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Sí se contempla una gráfica que compara la velocidad para viajar en distintas épocas de la humanidad veremos al inicio cual era esa velocidad 500 años antes de Cristo y luego la correspondiente a los sucesivos períodos, en ella se observará un muy leve aumento, casi insignificante, pero en los últimos cinco centímetros la línea empieza a crecer súbitamente. Cuando los transportes por caballos fueron superados por el tren a vapor, éste fue superado por los automóviles, éstos fueron a su vez superados por los aviones y éstos últimos por los cohetes. A su vez cada sistema de transporte mecánico fue superándose así mismo. El cambio rápido se acomoda muy bien al esquema de “más, sólo que mejor”. Algo mucho más potente está tomando lugar en materia de comunicaciones e informática, donde la información es transmitida cada vez más rápidamente y los datos son procesados en fracciones de tiempo cada vez menores.
Al compás de los cambios tecnológicos la vida se ha hecho más veloz para los individuos, quienes esperan también respuestas más rápidas. Viajes más rápidos, atención más rápida, servicios más rápidos, información más rápida, comunicación más rápida, todo más rápido. Ya nadie está dispuesto a esperar más tiempo de lo que considera aceptable.
Las empresas ultracompetitivas se han hecho eco de estas nuevas demandas adaptándose a las altas velocidades del cambio y de las demandas, generando procesos productivos más veloces, diseñando productos más rápidamente, entregando más rápidamente los pedidos efectuados por sus clientes. Ya el principal patrimonio no consiste en la cantidad de insumos y mercancías almacenadas, sino en la velocidad de respuesta a las necesidades y demandas de los clientes.
Es en este nuevo contexto donde la creatividad y la innovación toman una nueva forma y se convierten en bases fundamentales del cambio y de la competitividad de las empresas. En un mundo donde todo tiende a imitarse rápidamente, los creativos, generadores de innovación en materia de procesos, productos y servicios, serán los que saquen ventajas. Así, la suma de ventajas acumulativas es la nueva consigna en materia estratégica.
De éstas dos primeras secciones llegamos a la conclusión de que el tiempo vale cada día más, y por lo tanto debe ser aprovechado al máximo. De que forma? Generando la mayor cantidad de innovaciones en la menor cantidad de tiempo, de manera tal de alejarse de la competencia.
Un ejercicio interesante es pensar cuáles son, o pueden ser, nuestros productos diferentes. En definitiva ¿qué puedo vender que sea mejor que lo que ofrecen los demás? Por supuesto, esta pregunta es válida tanto a nivel individual como colectivo. Es decir, ¿qué producto puedo ofrecer yo?, ¿y mi empresa?, ¿y nuestro país?.
Estos productos diferentes son “de alto valor agregado y lo que agrega valor es el ingenio y el conocimiento”. Es decir, son innovaciones.
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