cs.brown.edu:8888/), iniciativa de uno de los autores más conocidos dentro de este ámbito, Robert Coover. Si nos centramos en las páginas de la red escritas en español, podemos comprobar como este tipo de ficciones que suelen ser denominadas frecuentemente con la mera etiqueta de "novelas colectivas" están proliferando de forma extraordinaria. Algunas se deben a iniciativas particulares y modestas que muchas veces mueren frustradas al poco tiempo de haber comenzado, otras dependen de entidades bien organizadas. Lo cierto es que últimamente este tipo de iniciativas parecen ser un excelente reclamo para determinadas páginas con fines comerciales. Veamos algunos ejemplos.
La web www.elmundolibro.com puso en práctica hace dos años un proyecto bajo el nombre de "La novela del 2000" que consistía en crear con la colaboración de los usuarios de dicha página una novela colectiva. Esta llevó por título La rebelión de los delfines. Comenzó a escribirse el 31 de mayo y se terminó el 15 de noviembre de 2000. Las normas del juego establecían de antemano que determinados capítulos, el primero y el último y todos los múltiplos de cinco, fueran elaborados por escritores profesionales de éxito (Francisco Umbral, Espido Freire, Carmen Rigalt, José María Merino, Eduardo Mendicutti y Javier Tomeo) y el resto por aficionados. Sin duda, al igual que ocurre en otras muchas de las novelas de este tipo, los primeros son utilizados como ganchos o reclamos que de alguna manera prestigiaban y legitimaban el proyecto. Durante 25 semanas todos los miércoles apareció un nuevo capítulo en la página web. A lo largo de cinco meses y medio, a la redacción de El Mundo llegaron cerca de un millar de originales. Los capítulos ganadores de las correspondientes entregas fueron seleccionados por el crítico literario Santos Sanz Villanueva. La novela resultante, después de aparecer íntegramente en la web, fue publicada en forma de libro por Espasa-Calpe.2
El argumento que resultó de este experimentó en colaboración, como no cabría esperar de otra manera y como los mismos organizadores parecieron prever, es sumamente disparatado. Se cuenta la delirante historia de un periodista llamado Walter que ha de investigar el asesinato de la esposa de su mejor amigo, supuestamente a manos de un delfín llamado Leopardi. Cada uno de los colaboradores parece querer llevar la historia a una situación desquiciada y absurda dejando en un aprieto a su sucesor. Como ocurre en casi todas estas creaciones colectivas, la intención perseguida, confesada por el crítico que ejercía el papel de árbitro, era fundamentalmente lúdica y experimental. Santos Sanz dice en el prólogo que el mayor atractivo de esta creación consistirá en ser “muestrario de modos de escritura y de modelos narrativos actuales” (p. 26).
Repito que son muchas las novelas que actualmente se difunden en la red a través de unos mecanismos similares (véanse, a modo de ejemplo, Autopista de peaje. Una historia llena de salidas (http://www.geocities.com/remoalbatros/); La señora (http://www.imaginando.com); novela y guión interactivos de Caminos de Pakistán (http://www.caminosdepakistan.com); novela colectiva de Textos caducos (http://es.geocities.com/textoscaducos/index.htm)). El hecho de que estos proyectos de creación en colectividad se lleven a cabo a través de Internet es justificado por los emprendedores de los mismos en función de la velocidad y facilidad que este nuevo medio otorga a la comunicación. Lo que habría que preguntarse es si este tipo de creaciones sufren alguna alteración o cambio trascendente por el mero hecho de ser concebidas y realizadas en línea.
Casi al mismo tiempo que La rebelión de los delfines de forma casual llegó a mis manos la reciente reedición de la novela colectiva que en el año 1886 se publicó bajo el título de Las vírgenes locas3. El caso es bien conocido: la novela apareció por entregas en la revista Madrid Cómico, entre los meses de mayo y septiembre de 1886, a partir de una idea de su director Sinesio Delgado: “Se trata de publicar y escribir en el Madrid Cómico -manifestó este mismo- una novela sin género ni plan determinado y de la cual cada capítulo ha de ser original de un autor diferente, que lo firmará y se retirará de la palestra”. Algunos de los colaboradores son todavía muy conocidos, como Leopoldo Alas, Ortega Munilla, director del Imparcial, o Jacinto Octavio Picón. Casi todos eran asiduos colaboradores del Madrid cómico, y al parecer la iniciativa de Las vírgenes locas no fue un caso totalmente aislado, pues no debía de ser raro entre los autores de este círculo que se escribieran algunas piezas teatrales en colaboración. Tras su publicación por entregas en el periódico fue también recogida en libro por el madrileño editor Bueno, lo que hace pensar que la iniciativa gozó de alguna popularidad en su momento.
El resultado de este proyecto es una novela tan disparatada como lo es La rebelión de los delfines (quizás aquella más divertida). También aquí encontramos, y eso era lo que se perseguía, una curiosa mezcla de estilos literarios. Asimismo, el mecanismo de la novela funcionó de manera muy similar. El propio Delgado resalta “el afán que cada cual ha de tener, al redactar su capítulo, de salir airoso del compromiso en que le colocó su antecesor y hacer por su parte cuanto sea posible para poner en un aprieto al sucesor”. Efectivamente, en esta divertida novela, cada autor fuerza la situación hasta el límite de lo absurdo, de tal manera que el siguiente debe reconstruir la narración para volver después a dispararla y pasarle el turno al próximo.
En resumidas cuentas, nos encontramos con dos creaciones muy similares en la intención y aún en los resultados, pero escritas nada menos que con un siglo de diferencia. Naturalmente, la supuesta “modernidad” que conlleva la publicación de una novela en colectividad a través de la red no es tal cuando la comparamos con antecedentes tan antiguos. Encierra además Las vírgenes locas una divertida y moderna parodia de la novela de folletín o por entregas tan en boga por aquel entonces, que dudo que esté igualmente presente en todos los capítulos de La rebelión de los delfines.
Por supuesto, tampoco estamos hablando de dos casos aislados. A lo largo del siglo XX se han llevado a cabo muchos experimentos de creación colectiva. Por poner tan sólo algunos ejemplos, en el número 5-6 de Tensor, correspondiente a octubre de 1935, la revista militante de Ramón J. Sender, se publicó la creación colectiva Historia de un día de la vida española, atribuida de manera genérica su autoría a “autores revolucionarios” (entre los que figuraban algunos tan conocidos como Alberti, Altolaguirre, Arconada, Carranque de Ríos, Cernuda…). Otro ejemplo podría ser Suma y sigue o el cuento de nunca acabar, “novela picaresca de nuestros días”, también dirigida por Sender, y publicada en la revista política de agitación Línea entre 1935 y 1936. Ambos casos dan cuenta del clima y ánimo colectivista que reinaba entre los jóvenes intelectuales de filiación revolucionaria por estos años.4
Hoy en día, gracias a Internet, y con ánimo muy distinto, este tipo de iniciativas proliferan de forma extraordinaria. Lo que cabría preguntarse es si una utilización de la red o de los soportes electrónicos de edición tan sólo para fomentar la colectividad es algo realmente interesante y novedoso.
Sin duda, existen usos de las nuevas tecnologías de cara a la creación literaria, a mi juicio, mucho más interesantes y prometedores.
Me refiero a todas aquellas creaciones literarias disponibles en línea que, bien creadas en solitario o en colectividad, abandonan la linealidad narrativa propia de las ficciones descritas hasta aquí, para ofrecernos una ficción laberíntica o abierta en la que el usuario puede optar por diversos trayectos de lectura. Adelanto que, en mi opinión, es aquí, y no en la mera colectividad, donde radica el interés y las posibilidades de la hiperficción5. En este caso, que antes he denominado como “ficción explorativa”, lo cierto es que la presencia de más de un autor no tiene demasiada importancia, pues de alguna manera en ellas el lector siempre acaba convirtiéndose también en un autor a la hora de tener que trazar su propio trayecto de lectura. En realidad, en un entorno hipertextual todos los escritos son escritos en colaboración. En primer lugar, porque el lector colabora necesariamente con el autor para producir un texto a través de la opciones que escoge. Y, por otro lado, porque cualquier documento introducido en un sistema en red que lleve nexos electrónicos existe en colaboración con todos y cada uno de los documentos presentes en el sistema.6
Dicho de otra forma, los nexos del hipertexto facilitan automáticamente la colaboración, por ello no tiene demasiado interés, desde el punto de vista del aprovechamiento de las nuevas tecnologías, novelas en colaboración como las arriba descritas, pues ello, como hemos visto, ya se podía hacer hace muchos años y sin la ayuda del hipertexto. De hecho, este tipo de ficciones, en las que se rompe con la linealidad narrativa, son escritas en colectividad o en solitario, no difiriendo el resultado en uno u otro caso.
Si de alguna manera en el tipo de novelas colectivas descritas más arriba se sugería y metaforizaba la idea de encerrar en una sola novela muchas posibles novelas, aquí de lo que se trata es de hacer posible y real esta idea, y quizás un dato de menor importancia sea que estas se deban a la misma pluma o plumas diferentes.
Este tipo de ficciones cuenta con antecedentes ya ilustres entre los aficionados a la hiperficción, como la creación de Michael Joyce, Afternoon. Por supuesto, cada vez empiezan a proliferar más también las ficciones de este tipo escritas en español. Veamos a modo de ejemplo lo que se dice en la presentación de una de estas creaciones escogida al azar.
La historia, a la que podréis acceder más abajo, ya está empezada. Por ahora no hay mucho: la ambientación, un par de personajes y poca cosa más. Podéis continuar la historia en el punto que queráis, bien al final de lo que ya esté escrito o en cualquier punto intermedio (Otra de chipirones (http://www.geocities.com/Athens/Acropolis/9579)).
Aquí ya se utiliza el sistema de hipertexto, la novela se puede seguir de forma lineal, hay un pequeño índice entre los enlaces de la página principal, o comenzar a leer el relato y luego ir siguiendo los enlaces del propio texto.
Como ya he apuntado, la diferencia fundamental entre este tipo de ficciones y las arriba descritas es que en estas se proponen múltiples caminos de lectura, es decir una determinada palabra o parte de un determinado capítulo nos puede llevar a otro texto, si es que queremos seguir por ese camino, y este a su vez a otro y a otros, de manera que la historia se va ramificando infinitamente. En suma, la diferencia estriba en hacer una utilización real o tan sólo aparente de las posibilidades del hipertexto. Y digo esto porque los usos falsos o aparentes del hipertexto ciertamente no escasean en la red.
El novelista Lorenzo Silva publicó el pasado año en la página web del Círculo de Lectores (www.circulolectores.com) una novela policiaca, La isla del fin de la suerte, en la que contaba con la colaboración de los lectores. Al final de cada uno de los seis capítulos, ofrecía tres finales posibles. Los usuarios de esta página por medio de votaciones decían por dónde había de continuar la historia. Silva se acataba entonces a la voluntad de sus lectores y continuaba la intriga por ese camino abandonando los otros dos propuestos. Pero esas posibles novelas que tan sólo eran sugeridas por el escritor a sus lectores y que no habían sido elegidas quedaban abandonadas, muertas, no llegaban a realizarse. En casos como este estamos ante lo que acabo de definir como una utilización superficial y falsa de las posibilidades de la edición electrónica. Pues precisamente lo que permite el hipertexto es que esas posibles novelas fueran, a través de los enlaces, también continuadas, de tal manera que cada lector trazara un camino de lectura y así, que esa novela encerrara dentro de sí, de forma simultánea, muchas, infinitas novelas. Independientemente de la calidad estética de la obra, que la tiene, como experimento creativo La isla del fin de la suerte, tal como se llevó a cabo, no me parece algo realmente novedoso ni que necesitara de las posibilidades técnicas que ofrece Internet para llevarse a término. De hecho, al igual que ocurrió con La rebelión de los delfines, al poco tiempo de su publicación en línea fue publicada en libro de forma tradicional7, lo que indica que el formato electrónico no confería cambios trascendentes al proceso de creación literaria ni al resultado en este caso.
En definitiva, creo que lo que ha de marcar la diferencia entre las ficciones editadas en soporte tradicional con respecto a aquellas que nacen en un entorno electrónico no es tanto la individualidad - colectividad (siempre presente esta última en un entorno hipertextual) como la linealidad - no linealidad. Es decir la verdadera diferencia entre unas ficciones y otras estriba en la utilización o no de las posibilidades del hipertexto. Sólo en aquellos casos que se utiliza el hipertexto para romper con la linealidad discursiva podríamos asegurar que estamos ante una forma novedosa de creación literaria. Por el contrario, en aquellos casos, por mucha colectividad que haya, que no se de ese salto en la ruptura de la linealidad me temo que tan sólo estamos ante un mero cambio de soporte en la forma de transmisión. Sólo cuando la ficción se ramifica y encierra dentro de sí, de forma real, muchas posibles ficciones, estamos ante algo diferente. Buenos ejemplos de este tipo de ficciones en español son las tituladas Pentagonal: incluidos tú y yo, de Carlos Labbé (www.ucm.es/info/especulo/hipertul/pentagonal/), o Desde aquí, de Mónica Montes (http://www.ucm.es/info/especulo/hipertul/desdeaqui/01.htm).8
Esta forma de creación, la hiperficción explorativa, sin duda trae consigo muchas consecuencias importantes. En primer lugar ya ha quedado claro que el tipo de ficciones que estamos analizando rompe con la linealidad narrativa a la que estamos acostumbrados; dicho de otro modo, pone en tela de juicio las ideas de trama e hilo narrativo corrientes desde Aristóteles, como también cuestiona la existencia de una magnitud predeterminada definida de la historia.9 El concepto de linealidad implica un comienzo y un fin, mientras que en el hipertexto, estos deberían quedar supuestamente diluidos en muchos posibles principios y muchos posibles finales. Lo fundamental es entender que el hipertexto se constituye de cuerpos de textos conectados en los que no existe un texto principal y otros secundarios.
El hipertexto, al reducir la autonomía del texto, al descentrar el texto, por medio de la creación de enlaces con otros textos, también reduce la del autor. En la hiperficción explorativa el lector controla parcialmente la dirección y la experiencia de la creación. Está claro, en consecuencia, que las figuras del autor y el lector se confunden más que en cualquier otro momento de la historia literaria10. Como resultado de ese acercamiento entre los tradicionales papeles del autor y el lector en el proceso creativo, las creaciones hipertextuales conllevan al decir de casi todos los que han escrito sobre este asunto una democratización de dicho proceso. “Publica y lee lo que quieras cuando quieras” es la frase publicitaria de una editorial electrónica (http://www.noveles.com) que ilustra muy bien esta tendencia. Lorenzo Silva, por su parte, en el prólogo de su novela electrónica La isla del fin de la suerte se enorgullece de compartir la experiencia creadora, y dice textualmente: "Así funcionará esta novela compartida, que me honra no poder firmar en solitario, sino en compañía de un grupo de lectores"11 . Podríamos seguir dando ejemplos: en la página web de la editorial Ekoty (http://www.ekoty.com), además de poder participar en la creación de una novela colectiva, encontramos también otro servicio bajo el título "¿Quieres publicar?", que ofrece la posibilidad de enviar creaciones literarias a la web. La editorial se compromete a publicar en línea aquellos primeros capítulos de libros inéditos que puedan tener cabida en su colección y, tras someterlo al sufragio de los navegantes, a publicar en libro la novela más votada.
Siguiendo la conocida teoría según la cual las numerosas reproducciones que trajo consigo la imprenta desmitificaron el arte en sí, se cree que el hipertexto extenderá aún más ese proceso de desmitificación. Obviamente hay quien ve con temor que este nuevo modelo de creación literaria amenace los parámetros canónicos que actualmente dan legitimidad a la obra artística.
Por otra parte, es evidente que el hipertexto presenta una capacidad para enfatizar la intertextualidad de la que carece el texto encuadernado en un libro. El primer capítulo de la “hipernovela” de la Web “Textos caducos” (http://es.geocities.com/textoscaducos/index.htm) es según dice el autor de la página el capítulo intermedio de una novela conocida. Pregunta entonces a sus usuarios, a modo de acertijo, "¿cuál es esa novela?". Juegos o acertijos como este se proponen con frecuencia a los colaboradores.
Probablemente con esto haya que relacionar también la extraordinaria frecuencia con la que en este tipo de ficciones nos encontramos con reflexiones de índole metaliterario, o actitudes irónicas y distancias de los autores hacia su propia creación. Sin duda estamos ante ese tipo de ficciones que se saben a sí mismas ficciones; es decir, que no pierden en ningún momento la conciencia de su condición literaria, no real. En el capítulo nº 10 de la novela colectiva de la página web de la editorial Ekoty, firmado por alvaroggt@lycos.es, leemos:
Marisa estaba tan perdida como lo están los lectores que flotan la mirada sobre estos párrafos. Todos los párpados, los de Marisa y sus lectores, alucinan hasta perderse de asombro y sin sentido; una cibernovela no puede ser larga, ha de ser corta y se debe poder leer de un tirón, casi como un relato o un cuento en aportaciones continuas, sin clicks y aparte: como juntando las letras y centrifugando las firmas. Luego a modo de epílogo cada cual puede aplacar su vanidad en dulces aportaciones (esta vez independientes y reclamando un nombre). Marisa estaba tan perdida como una cibernovela.
La reflexión metaliteraria ocupa uno de los capítulos de la novela en cuestión para decirnos cómo ha de ser una cibernovela. En consonancia con esto último, hay que destacar también cómo este tipo de ficciones presentan con frecuencia un tono marcadamente lúdico y experimental. No es nada extraño que estas novelas terminen con una especie de desmitificación de sí mismas y la confesión por parte del autor de estar llevando a cabo un juego intrascendente. A todo esto hemos de sumarle grandes dosis de humor en la frecuente reelaboración paródica de modelos literarios establecidos.
Monografías relacionados con 'Creación literaria en la Red'
Autor y licencia de 'Creación literaria en la Red'
Monografía de Teresa Gómez Trueba. Extraido de: http://www.ucm.es/info/especulo/numero22/cre_red.html
