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Creación literaria en la Red - Interpretación y crítica del fenómeno

(1 opiniones)
Monografía creado por Teresa Gómez Trueba. Extraido de: http://www.ucm.es/info/especulo/numero22/cre_red.html
16 de Septiembre de 2006
Historia de la literatura

4 - Interpretación y crítica del fenómeno

La primera objeción que cabría hacerse a muchas de las ficciones analizadas es que no siempre asumen plena y satisfactoriamente las posibilidades del hipertexto. Ya me referí antes a esas novelas hechas en colectividad que no son más que una versión electrónica de novelas tradicionales. Pero incluso en aquellas que hacen una utilización real del hipertexto, muchas veces tenemos la sensación de que los autores tienden a preservar inútilmente elementos de la ficción lineal, de tal forma que nos encontramos ante lo que Auerbach ha llamado irónicamente ficciones con “notas a pie de página mejoradas”26; es decir, historias escritas más o menos linealmente, con su principio y su final predeterminado, pero que en determinados momentos, por ejemplo en el nombre de los personajes que van apareciendo, ofrecen nexos o enlaces que nos llevan a una información complementaria de los mismos. Naturalmente, en estos casos lo único que se consigue es que la información complementaria lastre el desarrolle del argumento normal.27

Por otro lado, cuando nos adentramos en una de estas ficciones y vamos optando por determinados enlaces entre todos los que se nos ofrecen, no es raro que tengamos la molesta sensación de haber escogido el camino incorrecto, de estarnos perdiendo algo importante del argumento. Por contra, la teoría hispertextual se sustenta en el supuesto de que no hay un texto importante y otros secundarios, es decir no hay jerarquías entre ellos, cualquier opción, cualquier lectura si se quiere, es igualmente válida. En opinión de Pajares Toska, experta en hiperficción, la clave radica en la oportunidad de los enlaces; no se trata tanto de que haya muchos sino de que estén colocados oportunamente, de tal forma que lo que se encuentre tras cada uno de ellos no defraude las expectativas del lector28. Efectivamente, en el caso de la hiperficción la calidad estética del resultado depende tanto o más de la oportunidad de esos enlaces como de la calidad literaria de cada uno de los textos enlazados, y esto quizás no siempre está plenamente asumido por los autores de la hiperficción.

En relación con esto, hay que decir también que la mayoría de las obras de ficción en hipertexto adoptan un enfoque más bien cauteloso respecto al problema del principio, ofreciendo al lector una lexía con una etiqueta del estilo “empiece aquí”29. Y claro está, si la ficción tiene un principio también debería tener un final que es buscado y deseado por el lector, cuando lo lógico y deseable en este tipo de ficciones sería que se renunciara a un final, a una conclusión estable, pues como bien advirtió Landow: “a diferencia de los textos manuscritos o impresos, los del hipertexto sí pueden durar indefinida y, tal vez, infinitamente, por lo cual cabe preguntarse si podrán proporcionar conclusiones satisfactorias”30. Esto pareció intuir Javier Tomeo, el autor al que se le encargó el último capítulo de la cibernovela La rebelión de los delfines (www.elmundolibro.com), optando por una estructura circular al mostrarnos al protagonista justo al final de la misma manera que aparecía en el capítulo primero, firmado por Umbral, y metaforizando así la imposibilidad de dar un fin concluyente a la historia. Pero quizás se podría en este caso no sólo metaforizar sino también hacer realidad esa circularidad, aprovechando las posibilidades de la técnica y conectando este último capítulo con el primero a través de un enlace.

Si, por un lado, la ruptura con la linealidad no parece asumirse siempre plenamente, por otro, es bastante llamativo que este tipo de creaciones, cuando están hechas en colectividad, vayan precedidas por una serie de reglas e instrucciones que los participantes han de seguir y respetar. En algunos casos se parte de unas fichas informativas acerca de los personajes o el ambiente, en otros se ofrece ya el primer capítulo y se sugiere por donde tiene que ir el segundo, y en otros muchos se advierte incluso que el único requisito que se tendrá en cuenta para la admisión de colaboraciones es que estas sean coherentes con la trama que les ha precedido. Es probable que sin esas reglas la interacción no pudiera llevarse acabo, pero que duda cabe que las mismas, no sólo coartan la creatividad de los colaboradores, sino, lo que es más importante, entran en contradicción con la propia idea de una novela en libertad, abierta e infinita, que suele subyacer bajo estos proyectos creativos.

Quiero llamar la atención también sobre el hecho ya aludido de que algunas de estas novelas experimentales creadas en línea sean después publicadas en libro, haciendo así una especie de tributo a la cultura impresa a la que todavía estamos todos tan acostumbrados. Los lectores y colaboradores de la cibernovela de Lorenzo Silva, La isla del fin de la suerte, le preguntaron insistentemente al autor a través de un chat que tuvo lugar simultáneamente a la creación de la novela que si después esta sería publicada en forma de libro. El autor dice que sí, y declara además: “yo creo que es el destino natural de una novela. Internet me parece una máquina potente de comunicar, cuyas posibilidades apenas empezamos a ver, pero eso no quita para que un libro siga siendo un libro”. En fin, incluso aquellos más pioneros a la hora de utilizar el soporte electrónico para sus creaciones revelan ciertos reparos ante la posibilidad de renunciar absolutamente a ver sus obras en formato tradicional.

Tal vez todas las objeciones que se han puesto hasta aquí a las hiperficciones analizadas sean justificables por encontrarnos en una época de transición y experimentación. Encuentro, sin embargo, otros rasgos llamativos en este tipo de creaciones que quizás sean consecuencia sustancial e irremediable de las cualidades del mismo medio en el que nacen. Me refiero a cierto tono consciente de trivialización o vulgarización de la literatura, de la cultura en general, presente muy a menudo en las páginas web que albergan las hiperficciones. Muchos de los procedimientos que desarrollan las páginas de las hipernovelas para llevarlas a cabo recuerdan sin duda a los mecanismos de la cultura popular más baja y censurada por la elite culta. En primer lugar, la publicación de novelas en Internet va muchas veces asociada al tradicional y popular mecanismo de la “novela por entregas”, mecanismo que en otro tiempo albergó una novela de fórmula y entretenimiento consumida mayoritariamente por un público poco exigente. Pues bien, si el culebrón televisivo ha venido en nuestro mundo a sustituir a esa vieja fórmula de la novela por entregas, muchos de los creadores de hiperficciones no han mostrado ningún reparo a la hora de aprovechar los “hallazgos” de uno y otro medio y, adaptándolos al entorno digital, crear productos tan kitsch como sorprendentes. Daré un ejemplo: en la “cibernovela” Las alas del amor (de la página web Ciudad Futura), los personajes principales tienen rostro. Actores y modelos latinoamericanos han aceptado prestar su imagen para protagonizar los papeles del galán la dama y la malvada. Y, por supuesto, el navegante-ciudadano también puede dar sus opiniones por medio de la sección Chismes o el Foro, y participar en una encuesta semanal que mide la simpatía del público por los personajes. Los mecanismos son sin duda muy similares al de exitosos programas de la televisión. No en vano se ha dicho a propósito de esta “cirbenovela” que ha llegado a la red el concepto de “novela televisiva”31. En esta misma línea, podría citarse la cibernovela cubana Una casa para Ada (http://www.nnc.cubaweb.cu/cibernovela/novcuba.htm).

Aunque, por supuesto, no todas las creaciones de la red lleguen a estos extremos, lo cierto es que no es nada raro encontrarnos una propuesta de creación de novela colectiva acompañada de reclamos publicitarios realmente triviales. En el proyecto de La rebelión de los delfines, en la que por cierto participan varios escritores de reconocido prestigio en el panorama literario español, “los autores de los capítulos ganadores recibirán como premio un lote de libros”.

Quizás todos los juicios peyorativos expuestos hasta aquí respecto a este tipo de creaciones respondan nada más que a prejuicios culturales y a cierta resistencia personal a aceptar lo que para muchos es una nueva forma, mejor y más democrática, de entender la cultura. Pero antes que juzgar, lo que me proponía en este trabajo era valorar lo que de novedoso, desde el punto de vista creativo, pueda haber en estas obras.

De todo lo dicho hasta ahora referente a las relaciones evidentes que la teoría del hipertexto mantiene con teorías y creaciones literarias anteriores, podemos concluir que si algo tienen de novedoso las hiperficciones no es tanto la idea que subyace bajo el proyecto, sino la posibilidad, dada por la técnica, de materializar esa idea. Ahora bien, podríamos preguntarnos con Sven Birkerts, acérrimo detractor de la hiperficción: “¿Surgen las alternativas del hipertexto porque queremos salir de la prisión de la tradición (la linealidad, lo unívoco, el estilo individual) o consisten en un producto secundario de los logros técnicos de ese campo?32

Al leer algunas de estas ficciones he tenido la sensación de estar ante una encarnación demasiado literal de las teorías críticas actuales, casi podíamos decir que molesta y demasiado literal. El propio Landow hablando del hipertexto dijo hace años que este “representa una encarnación incómodamente literal de un principio que parecía especialmente abstracto y abstruso desde el punto de vista de la imprenta. Puesto que gran parte del atractivo y del encanto de estas ideas teóricas radica en su dificultad o tal vez en su preciosidad, esta presentación más literal promete trastornar a los teóricos”33. En otro sitio dice que la materialización de la teoría en el hipertexto se ha producido de una manera “excéntrica, inesperada y muy literal”34. ¿Es posible, entonces, que todo esto solo tuviera sentido como hipótesis teórica? El propio Italo Calvino, al hablar del proceso y los mecanismos que le llevaron a escribir su novela El castillo de los destinos cruzados, afirmó: “De golpe decidía renunciar, plantaba todo, me ocupaba de otra cosa: era absurdo seguir perdiendo el tiempo en una operación cuyas posibilidades implícitas ya había explorado y que sólo tenía sentido como hipótesis teórica”35. Termina el prólogo a esta novela confesando: “Mi interés teórico y expresivo por este tipo de experimento se ha agotado. Es hora (desde todo punto de vista) de pasar a otra cosa”.36

Es probable que esa vieja y aplaudida idea que asoma en las obras de Borges o Calvino, de Max Aub o el propio Gómez de la Serna, al materializarse, gracias a los recursos electrónicos, se haya empobrecido, y ello porque ha traído consigo no tanto un nuevo género como una novela de género, es decir, de fórmula.

A leer algunas de estas creaciones he tenido la sensación de estar ante algo así como “autores jugando a las vanguardias”. Es curioso comprobar la frecuencia con la que en estos proyectos de novela se hace intencionada referencia a autores como Borges, Cortázar…, como en un intento de legitimar el experimento y dotarle de altura y calidad literaria37. Se aprecia cierta ingenuidad en estos experimentos, cierta voluntad consciente y preconcebida de hacer algo nuevo, aferrándose a ese consenso trivial y generalizado según el cual no es posible hoy en día una creación moderna e innovadora sin la utilización de los recursos electrónicos.38

Como decía al empezar este trabajo, cierta parte de la crítica, aquella más desesperada por el encuentro de novedades, empieza a hablar de un nuevo género literario: la hiperficción. Tan sólo por el medio en el que aparece, esta lleva en sí impreso ese sello tan preciado de la modernidad, y sin embargo estamos ante uno de esos casos tan evidentes en los que la “vanguardia” se convierte en una fórmula cristaliza que no hace sino repetir un modelo valiéndose de convenciones y de reglas, poniéndose al alcance de cualquier, y perdiendo así su supuesta condición transgresora.

Por supuesto todas estas “críticas” no conllevan una recomendación de rechazo hacia este tipo de creaciones. Todo lo contrario, creo que estamos ante un mundo complejo, cambiante y sumamente interesante para el estudioso, también para el de literatura, pues además de ofrecernos productos literarios de desigual calidad ofrece fascinantes manifestaciones de los modos y maneras que la cultura tiene de funcionar en nuestros días.

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Teresa Gómez Trueba Extraído de: http://www.ucm.es/info/especulo/numero22/cre_red.html CopyLeft
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