Pero nosotros no podemos vivir tranquilamente profesando y propagando el cristianismo, cuando vemos a nuestro alrededor hombres que sufren. Queremos servirles con actividad. Estamos prontos a dar nuestro trabajo y hasta nuestra vida para ello, dicen los hombres con una indignación más o menos sincera.
¿Pero, por qué sabéis que estáis llamados a servir a los hombres por ese medio, precisamente que os parece el más útil y el más eficaz?, respondería yo a esos contradictores. Lo que decís muestra únicamente que ya habeis decidido que no se puede servir a la humanidad por la vía cristiana y que se ha cesado de prestarle servicios fuera de la actividad polltica que os atrae.
Pero todos los hombres pollticos piensan lo mismo y entre ellos, todos se muestran hostiles, por más que no todos puedan tener razón. Esto estaría bien si cada cual pudiese servir a los hombres en la forma que fuese de su agrado, pero esto es imposible. No hay más que un solo medio de servir a los hombres y de mejorar su situación: es el de profesar la doctrina en donde se tienda por el trabajo del esplritu a la mejoración de sí mismo. Y la perfección del verdadero cristiano, que naturalmente vive de continuo entre los hombres y no se aleja de ellos, consiste en establecer las mejores y más cordiales relaciones entre él y los demás hombres. El establecimiento de semejantes relaciones entre los hombres no puede por menos que mejorar su situación general, aunque la forma de esta mejora permanezca desconocida para el hombre.
Verdad es que sirviendo con la actividad gubernamental, parlamentaria o revolucionaria, definimos de antemano los resultados que esperamos conseguir, y con ellos podemos aprovecharnos de todas las ventajas de la vida agradable, lujosa, y adquirir una situación brillante, el aplauso de los hombres y la gloria. Y si alguna vez ocurre que los que toman parte en semejante actividad sufren, entonces sus sufrimientos son de aquellos que ante la esperanza del éxito se soportan con facilidad. En la actividad militar aún son más probables los sufrimientos y la muerte, y sin embargo, sólo la eligen los hombres poco morales y egoístas.
Pero la actividad religiosa:
1° No muestra los resultados que espera,
2° exige se renuncie al éxito exterior, y no sólo no da una posición brillante y gloriosa; sino que coloca a los hombres en la situación más ínfima, sometiéndoles no sólo al desprecio y a la censura de los demás, sino a los sufrimientos y a la muerte.
Así es que en nuestra época de servicio militar obligatorio, la actividad religiosa, obliga a cada hombre (llamado para servir a la matanza) a soportar todos los castigos que los gobiernos imponen por negarse al servicio militar. Por esta causa es dificil la actividad religiosa, pero en cambio, solamente ella da al hombre la conciencia de la verdadera libertad, y la tranquilidad del que hace lo que debe.
Esta actividad es la única verdaderamente fertil y, excepto el fin supremo, espera pasando por los medios naturales y más sencillos, los resultados que los hombres públicos esperan conseguir por medios artificiales.
De manera que el medio de servir a los hombres no es más que uno: es decir, vivir por sí la vida honrada. Y este medio no sólo no es una quimera, como piensan aquéllos que es desventajoso para ellos, sino, que son quimeras todos los demás medios, por los cuales los caudillos de las masas las arrastran a la vida falsa, alejándolas de la única vida verdadera.